Una pulseada ganada y un futuro incierto en la película del dólar

Por: Daniel Fernández Canedo

El Banco Central puso 1.000 millones de dólares sobre la mesa en el intento de dejar en claro que la suba de los últimos días podría haber llegado a su fin.

'Le ganó la pulseada a un mercado que, a partir de la semana pasada, cuadruplicó el monto de compra de divisas respecto de las anteriores?

Nadie lo sabe. El partido se sigue jugando a pesar de la demostración de fuerza de ayer.

La estrategia oficial demostró que $ 3,39 por dólar es el máximo nivel que le resulta tolerable pero, también, que llegó el tiempo de frenar el drenaje de reservas que soporta el Central.

Sin embargo, como en toda situación de tensión cambiaria, el partido no lo puede jugar sólo la autoridad monetaria por más reservas de divisas que tenga.

En el Gobierno hay dos números que siguen con atención y que, a diferencia de lo que esperaban, les están jugando en contra.

Uno de ellos es el valor del dólar en Brasil. Si el vecino devalúa, la Argentina enfrenta un fantasma que la agobia y la amenaza con la entrada de un aluvión de productos industriales.

Así, la relación dólar-real es uno de los números que en Economía siguen con atención.

Un problema es que el Gobierno hizo proyecciones con un dólar cerca de 2 reales y, en la actualidad, la cotización está mucho más próxima a los 2,40 reales.

La otra mala pasada se la juega el precio de la soja en el mercado internacional.

En Economía creían que después de caer de los 590 dólares de mayo, la tonelada de soja se quedaría en 400 dólares.

Sin embargo el precio del grano se aproxima más a los 300 que a los 400 dólares (ayer subió y cerró en 344 dólares).

Una vez más, el optimismo parece complicar los pronósticos oficiales.

Es objetivo: la soja cuesta menos. Esto quiere decir que también entrarían menos dólares de los previstos. Pero, además, los que entren no irán a las reservas del Banco Central.

La perspectiva oficial de ganar divisas y tenerlas en el Central se desdibuja a partir de las proyecciones de la crisis financiera global.

Pero también por una realidad concreta: hace meses están entrando dólares de las exportaciones y el Estado no puede capturarlos.

Lejos quedaron los tiempos de la soja cara, que le permitía al Gobierno delinear escenarios de crecimiento ininterrumpido y solidez fiscal.

El economista Ricardo Arriazu estima en US$ 4.000 millones el golpe en términos de una menor recaudación del Estado por el shock externo.

Hoy el escenario cambió sensiblemente y la Casa Rosada encaró un camino complejo para reemplazar la "soja-dependencia" en materia fiscal.

Si bien una fotografía de la reforma jubilatoria que lanzó el Gobierno permitiría inferir que las cuentas del Tesoro saldrían fortificadas, todavía la película se está filmando.

En caso de aprobarse, todos los aportes que hoy van a la jubilación privada pasarían al Estado.

Así, en 2009 las cuentas públicas se verían fortificadas en 15.000 millones de pesos que, como se dijo en otra ocasión, respresentaría prácticamente la mitad de lo que la Argentina debe conseguir el año próximo para pagar la deuda.

Sin embargo, y hasta ahora, el proyecto de cambio jubilatorio le trajo muchos más problemas que satisfacciones al Gobierno.

La virtual intervención de las AFJP cortó el crédito y restó posibilidades de colocación financiera. 'Tuvo alguna incidencia eso en lo que está pasando en el mercado cambiario?

El Estado que, en teoría, proyecta una mejor situación fiscal, observa cómo está en el piso el precio de los bonos que emitió.

En otras palabras, si bien tendría más solidez fiscal y menos posibilidades de caer en cesación de pagos, la desconfianza es tal que los precios de los bonos argentinos son irrisoriamente baratos, pero nadie los compra.

El partido dólar-tasas se juega en estos días y los funcionarios siguen con atención lo que indican las estadísticas monetarias.

Con lo de ayer el Central dio muestras, una vez más, de que está dispuesto a usar las reservas para contener desmadres cambiarios.

Previamente también había demostrado que no está dispuesto a mantener un precio fijo del dólar.

La política de flotación administrada es así: pocas certezas, pero no desbordes.

Mientras tanto, con un ojo puesto en el real y otro en la soja, los funcionarios rezan para que no se trabe el proyecto oficial de cambio en las jubilaciones. Ese es el otro partido que se juega en estos días.

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