Una pulseada que se definirá en el recinto

Una pulseada que se definirá en el recinto
La sesión preparatoria está prevista para el 24 de febrero. Oficialistas y opositores tratarán de seducir a los peronistas de La Pampa y Chubut, cuyos votos serán clave. El radicalismo acusa al kirchnerismo por el fracaso de las negociaciones.
La disputa por el control de las comisiones parlamentarias también acabó con la formalidad de los senadores. El radicalismo dio por "rotas" las negociaciones informales que mantenía con el kirchnerismo y el PJ disidente para "avanzar en criterios comunes" y llegar al 24 de febrero, día previsto para la sesión preparatoria, con un principio de acuerdo. Ahora la pulseada se dará en el recinto, donde oficialistas y opositores abroquelarán a su propia tropa y tratarán de seducir a los peronistas pampeanos y chubutenses que tomaron distancia del Gobierno y que se convirtieron en el fiel de la balanza de la Cámara alta.

"Ya no hay mesa de negociación", afirmaron desde la UCR. El martes fue el último encuentro "reservado" entre oficialistas y opositores, representados por el radicalismo y el interbloque del PJ anti K (Peronismo Federal) que encabeza el puntano Adolfo Rodríguez Saá. Pero la única conclusión fue la ruptura del diálogo y el comienzo de los aprestos para la batalla en el recinto durante los últimos días de febrero. "Nos declararon la guerra", sentenciaron los radicales consultados por Página/12, que señalaron a Néstor Kirchner como el artífice de la estrategia oficialista.

Según los propios voceros del radicalismo, el jefe del bloque K, Miguel Angel Pichetto, habría ofrecido "un acuerdo" al radicalismo y que el flamante presidente de los senadores de esa fuerza, Gerardo Morales, habría rechazado. Morales no afirmó ni negó el ofrecimiento. "Vamos a actuar con el resto de la oposición", respondió escuetamente consultado por este diario y reafirmó que reclamarán la proporcionalidad que "nos corresponde en el reparto de las comisiones".

El oficialismo mantenía hasta ahora el control en 19 de las 25 y mayoría en todas ellas. Aunque las deserciones y cambios de bando terminaron por ralearle la holgada mayoría que ostentaban. La principal disputa con la oposición pasa por la conformación de las bicamerales de control, en las que opositores de ambas Cámaras aspiran no sólo a controlar sino a presidir (ver aparte). Los números ya están echados y desde el oficialismo niegan que en el Senado se dé una situación similar a la que se generó en Diputados, donde el entramado opositor impuso su mayoría con la postura unificada a todos sus bloques.

El kirchnerismo cuenta con un bloque de 32 senadores –sobre un total de 72– y considera que con la alianza que tejerían con los dos senadores fueguinos que responden a la gobernadora Fabiana Ríos y el neuquino Horacio Lores del MPN se acercarían los 37 necesarios para obtener quórum y mayoría propia. Una cifra que lograrían con el aporte de los dos senadores pampeanos Carlos Verna y María de los Angeles Higonet, además de la chubutense Graciela Agustina Di Perna, alineada con el gobernador Mario das Neves, que no se incorporaron al bloque oficialista.

"Ellos van a mantener, según nos afirmaron, una postura independiente en temas federales que afecten a sus provincias pero no van a esmerilar al Ejecutivo. Ellos también gobiernan y saben lo que eso significa", argumentan desde la mesa chica de los senadores K.

Los senadores opositores tienen otra opinión. Consideran que Verna, Higonet y Di Perna les pueden aportar las cartas del triunfo en la sesión preparatoria de febrero. "Cada vez están más lejos del Gobierno", afirman. El martes próximo, el entramado de senadores opositores tendrá su primera prueba de fuego. Piensan reunir no menos de 34 legisladores ante la Corte Suprema de Justicia. Les pedirán a los cortesanos que los reciban que los considere "amicus curie" (amigos del tribunal) para que se los consulte –como representantes legislativos provinciales– cuando deban resolver en una acordada sobre cualquiera de los conflictos judiciales entre las provincias y el Estado nacional por los reclamos de mayor coparticipación de los recursos económicos federales.

Una demostración de fuerza que quieren accionar como imán para los senadores peronistas que intentan diferenciarse del Gobierno. El conflicto irresuelto obligará a no pocos, oficialistas y opositores, a dedicar parte de sus vacaciones a tratar de seducir a los senadores que pueden inclinar la balanza hacia uno u otro lado en la decisiva votación de febrero.

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