De puño y letra: Ahora, la campaña para todos.

La UCR definió ayer a sus candidatos. En el Gobierno ya saben que su principal oposición será Mario Cimadevilla, pero marchan tranquilos. Los que dirimen ahora las principales candidaturas son Marcelo Guinle (Frente por la Integración), Mario Cimadevilla (UCR), Roque González (Pach), Irma García (ARI) y Ricardo Astete (Frente Popular). La elección de ayer de la UCR le dejó tareas importantes a Cimadevilla.
Mario Cimadevilla ganó el domingo la elección interna del radicalismo y se cargó al hombro dos tareas enormes. Confrontar el 28 de junio con el poderoso esquema electoral del gobernador Das Neves y obtener un resultado que posicione al radicalismo, otra vez, como una fuerza importante de la política provincial. Ese es el primero de esos trabajos.

El segundo desafío tampoco es menor y casi aparece como un requisito indispensable para el primero.

Se trata de la reconstrucción de la Unión Cívica Radical en Chubut, en homenaje a los centenares de simpatizantes que fueron por su propia voluntad a participar del comicio, demostrando con claridad que todavía aspiran a ser parte de una organización política que represente y defienda con inteligencia y dignidad sus ideas.

En Comodoro Rivadavia, donde ganó con claridad el intendente de Rada Tilly, Pedro Peralta; y en Trelew y el Valle, donde venció ampliamente Cimadevilla, esos hombres y mujeres anónimos, algunos militantes con décadas de historia, son la muestra evidente de que, a pesar de las catástrofes electorales de los últimos años y de las peleas feroces de la dirigencia, la base de votantes de la UCR está viva y podría activarse, si las conducciones les dan el espacio que necesitan para expresarse.

El domingo fue la hora de la urna...

... y del voto, pero lo importante para el radicalismo comienza hoy lunes y pondrá a prueba la capacidad de los dirigentes. Habrá que saber si la victoria o la derrota, ambas elementales circunstanciales en la democracia, generan la amplitud de criterios que necesita la reconstrucción de un partido desgastado hasta ahora por sus conflictos internos.

Si la confrontación electoral es sólo un nuevo capítulo de diferencias personalizadas e irreconciliables, nadie habrá ganado nada y los radicales habrán perdido una oportunidad que podía ser provechosa.

Si, en cambio, hay una convocatoria generosa de los que ganaron y una respuesta libre de resentimientos de los que perdieron, esta elección puede ser un punto de partida para que la UCR retome el lugar que ha perdido: el de representar una porción del electorado que no coincide con las propuestas del oficialismo.

En el detalle del voto radical...

... hay también algunos aspectos llamativos, como la cantidad de sufragios que obtuvo Cimadevilla en Comodoro Rivadavia y la ratificación del peso de su aparato interno en las localidades pequeñas de Chubut.

El dato más positivo, sin embargo, consiste en la ausencia de acusaciones cruzadas entre los participantes, un fantasma que había sobrevolado durante todo el proceso, como recuerdo de pasadas experiencias, especialmente aquel tan estigmatizado, de la urna 303.

Esa ausencia debería servir como piso para intentar en la práctica lo que Cimadevilla expresó más de una vez en su discurso, es decir la consolidación de «una nueva convivencia» entre los dirigentes radicales, donde el adversario circunstancial vuelva a ser solamente eso y no un enemigo irreconciliable.

Si es la hora de la reconstrucción la que llega, más temprano que tarde el sistema de partidos habrá recuperado en Chubut una pieza fundamental, que equilibre el funcionamiento institucional y les otorgue a los ciudadanos una alternativa electoral con fundamentos y solidez suficiente.

Por eso, el doble desafío de los ganadores no es sencillo, porque deberán integrar a todos, para construir entre todos lo que no debieron haber perdido: un radicalismo competitivo electoralmente y una organización política anclada en los intereses superiores de la gente.

La inseguridad divide a jueces y funcionarios

Las divisiones para enfrentar uno de los mayores problemas que enfrenta la sociedad, no parece ser un remedio eficaz para curar esos males.

La inseguridad pública, que de eso se trata el problema, es una larga deuda de la política argentina, que no consigue encontrarle la vuelta al diagnóstico, ni se pone de acuerdo acerca de cuál sería el mejor método para combatir la delincuencia.

En Chubut, la inseguridad ciudadana es una de las cuestiones centrales en cualquier conversación que se extienda algunos minutos, en cualquier lugar de la extensa geografía provincial.

Que si los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra, que si hay que encarcelar a los menores que delinquen, que los jueces no trabajan, que los fiscales no actúan, que la policía llega tarde, las razones -o las excusas- sobran. Lo que faltan, son las soluciones.

En la semana que pasó, hubo un nuevo y agravado capítulo del enfrentamiento que protagonizan, desde hace años ya, el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, que se cargó de palabras de uno y otro lado, aunque con el silencio de algunos, como el Superior Tribunal de Justicia.

Los jueces aseguran que aplican las leyes que existen y que -como es lógico-, no pueden apartarse de ellas sin incurrir en el mal ejercicio de sus funciones o el desconocimiento inexcusable del Derecho.

Para el Gobierno, la cosa es más sencilla. Los jueces «no trabajan» y además «no están comprometidos» con la angustia de los ciudadanos.

Son argumentos que pueden esgrimirse desde la tribuna de la opinión pública, pero seguramente son insuficientes para el ciudadano que se siente en riesgo, mientras las autoridades que deben protegerlo se pelean.

Para aportar algunos datos concretos, habría que decir que el actual Código de Procedimientos se sancionó y se reformó durante el actual Gobierno. También se amplió el Superior Tribunal y se creó una Sala Penal, para atender específicamente el problema.

El paso del tiempo nos muestra lo que hay ahora; más polémica, más discusiones, más robos y más asaltos, sin que nadie acierte a definir qué es lo que está faltando en las políticas del Estado.

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