Puso la otra mejilla

Cómo en Moscú 2006, a José Acasuso le tocó jugar y perder el punto decisivo de la final

MAR DEL PLATA.- Seguramente, lo último que quisiera un tenista es estar en la piel de José Acasuso, el hombre que perdió el cuarto y definitivo punto. Aunque las razones de la caída habrá que empezar a buscarlas mucho antes de ese encuentro, fue allí donde se escapó el último viento de esperanza.

No es fácil el momento para Chucho, el hombre al que le tocó quizás una de las peores partes en la historia argentina en la Davis. En las dos últimas finales perdidas, Rusia 2006 y esta de Mar del Plata, fue Acasuso el que jugó el punto que determinó la caída. El dolor que se puede sentir por un revés de ese tamaño es inconmensurable. En Moscú fue ante Marat Safin; ayer, ante Fernando Verdasco por 6-3, 6-7 (3-7), 4-6, 6-3 y 6-1.

Este Acasuso no alcanzó. Y él probablemente sabía que corría de atrás en este capítulo. Su actualidad no era para nada la mejor para afrontar un match de esta medida. Tampoco es que había demasiado más allá de él, dentro o fuera del equipo. Ahí empezó Acasuso a perder un partido que incluso pudo ganar porque así es la Copa Davis: imprevisible. Fernando Verdasco le ganó porque fue un poquito más que el misionero, eso es todo. La diferencia fue que la Argentina llegó a esa instancia sin red. Y el que terminó poniendo la cara fue Chucho, para recibir un golpe gigante que naturalmente también afectó a todo el equipo y al capitán, Alberto Mancini.

Acasuso perdió un partido malo de principio a fin. Un encuentro en el que el caudal emotivo fue inversamente proporcional a la altura técnica. Fue un cotejo tenso, en el que hubo nervios de ambos tenistas, dudas, miedos. Había mucho en juego y nadie quería irse con las manos vacías. Para la Argentina era de vida o muerte. Y para España era no exponerse a un quinto punto en el que David Nalbandian aparecía como un as difícil de eludir para Feliciano López, aun con su positiva actuación en esta serie.

Como decíamos, la copa tiene cosas inimaginables. Por eso la historia empezó un set abajo y un rato después estaba a pedir de Chucho, 2-1. En esto, mucho tuvo mucho que ver el público, otro de los protagonistas del fin de semana, que no pudo evadirse de los vaivenes que parecieron invadir a todo lo que tuviera que ver con la Argentina. El primer día, aliento ejemplar; segunda jornada, excesos; ayer, sostuvieron a un Acasuso que por momentos parecía arrastrar el alma por la cancha. Se veía que hacía lo que podía, pero eso no alcanzaba. La fuerza de la gente, tantas veces reclamada, se metió dentro del misionero para llevarlo hacia delante y para sentir un orgullo que terminó por impulsarlo.

Este año, el argentino ganó dos partidos a 5 sets, en Roland Garros y en el US Open, y perdió cinco veces. Sólo en Australia jugó cinco sets. Hasta ayer. Esa falta de ritmo, la tensión acumulada en los últimos tiempos, más los nervios propios del partido fueron un cóctel indigerible. Sufrió una contractura abdominal y calambres en una pierna antes y durante el 5° set. Y cayó, ya casi sin fuerzas. "Tengo una tristeza muy grande. Físicamente estaba bien, pero se juntaron algunas cosas, muchos nervios y me contracturé, pero no perdí por eso", dijo Acasuso, con hidalguía.

Maximiliano Boso

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