El puntero versus la ilusión

Es un clásico grande en el que habrá que ver cuánto pesa el estado en que quedó la Bombonera.

Por: Daniel Avellaneda

El clásico en el anochecer del domingo tiene condimentos inigualables. Es que a esta altura del campeonato, Boca se encuentra ante una posibilidad única: ganar para estirar su ventaja y así llegar a las últimas dos fechas en una posición inmejorable. Entonces, ya no tendrá que preocuparse tanto por la suerte de San Lorenzo o Tigre. El equipo azul y oro depende de sí mismo para dar la postergada vuelta olímpica local. No será fácil, claro. Porque se viene Racing, que a pesar del empate de la semana pasada ante Gimnasia y la anterior derrota con Colón, está mostrando un nivel superior al de las primeras jornadas. Además, para los jugadores vestidos de celeste y blanco siempre es especial enfrentar a uno de los rivales de siempre.

Habrá que tener en cuenta el campo de juego. Porque ayer a la tarde, el duelo entre Huracán y San Lorenzo fue suspendido por la intensa lluvia que cayó sobre la Bombonera. El agua puede hacerlo pesado, más allá del drenaje. Habrá que verificarlo cuando Pablo Lunati marque el arranque, a partir de las 19.40

Lo cierto es que Boca llega con una motivación muy especial para este encuentro. Con Sebastián Battaglia y Juan Román Riquelme al límite en el físico y en las amarillas (ambos tienen cuatro). El "5", de hecho, no pudo entrenarse con normalidad en toda la semana. Igualmente, será titular. También Julio César Cáceres y Fabián Vargas. El paraguayo se recuperó de un desgarro y el colombiano, de una distensión en el ligamento interno de la rodilla izquierda. Hasta Claudio Morel Rodríguez podrá jugar, ya que la contractura en el aductor derecho que sufrió ante San Martín, en Tucumán, no reviste gravedad. El único cambio, entonces, será el ingreso de Cáceres por Facundo Roncaglia.

Racing buscará dar el golpe, imponer su condición de grande en un estadio donde marcó hitos que ni se borran ni se borrarán de la memoria de su gente: el 1-0 del 95 con un gol de Galarza; el 6-4 del 96 con el Piojo López, Capria y compañía; el 4-3 del 2002, la mañana del gol festejadísimo de Mariano González. Con Pablo Migliore en el arco, Maximiliano Moralez en un gran momento y la necesidad, según planteó Juan Manuel Llop, de "jugar el partido perfecto".

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