La pulseada Kirchner-De Narváez tensiona la elección bonaerense.

El populoso conurbano será el que defina de qué lado se inclina la balanza, frente a dos candidatos que provienen del peronismo. Stolbizer, del Acuerdo Cívico, intenta quebrar la polarización entre ambos.
La provincia de Buenos Aires es sinónimo de alegrías para Néstor Kirchner. En 1974, en la Universidad Nacional de La Plata, conoció a la mujer de su vida, Cristina Fernández, y los dos iniciaron allí su militancia en la Juventud Peronista. Mucho después, en 2003, los votos del poderoso aparato bonaerense fueron decisivos para que Kirchner llegara a la Presidencia. En 2005 decidió librar en ese territorio la batalla con el duhaldismo y en 2007 cimentó allí el triunfo presidencial de Cristina. A nadie debería sorprenderle entonces que Kirchner haya vuelto a elegir la provincia de Buenos Aires para otra apuesta fuerte en la que estará en juego nada menos que su poder político.

Después de decidir el adelantamiento de las elecciones, Kirchner concentró todas sus energías en la Provincia y casi se desentendió de lo que podría ocurrir con el oficialismo en los otros distritos grandes. Junto al cambio de fecha electoral, la candidatura bonaerense del ex presidente -"pingüino" por nacimiento y por definición propia- y las postulaciones "testimoniales" del gobernador Daniel Scioli y medio centenar de intendentes fueron la dosis de polémica que marcó el inicio de la campaña en la Provincia. Un campaña que, por el volumen territorial y el peso de sus protagonistas, eclipsó lo que sucedía en el resto del país.

Al presentar la elección de mitad de término como un plebiscito a la gestión del Gobierno, sólo se le agregó más dramatismo. Tanto, que algunos integrantes del propio oficialismo menearon ideas temerarias sobre lo que pasaría ante un escenario de derrota.

Por convicción o necesidad, Kirchner jugó a todo o nada, aunque nunca parece haberse detenido seriamente a pensar qué podría suceder si fuera nada. ¿Qué ocurriría ante una derrota? ¿Cómo haría para mantener el control del peronismo? ¿Cuánto daño terminaría haciéndole al gobierno de su esposa? ¿Cómo sería el tránsito hacia el 2011? Todas esas preguntas sin respuesta fueron volviéndose más incómodas a medida que el resultado fue presentándose cada vez más incierto.

En el comienzo de la campaña, el oficialismo supuso -y pretendió- que Francisco De Narváez y Margarita Stolbizer se repartirían por partes más o menos iguales los votos opositores en la Provincia. El resurgir del radicalismo que se observó inmediatamente después de la muerte de Raúl Alfonsín contribuyó a alimentar esa teoría.

Pero los errores del propio oficialismo -sobre todo los que terminaron victimizando a De Narváez en la causa de la efedrina- echaron por tierra ese supuesto de la elección dividida en tercios deseada por Kirchner y desembocaron en la polarización tan temida por el ex presidente.

En la vereda de enfrente ya no está Eduardo Duhalde, o por lo menos no de modo visible. El rival de Kirchner es un empresario que, pese al dinero desembolsado en publicidad, un par de meses atrás ni soñaba con un final peleado voto a voto. Se conformaba con mucho menos y quedó demasiado cerca de poder ocasionarle el primer disgusto a Kirchner en tierra bonaerense. De Narváez, que podría ganar aún perdiendo es, probablemente más que nunca, la antítesis de Kirchner, que podría perder aún ganando. Ni hablar de un resultado viciado por denuncias de fraude.

De Narváez asegura que sólo aspira a gobernar la Provincia en 2011 y que, sea cual sea el resultado esta noche, no intentará ir por la Presidencia. Cerca de Mauricio Macri -socio porteño y probable postulante a la Casa Rosada dentro de dos años- dudan. El jefe de gobierno espera que un triunfo de Gabriela Michetti en la Ciudad le sirva de trampolín, pero también buscará capitalizar la descontada buena elección de su aliado bonaerense.

El futuro de Scioli es otra de las dudas que seguirá abierta tras la elección. Por voluntad personal o presión externa, ¿asumirá su banca de diputado? ¿Iniciará un lento despegue de los Kirchner pensando en 2011? El déficit fiscal de la Provincia, estimado entre 5 y 8 mil millones de pesos, no le daría mucho margen para la autonomía. Entre otras cosas, hoy se definirá también cómo quedará conformada la Legislatura bonaerense para los próximos dos años. Y quedará en evidencia hasta dónde llegó la lealtad de los intendentes. Pero, está claro, el resultado tendrá consecuencias mucho más allá de los límites de la Provincia.

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