El puerto de Rosario se ofrece al mejor postor

El presidente de TPR, Guillermo Salazar, decidió vender el 60% de las acciones. Carga con una deuda de 50 millones. Ningún interesado se animó a emprender una negociación. Una historia con muchos claroscuros.
Un pasado vidrioso y un presente plagado de millonarias deudas llevaron a Terminal Puerto Rosario a una encrucijada casi imposible de eludir. Acorralado por un pasivo que supera los 50 millones de dólares, equivalente al valor del puerto, Guillermo Salazar Boero, el presidente de TPR, quien tiene el 60 por ciento del capital accionario, decidió salir a ofrecer el puerto al mejor postor. Pero después de una semana de negociaciones quedó claro que la operación no será nada sencilla. No sólo por el presente de la terminal, con atrasos en el pago del canon y una larga lista de acreedores que amenazan ir a la justicia a reclamar sus deudas, sino por el pasado cercano, repleto de claroscuros, que muy pocas veces tomaron estado público, por quiénes son los protagonistas de una trama que atravesó las gestiones de Carlos Reutemann y Jorge Obeid.

Hace dos semanas hubo un punto de inflexión en la historia del puerto, sobre todo en la relación que mantuvieron el Estado y los concesionarios desde 1998, cuando por primera vez el Enapro adjudicó a un grupo privado (los filipinos de Ictsi) la explotación de las terminales 1 y 2. En su despacho en la sede de la Gobernación de Rosario, Hermes Binner recibió al actual presidente de TPR, Guillermo Salazar Boero, quien acudió al gobernador en busca de respaldo, ante los rumores crecientes de que podría perder la concesión, fruto del creciente pasivo.

Binner fue muy claro. "Me vino a ver el concesionario del puerto, y me preguntó: ¿Qué puedo hacer?. Y le respondí: pagar", relató el gobernador a Crítica de Santa Fe. Desde ese momento, Salazar emprendió la retirada. Al empresario, que posee desde 2007 el 60 por ciento del paquete accionario del puerto, compartido con la Autoridad Portuaria de Tarragona (30 por ciento) y el financista Gustavo Shanahan (10 por ciento), se le cerraron las puertas para conseguir financiamiento privado, luego del vendaval de cheques sin fondo que todavía caen sobre el mercado. Terminal Puerto Rosario introdujo al mercado 787 cheques sin fondos por un monto de 7.996.419,79 pesos, de los cuales logró levantar 285, por 3.445.694,14 pesos. Y la asociación con otras firmas, como hizo TPR en enero de 2008 con Raiser, fue un fracaso. Con la empresa de Osvaldo Sortino –con la que se creó Terminal Granelera SA– los cheques voladores se transformaron en un tsunami: de acuerdo al BCRA, Raiser emitió 570 cheques sin respaldo económico por un valor de 18.240.777 pesos.

Aparecieron deudas millonarias con acreedores privados, como Juan F. Secco –proveedora de los generadores de energía– y Milisenda Servicios Portuarios, quienes trasladaron al propio Enapro su voluntad de recurrir a la Justicia si no se veía una voluntad de pago de la terminal. Algo similar hizo el Nuevo Banco de Santa Fe.

A esto se sumó el incumplimiento en el pago del canon, que llegó a un atraso de ocho cuotas a fin del año pasado, que sumaron unos 2,4 millones de pesos. El Enapro obligó que TPR se pusiera al día. Cumplió un plan de pagos, pero volvió a atrasarse y actualmente –según el propio titular del Ente de Administración del Puerto de Rosario, Ángel Elías– está tres meses abajo. El Estado provincial le embargó sus cuentas por una vieja deuda con la API por incumplimiento en el pago del impuesto de Sellos, que era de 8.756.273 pesos, según el expediente N° 13302-0548285-9. TPR firmó después un plan de pagos por esa deuda.

Acorralado por el enorme pasivo y ante la presión de la Provincia para que se pusiera en caja, Salazar decidió poner en marcha el plan B. Con la imposibilidad de contar con nuevos socios, se volcó por la alternativa de vender sus acciones en la terminal. Las negociaciones empezaron esta semana, pero no serán sencillas. Los interesados quieren que todos los papeles estén sobre la mesa, algo que hasta ahora no ocurrió. Uno de los interesados es Gustavo Nardelli, quien opera con capitales del grupo Vicentín. Alberto Paduán, uno de los gerentes del grupo oriundo del norte santafesino, confirmó a este diario el interés en el puerto. Paduán aspira a convertirse en el próximo presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario si logra conformar una lista de consenso para suceder a Jorge Weskamp.

A Vicentín, uno de los cinco exportadores más grandes del país, le sobran espaldas para quedarse con las terminales 1 y 2. Con la profundización de la hidrovía hasta Paraguay, el puerto de Reconquista –zona en la que Vicentín tiene parte de sus plantas- podría tener una vinculación más estrecha con la terminal rosarina.

Nardelli admitió a Crítica de Santa Fe que "hay interés y expectativas por el puerto de Rosario", pero se encargó de negar que hayan iniciado negociaciones formales para comprar acciones de TPR. "Hemos mantenido reuniones con gente de Terminal Puerto Rosario para interiorizarnos de la situación pero no arrancaron las negociaciones. Hay otros interesados que han hecho lo mismo que nosotros", afirmó Nardelli.

Otro que ha sondeado la complicada situación del puerto es Hipercargo, un poderoso grupo que tiene sede en Montevideo pero opera una terminal de Santos, en en Brasil. No fue casual que el presidente del puerto de Montevideo y de la Administración Nacional de Puertos del Uruguay, Fernando Puntigliano, se reuniera el viernes a la tarde con el intendente Miguel Lifschitz y el titular del Enapro.

Otro que está en carrera también es el Grupo Murchison, que controla el puerto de Zárate. Representantes de ese holding estuvieron en Rosario para tantear la situación. Zárate es un competidor del puerto de Rosario, por su cercanía con Buenos Aires. En pleno período de expansión económica ambas terminales se disputaban cargas que muchas veces perdía el puerto porteño, totalmente abarrotado. El riesgo que cabe si Zárate entra en la negociación es que compre la competencia para correrla del negocio.

Elías reconoció la complicada situación financiera de TPR e incluso las deudas que mantiene con el Enapro. El actual titular del ente, quien era secretario de la Producción de la Municipalidad de Rosario en momentos en que el puerto fue adjudicado al actual concesionario –operación que Binner no apoyó cuando era intendente-, rescató que actualmente el puerto "tiene un buen nivel de operatoria, incluso con compañías de primer nivel como MSC y Care, y ha recuperado cargas después del duro impacto de la crisis que se sintió a fin del año pasado, cuando cayó abruptamente el nivel de actividad". Elías recalcó que si se produce finalmente una transferencia accionaria –que tendrá que aprobar el Enapro- no será en una situación de colapso ni conflicto" como ocurrió tras la salida de Ictsi.

Uno de los principales negociadores de TPR en esta etapa es el financista Shanahan, quien también ocupó uno de los ocho sillones del Enapro como representante del concesionario. Este contador, que tiene sus oficinas en el Palacio Minetti, dice contar con el respaldo económico de capitales españoles para afrontar la transición, que todos descuentan será muy dura.

Pero lo que han percibido los potenciales interesados en desembarcar en Rosario es que existen muchos cabos sueltos. Uno de ellos es cómo se renegociará el pasivo, que por ahora desde el Estado no están dispuestos a afrontar. "Es un problema de privados", recalcan desde el Enapro. Y otro de los problemas es que la escasa transparencia que reinó en la terminal generó, incluso, una demanda judicial de los tarroconeses que en 2005 denunciaron a su contraparte local por realizar una maniobra societaria que le permitió quedarse con la mayoría accionaria en desmedro de las firmas extranjeras. Luego de esta movida, el entonces presidente de la Autoridad Portuaria de Tarragona (APT), Joseph Antón Burgasé, dio por concluidas las relaciones con la terminal de Rosario. En abril de ese año ingresó al directorio del puerto el empresario Orlando Vignatti –actual presidente del comité editorial del diario La Capital– , quien figuraba como director titular y vicepresidente. Fue elegido por asamblea el 7 de abril del 2005. Pero un año después se retiró del puerto y traspasó sus acciones a Guillermo Salazar Boero y Shanahan. Según señala el Boletín Oficial de Santa Fe, en la asamblea que se realizó el 2 de enero de 2006 en TPR se designaron a las nuevas autoridades. Por las acciones clase "A" se nombró director titular y vicepresidente a Pablo Gustavo Salazar, hijo de Guillermo. Su padre tiene las acciones clase "B" junto con Gustavo Pedro Shanahan.

Idas y vueltas de una concesión

El Enapro -creado el 31 de octubre de 1994 cuando la Nación transfirió los puertos a las provincias- adjudicó la concesión de las terminales 1 y 2 a Terminal Puerto Rosario en 2002, luego de la polémica salida de los filipinos de Ictsi dos años antes. Debían 971.630 de pesos de canon.

Según se esgrimió en aquella época, el contrato de concesión estipulaba que, de registrarse el incumplimiento de pago de dos cuotas del canon, se configuran las causales de rescisión. Luego, en el 2001, el Enapro inició un nuevo proceso licitatorio y, en el 2002, la empresa Terminal Puerto Rosario SA se adjudicó la concesión de las terminales 1 y 2 por 30 años. La gestión del puerto había quedado a cargo del know-how del puerto de Tarragona, algo que le daba cierta chapa al emprendimiento. Pero nada de ello ocurrió. Los tarraconeses se presentaron en 2005 ante la Justicia para denunciar a su contraparte local por una maniobra societaria en desmedro de los españoles. En abril de 2005 ingresó al directorio del puerto el empresario Orlando Vignatti. Después se retiró y traspasó sus acciones a Guillermo Salazar Boero, quien se alió a Raiser para desarrollar la salida de granos. Terminal Granelera SA se constituyó el 2 de enero de 2008; figuraban Osvaldo Sortino, como titular de la sociedad, y Salazar Boero, como director. Pero la sociedad duró muy poco tiempo tras la lluvia de cheques voladores.

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