Los puntos oscuros

Ultimo contacto. La última comunicación de los pilotos fue con el control aéreo brasileño tres horas después de despegar. Luego sobrevino el silencio. Qué pasó después es uno de los puntos más enigmáticos porque en los vuelos transoceánicos los aviones no disponen de cobertura de radar en medio del Atlántico.
Por lo tanto deben comunicarse con tierra por radio periódicamente y facilitar sus coordenadas a los puestos de control y a qué llegarán al siguiente punto. En total, en la ruta Río-París hay 12 centros de control. El último en recibir un despacho fue el de Recife, cuando el comandante del vuelo informó que ingresaría en el espacio aéreo de Senegal una hora más tarde.

Turbulencias. En su último mensaje, los pilotos informan la existencia de turbulencias. ¿Pero de qué tipo? Las imágenes satelitales muestran en la ruta del avión apenas unas nubes aisladas. Otros aviones habían surcado la zona sin problemas. Air France insistió ayer en que "la aeronave enfrentó turbulencias significativas " pero descartó una relación entre las condiciones meteorológicas y las señales de problemas técnicos enviado por el avión.

La hipótesis del rayo. Fue la primera posiblidad que se barajó como causa del accidente. Pero resulta muy improbable. Estos aviones están preparados para recibir y soportar el impacto de un rayo.

Señales automáticas. La última señal emitida por el Airbus fue, según el presidente de Air France Pierre-Henri Gourgeon, "una sucesión de mensajes técnicos" enviados automáticamente por el avión al centro de mantenimiento de la aerolínea, lo que hace suponer que varios dispositivos del avión colapsaron al mismo tiempo. Pero estos avisos nunca fueron acompañados por un alerta humana.

Estallido. El hecho de que se hayan encontrado tantos pedazos del avión esparcidos en un radio considerable de océano da a entender que el avión no se estrelló en el mar sino que estalló en el aire, esparciendo sus restos en el Atlántico.

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