Pulseada por la energía de Itaipú: un test para el futuro de Yacyretá

Lejos de aplacarse, la disputa que mantienen Paraguay y Brasil por el manejo y la producción de la central hidroeléctrica de Itaipú sigue generando cortocircuitos que podrían terminar en tribunales internacionales.

Si bien por ahora la Argentina está al margen de ese conflicto, su desenlace promete dejar su impacto en la renegociación que está pendiente entre Buenos Aires y Asunción por el futuro de Yacyretá. Los funcionarios guaraníes ya anticiparon que quieren revisar, no sólo el precio por la energía, sino también el pago de la multimillonaria deuda que se acumuló por la construcción de Yacyretá.

De paso por Buenos Aires, el director paraguayo de Itaipú, Carlos Mateo Balmelli, indicó que, si bien con Brasil "buscamos agotar todas las instancias diplomáticas, no se descarta que, ante falta de resultados tomemos la decisión de avanzar con una demanda internacional".

"La opción de pleitear en los tribunales mundiales la van a tomar el presidente y la Cancillería paraguaya cuando lo crean conveniente", destacó Mateo Balmelli, quien sostuvo que su país no dejará de reclamar el ejercicio de la soberanía energética.

La renegociación del tratado de Itaipú para mejorar los ingresos que recibe Asunción es una de las banderas que ha levantado Fernando Lugo desde que asumió la presidencia de Paraguay. Hasta ahora, la administración de Lula da Silva se ha negado a revisar las cuestiones esenciales del tratado y sólo accedió a otorgar compensaciones parciales y transitorias. El tema estará en la agenda del encuentro entre los dos mandatarios la semana que viene (ver aparte).

El tratado de Itaipú fue firmado en 1973 y de acuerdo con las claúsulas vigentes recién se podría modificar en 2023 cuando se termine de cancelar la deuda de casi US$ 19.000 millones que mantiene Paraguay con Brasil por el financiamiento de la hidroeléctrica.

Emplazada sobre el río Paraná, Itaipú cuenta con 20 turbinas que le dan una capacidad instalada total de 14.000 MW. Según el tratado, Brasil y Paraguay tienen derecho cada uno al 50% de la energía producida por la central. Si uno de los dos no utiliza la totalidad de la energía asignada, tiene que cederla al otro al precio que arrojen los costos operativos de la usina.

Paraguay utiliza sólo el 5% del 50% de la energía que le corresponde. Con eso cubre casi el 90% de la demanda que tiene a nivel nacional. En cambio, Brasil se lleva no sólo su 50%, sino también el 45% que no usa Paraguay. Con lo que obtiene de Itaipú, Brasil atiende casi 20% de su demanda nacional que es el equivalente a lo que consume el estado de San Pablo.

La modificación del tratado que busca Lugo apunta a dos aspectos clave. Por un lado, reclama una mejora en el precio de la energía excedente que Paraguay le cede a Brasil. Y, por otro lado, pretende que se deje sin efecto la cláusula por la cual la única compradora de la energía no utilizada es la empresa Electrobras. Paraguay quiere disponer libremente del excedente para comercializarlo con otros compradores brasileños o con los países vecinos. Según Mateo Balmelli, el año pasado Paraguay cobró US$ 120 millones por la cesión de energía a Brasil. Pero si esa energía se hubiera vendido en mercado brasileño no regulado, los ingresos habrían sido entre 3 y 4 veces superiores.

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