Pura sangre

Pura sangre
Arrancó nervioso, quedó set y quiebre abajo, pero se recuperó con dos derechazos que lo revitalizaron. Fue mejor en las situaciones límite y le pegó como nunca.
Quedarán los dos drives paralelos seguidos en el inventario de los golpes históricos del tenis argentino, con la Gran Willy de Vilas, los reveses a una mano de Gaby y Gaudio? Lo afirmamos: claro que sí.

La final del US Open 09 dio un vuelco a partir del 6-3 y 5-4 para el suizo con su saque, y derivó en una montaña rusa de tensión, quiebres, contraquiebres, Ojos de Halcón, quejas al árbitro, uñas comidas, hasta finalizar con un Del Potro liberado, pleno de confianza, que obligó al N° 1 a correr por todos lados y tirar el último revés largo tras 4h06 de combate.

No hubo fórmulas mágicas: Del Potro es el jugador que más fuerte le pega a la pelota desde el fondo de la cancha. Las únicas barreras que lo separaban de la victoria eran las que impone la mente, a saber: estar tan cerca del sueño de la infancia; el rival, el mejor de la década, que no perdía en el US Open desde el 2003; el hecho de que para uno era su primera final de Grand Slam y el otro ya había jugado 20 (16 ganadas); el historial que estaba 6-0 para el suizo... Demasiados ingredientes para soportar en un flaco de 20 años, que recién hace uno se destapó como posible jugador top ten. Roger, para colmo, tiene la costumbre de castigar a los finalistas primerizos de Grand Slam (Murray, Baghdatis, Feña González son ejemplos)

El comienzo del partido no contribuyó en nada a tranquilizar a Juan Martín. Roger quebró con un puntazo (Delpo se quedó murmurando: "La c... de su madre" al sufrir el passing shot de drive) y el primer set se fue muy rápido. Ya en el segundo se advertía un cambio, Delpo quería desatarse, pero no podía concretar en el marcador. Federer había logrado otro quiebre tempranero y había que remarla desde atrás. La "boba", ese slice de revés que hace Roger que no es ni drop ni pelota al fondo, funcionaba con garantía: Delpo no sabía si pegarle fuerte, si ir a la red o no, y terminaba desacomodado. Roger se estacionaba sobre su revés y comandaba. En la red, no había forma de pasarlo, hasta que...

Hasta que entraron los dos drives seguidos de passing-shot, el primero con Ojo de Halcón pedido por el tandilense, el segundo con una comba tremenda, a lo Nadal. El público empezaba a acompañar y sentía que habría final larga. Delpo había subido una marcha, castigaba con el drive cruzado y sentía toda la confianza al arriesgar. Delpo no sólo es el que le pega más fuerte: une, como nadie, potencia y precisión. Cuando domine la red, será difícil pararlo.

El tercer set parecía sentenciar a Delpo. Había sacado 4-3 y lo perdió con dos doble faltas. La presión lo había dominado y su lenguaje corporal no era el mejor en el inicio del cuarto. Sin embargo, mantuvo la actitud positiva ante los cachetazos.

El milagro ocurrió: Del Potro, el primerizo, pudo ganarle dos veces una situación límite (tie-breaks) a un monstruo como Federer, localazo en Flushing. Si al principio empujaba la pelota, Delpo la ponía justo antes de la línea de fondo, cruzaba los tiros, exigía como nunca. Roger sufrió el golpe, perdió su saque al inicio del quinto y en la noche neoyorquina, 14 de septiembre, hubo un inédito cambio de guardia

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