Al-Qaeda entrenó en Yemen al terrorista capturado en Detroit

La organización había advertido sobre un ataque
WASHINGTON.- Otra vez la sombra de Al-Qaeda atemoriza a este país y siembra inquietud en millones de sufridos pasajeros aéreos: se confirmó que la mano de la misma red terrorista que voló las Torres Gemelas estuvo detrás del fallido atentado contra un avión de Northwest Airlines que de no haber sido por el coraje de sus pasajeros, posiblemente hubiese derivado en tragedia.

Por filtraciones en los medios de prensa norteamericanos se supo ayer que el joven terrorista nigeriano que se cosió el explosivo a la altura de la entrepierna había recibido en Yemen entrenamiento de Al-Qaeda, la misma organización que apenas cuatro días antes del fallido atentado había advertido que llevaría "una bomba a los enemigos de Dios".

La primera en proporcionar una pista fue la cadena de televisión ABC. "Toda la trama fue diseñada por militantes de Al-Qaeda", afirmaron sus periodistas, citando fuentes de la investigación del atentado.

Al rato, los detalles arreciaban y, junto con ellos, la paranoia y el miedo en los aeropuertos del país, donde las medidas de seguridad se multiplicaron hasta convertirse en una pesadilla para los pasajeros y el personal de las compañías aéreas, sorprendidos, todos, por nuevos e intempestivos procedimientos de seguridad.

Pero lo peor lo volvió a padecer la ciudad de Detroit, donde ayer, el mismo vuelo 253 que casi tiñe de luto el día de Navidad disparó una alerta roja ante la existencia de un pasajero "perturbado" a bordo, con supuestas actitudes amenazantes para el resto del pasaje.

El asunto finalmente no pasó a mayores. "Se trata de una persona enferma y no de un acto terrorista", informó el Departamento de Seguridad Interior a un país sensibilizado por la nueva y real amenaza.

Ahora se sabe que líderes de Al-Qaeda ayudaron a Umar Farouk Abdulmutallab, el joven nigeriano de 23 años, a adherir materiales explosivos a su cuerpo, con la intención de hacer estallar en el aire el vuelo 253 de Northwest, operado por Delta, que cubría la ruta entre Amsterdam y Detroit.

Al parecer, fue el propio Abdulmutallab el que confesó buena parte de la trama a las autoridades. Así se sabe que el frustrado atacante llevaba más de 80 gramos de un explosivo conocido como PETN (tetranitrato de pentaeritritol). Se trata de un compuesto relacionado con la nitroglicerina y que es utilizado por el ejército norteamericano.

De allí en más, empezó la cadena de la suerte. Por un lado, fuentes de la investigación deslizaron que, posiblemente, el explosivo que llevaba Abdulmutallab no estalló porque el detonador era demasiado pequeño o no estaba "debidamente conectado" con el material explosivo.

A eso se sumó luego la corajuda reacción de varios pasajeros, que, al ver las llamas sobre el cuerpo de Umar y comprender lo que estaba ocurriendo, ayudaron a detener al agresor.

Lo curioso del caso es que, a pesar de que figuraba en la lista de "vigilancia terrorista" por supuestas actividades ilegales, el joven nigeriano contaba con todos los requisitos legales para trasladarse y residir en Estados Unidos. En junio pasado, el Departamento de Estado le concedió una visa, que usó por primera vez en agosto, cuando estuvo en el país durante 11 días, y que no caduca hasta junio del año próximo.

La noticia fue un trago amargo para Barack Obama, quien, sin embargo, no alteró sus vacaciones en Hawai. "El presidente está siendo informado con rigor sobre lo ocurrido y ha pedido que se investiguen las posibles fallas en el sistema de seguridad", dijo su vocero, Robert Gibbs.

Las conexiones podrían ser aún más delicadas. Al parecer, el propio Abdulmutallab confesó haberse puesto en contacto vía Internet con un imán radical de Yemen que luego lo conectó con líderes de Al-Qaeda en un pueblo al norte de Saná, la capital del país.

Lo que anoche aún se investigaba era la posibilidad de que se tratase del mismo imán que estuvo en contacto con el comandante Nidal Malik Hasan, presunto autor de la matanza el mes pasado en la base militar de Fort Hood, en Texas.

Se trata del clérigo Anwar Awlaki, un predicador radical nacido en Estados Unidos y residente en Yemen desde 2002, considerado por varias agencias de seguridad un gran reclutador de Al-Qaeda.

El joven terrorista sí reconoció haber vivido con líderes de la organización terrorista en Yemen durante un mes, período en el cual fue entrenado por los dirigentes de la red. Y, poco después, recibió la visita de un ciudadano de origen saudita, experto en bombas, que le proveyó del artefacto explosivo con el que pretendió volar el Airbus con sus 278 pasajeros a bordo.

El explosivo estaba compuesto por un paquete de unos 15 centímetros y una jeringa con un líquido. Todo eso iba cosido a la ropa interior, a la altura de los testículos, de modo de dificultar la detección por los escáneres de seguridad.

Falla de seguridad

Parte de la investigación se centraba ayer en determinar la forma en que el perfil de Abdulmutallab se les había escapado a las autoridades locales cuando, incluso, fue denunciado por su propio padre, temeroso de que su hijo hubiese sido captado por el islamismo radical.

En efecto, Umar es hijo del rico banquero nigeriano Umaru Abdulmutallab (hasta hace poco presidente de una de las grandes instituciones financieras del país), que había advertido a las autoridades de la progresiva radicalización del pensamiento de su hijo (ver aparte). De hecho, su propio padre avisó a la embajada norteamericana en Abuja que su hijo se había radicalizado y había roto todo el contacto con su familia.

La investigación se extendió a Londres, que le había negado recientemente la renovación de la visa al joven nigeriano.

Pero nada de eso sirvió para disparar una alerta efectiva. La misma situación se vivió meses atrás con el oficial médico del ejército norteamericano Malik Hasan, de quien hubo advertencias por su discurso radical y hostil hacia Estados Unidos, que no salieron a la luz hasta hace un par de meses, cuando mató a 13 personas en el cuartel militar de Fort Hood.

Ayer, Obama ordenó revisar los procedimientos de seguridad para identificar a potenciales terroristas, es decir, las listas de vigilancia.

Abdulmutallab aparecía en una base de datos del Centro Nacional contra el Terrorismo de Estados Unidos, que contiene unos 550.000 nombres de personas con vínculos presuntos o confirmados con organizaciones terroristas. Estar en la lista no impide volar a Estados Unidos.

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