Putin condenó el pacto de Hitler y Stalin que abrió la invasión a Polonia

Fue en 1939 y dejó al país a merced de nazis y soviéticos. El premier ruso, hoy en Varsovia.
Sólo un torpe podría discutir la muñeca política de Vladimir Putin, ex presidente y hoy primer ministro de Rusia. Ayer, cuando el clima de tensión entre polacos y rusos iba en ascenso camino a los actos que hoy tendrán lugar aquí por los 70 años del inicio de la Segunda Guerra mundial, Putin buscó descomprimir una temporada tensa en materia de atribución de culpas. Así, mientras el líder ruso se tomaba el avión para llegar a esta ciudad, el diario más importante de Polonia, Gazeta Wyborcza, publicaba un texto suyo en donde por primera vez, de manera explícita, condena el pacto de no agresión entre los gobiernos de Hitler y Stalin de agosto del 39 por "inmoral" y llama a "dar vuelta la página y escribir una nueva". En un hombre como Putin, es una concesión importante.

Los diarios polacos no hablan de otra cosa. Hoy se cumplen 7 décadas del inicio de la guerra más cruel en la historia de la humanidad y que dejó -entre 1939 y 1945- unos 60 millones de muertos esparcidos por tres continentes. El acto más simbólico será a las 4.45 de la madrugada, la hora en que el 1° de septiembre de 1939 el buque nazi Scheswig-Holstein atacó la península de Westerplatte, donde Polonia tenía asentada una guarnición militar.

La península estaba separada apenas por un canal de Danzig, alguna vez ciudad alemana, por entonces ciudad libre y hoy polaca, con el nombre de Gdansk. La invasión alemana llegó días después del pacto Ribentropp-Molotov, llamado así por el nombre de los cancilleres alemán y ruso, que se repartieron en secreto el Este europeo como en una suerte de edición obscena del juego de TEG.

Los alemanes atacaron rápidamente por tierra y luego por aire. Había 182 militares polacos en el sitio. Lo que los nazis intuyeron un paseo militar, ya que contaban con unos 3.000 efectivos, fue un combate feroz que duró una semana.

Se sabe, perdieron los polacos, y perdieron doble porque el 17 de septiembre, eran invadidos desde el Este por los soviéticos, que se quedaron hasta 1989.

El clima político se había enrarecido la semana pasada, cuando la TV rusa divulgó un documental que exponía la teoría de que Stalin ordenó la invasión de Polonia para defenderse de un pacto que años antes habían sellado polacos y nazis y que entrañaba el riesgo de una invasión a la URSS. Rusia viene reaccionando a lo que llama el "revisionismo" y que por estos tiempos es un clásico: la comparación entre el nazismo y el comunismo, algo difícil de digerir para quienes fueron educados con la idea de que su país salvó al mundo.

En su carta a los polacos, Putin dice que la URSS se vio obligada a invadir porque Gran Bretaña y Francia no cumplieron con su promesa de apoyar a Polonia. Dice, también, que es tiempo de "dar vuelta la página y escribir una nueva". Y algo más, clave para la herida alma polaca, ya que dedica un párrafo a la "tristeza" por la masacre de Katyn de 1940, donde los soviéticos asesinaron a 22.000 militares e intelectuales polacos, una matanza que siempre le achacaron a los nazis y que recién hace unos 20 años comenzaron a reconocer sin demasiado entusiasmo. Claro que Putin es de los que no da puntada sin hilo, entonces habla de la tristeza porque su pueblo la conoce bien y entonces compara Katyn con el dolor que a los rusos les provocó el padecimiento y la muerte que sufrieron sus soldados luego de ser tomados prisioneros durante la guerra del ruso-polaca de 1921.

"Los alemanes vinieron, mataron, destruyeron todo, pero en seis años se fueron. Los rusos llegaron al mismo tiempo, pero se quedaron 50 años". Lo que parece una simplificación didáctica de la historia es en realidad el modo en que Aneta, una guía de turismo de Cracovia, bajita y redonda, explica lo que cualquiera siente enseguida al llegar a Polonia y es que el resentimiento de los polacos hacia los rusos es infinitamente mayor que hacia los nazis.

Aneta tiene más de 50 y lleva el cabello en un tono ámbar, la piedra color miel típica de este país. "Somos, sobre todo, un pueblo orgulloso", dice endulzada por sus propias palabras.

A Wasterplatte, donde hoy habrá actos todo el día, se llega por barco. Son unos 45 minutos saliendo del puerto de Gdansk, en el Báltico. El lugar es hoy un espacio casi vacío, dispuesto para el recuerdo aunque cruzado por ese espíritu de parque temático que impregna los sitios vinculados a los grandes momentos históricos.

Hay un monumento principal y otros secundarios. Hay ruinas que fueron deliberadamente dejadas allí donde las construcciones se volvieron escombros por las bombas.

Tal vez 70 años se conviertan en un buen momento para mirar hacia adelante y reconocer culpas y responsabilidades de lo que fue esa guerra. Y, sobre todo, para abandonar la pelea estéril de los protagonistas, que aún siguen disputando el patrimonio del sufrimiento en el pasado.

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