A punto de hervir

Por Manuel Alvarado Ledesma

Como la rana en la olla, a medida que el agua va tomando mayor temperatura, más cerca está el final. Y no lo advertimos, o no lo quere-mos ver

Es más fácil negar que tomar determinaciones. Este es el pecado del sector agropecuario. Pecado que se pone de manifiesto a lo largo de la historia del país en las últimas décadas. El campo no ha logrado aún poner sobre la mesa un plan estratégico donde queden alineados los intereses agropecuarios con los de la sociedad en su conjunto.

Cuando comenzaron con la maratón de aumentos en las alícuotas de los derechos de exportación, pocos se atrevieron a gritar su protesta.

Cristina Fernández ganó, y lo hizo no sólo por el electorado urbano: logró imponerse también por el apoyo del agro, por la actitud del interior.

Pero hay que decirlo con claridad: el apoyo del agro tuvo una fuerte connotación oportunista. En lugar de centrar el análisis en el país estratégico, el sector se dejó tentar por lo que estimaba que sería más favorable para los productores entre las posibilidades existentes.

Y así nos fue. Es cierto: aprendimos algo, como bien quedó de manifiesto en las protestas de este año, cuyo resultado quedó a la vista con el voto "no positivo". Ahora sabemos que no es tan fácil pisarle el poncho al agro.

Sin embargo, gran parte de los productores persisten en una posición oportunista y no ven el bosque. Así, se insiste en la segmentación de las alícuotas, en lugar de rechazar de plano un impuesto con fuerte sesgo anticonstitucional.

Está a la vista: el oportunismo como herramienta de supervivencia no deja lugar a la posición fundamentada en los principios que consagraron a la Nación. No permite que se adopte una forma de ser en lugar de una forma de estar.

Todo ataque al derecho de propiedad es una herida al sistema económico. Un premio Nobel de economía, Douglas C. North, pone las piezas en su lugar cuando expresa: "El crecimiento ocurrirá si los derechos de propiedad hacen que sea provechoso emprender".

Si no levantamos vuelo, si no actuamos sobre la base de una visión estratégica, si no entendemos que hay que dejar pasar oportunidades para permitir que se cumplan los objetivos de la comunidad y, dentro de éstos, las metas del agro, sobre la base del respeto a las instituciones y del cuidado del medio, no vamos a salir del atolladero.

El eslabón agropecuario puede manifestarse en términos de intereses sectoriales alineados con los generales, pero para ello debe saber qué quiere. Y, hoy por hoy, no parece que lo supiera.

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