Quedarán en pie sólo los ladrillos del peronismo

Dentro de pocos días, el intendente Javier Bertoldi y sus aliados podrían sellar un nuevo pacto político que garantice no sólo la gobernabilidad, sino las armas para conservar el poder otros cuatro años más, y formar así un "pequeño imperio", luego de 25 años de sucesivos gobiernos del Movimiento Popular Neuquino.
Pero hay un problema y son las decisiones que tiene que tomar Bertoldi, tal vez en soledad, o con sus seguidores "de confianza" en quienes pone más una atención emocional, que consejos para un verdadero sostén racional dentro de la política local.

Si no define sus intenciones electorales para el 2011, con quién y de qué manera sostendrá su "proyecto político", el panorama se enrarece a medida que transcurre este año, en el que se pronostica más conflicto social y una bestial batalla por depurar los partidos.

El oficialismo tendrá que tomar una decisión que ya no puede eludir. Este proyecto nació con Bertoldi a la cabeza, por su imagen de ese empresario "nacido y criado" que venía a echar luz a una serie de gobiernos grotescos, dignos de un medioevo latinoamericano, condimentado de realismo mágico. Donde, además, las denuncias mediáticas de corrupción política y malversación de fondos nunca prosperaron en los juzgados.

Pero esa imagen fue sostenida electoralmente con los aportes de varios socios (el radicalismo y el Frente Grande) y que, hoy enfadados, reclaman parte de los dividendos y utilidades. Con los años, los beneficios se los apropió el peronismo y hoy la amenaza es que los socios retiren sus acciones y la titánica empresa bertoldista quiebre para siempre.

El jefe comunal ya no cuenta con el edil por el Frente Democrático por Centenario, Mario Acuña, por una pelea con más olor a negocios que a convicciones, por el voto "no positivo" al loteo Villa Angela.

El concejal se jacta y le profesa a cada vecino que atiende en su despacho, que fue el quien aportó 2.500 votos a los 7.400 que sacó la lista completa de Bertoldi cuando lo llevó a ganar en 2007. Sin embargo, ese número es falso, ya que por sí sólo, ninguno de los dos tiene semejante capital. Se puede hablar de pisos y techos, pero no de votos. Sólo son circunstancias en las que el electorado decide en función de la realidad que se toca vivir en el momento.

El problema es aún más complejo. En 2007, buena parte de la sociedad de Centenario le dio el respaldo al diputado radical Horacio Quiroga, tal vez deslumbrada con su gestión de gobierno en Neuquén. El centenariense es un neuquino frustrando, pues vive y respira por lo que ve en la capital.

En ese contexto, Quiroga buscó a Bertoldi y la fórmula fue letal para el MPN. Pero hoy el radical está muy lejos de Néstor Kirchner y el intendente de Centenario tomó un camino propio, confiando en que sólo su propia imagen despolitizada pueda convocar a los centenarienses para "otra oportunidad".

Desde Nación, hace tiempo que rompieron con la Unión Cívica Radical y buscan sólo gobierno peronistas, sin alianzas.

En ese marco, el secretario General de la Presidencia de la Nación, Oscar Parrilli, presiona a Bertoldi. No sólo para que deje el sello kirchnerista dentro del Partido Justicialista neuquino, sino para que no deje en pie un solo ladrillo que no sea peronista, para repetir a la historia.

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