El puerto, sin un rol definido, se debate en un nuevo conflicto

Muchos que salen, pocos que entran. Escasas palabras para explicar al neófito los riesgos de un nuevo y, se anticipa profundo, conflicto en el Puerto de Mar del Plata.
Esta vez no está en discusión tal o cual política del gobierno nacional en materia pesquera, los cupos o la depredación del recurso. El problema se afinca aquí, en suelo marplatense, y es por una cuestión de representatividad y de representación.

Empecemos por el principio. La creación del Consorcio Regional buscaba terminar con la falsa dicotomía entre los propios marplatenses de Juan B. Justo para allá y de Juan B. Justo para acá: actividad industrial y actividad turística. Estéril discusión que sólo consiguió la partición en dos de una ciudad que, por sus características, necesita de ambas, y más aún, para constituirse en una unidad común, para beneficio de todos y cada uno de sus habitantes.

Se entendió en los últimos 20 años, para fijar una fecha caprichosa. Las generaciones que sucedieron a las que crecieron inmersas en aquella lucha entre intereses supuestamente enfrentados, comprobaron que de esa manera se frenaba el desarrollo marplatense y decidieron ponerle fin. En principio, se ocuparon de la integración: ya no hay un Puerto y, por otro lado, una Mar del Plata; hay una ciudad con Puerto, que es lo mismo un Puerto de la ciudad.

Los 12 millones de pesos que registra el movimiento portuario cada año (cifras de 2008) representan un ingreso importante para Mar del Plata. Pueden ser más, si se ajustan números. Pueden ser menos, ya que las mejoras en infraestructura son imprescindibles. La draga para el ingreso de buques de gran porte (más de 130 metros de eslora) representa 17.000.000 de pesos de gastos, sin contar el alquiler de la propia draga. Esto hace necesario ampliar las posibilidades de ingresos, sin duda alguna.

Pero, ¿cómo se hace para evitar esas diferencias? Esa es la discusión hoy por hoy, que se plantea con la conformación del nuevo directorio del Consorcio, presidido por Eduardo Pezzati.

El cuerpo ejecutivo tiene mandato estatutario por tres años y desde 2004, con acuerdo interno, es el mismo, salvo el presidente, que es designado por la Provincia, a propuesta del Intendente Municipal. Y ese el propio titular del organismo el que confecciona la propuesta para la nómina de cámaras y entidades que lo integrarán. También lo aprueba el ministerio de la Producción bonaerense y, en general, no hace cambios en la propuesta.

En el nuevo directorio, pergeñado por Pezzati, hay remociones que provocaron el conflicto. No están quienes, a su juicio, deberían estar. Es así que se han levantado voces por la ausencia de la Cámara de Actividades Portuarias, que, aseguran, representa el 70 por ciento de los ingresos del Puerto, a través de actividades vinculadas al sector pesquero; el Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas (CEPA), nucleamiento de las tres o cuatro firmas de barcos congeladores más poderosas, y el gremio que representa a los empleados del Consorcio (ADPFA), entre otros.

Denuncian éstos últimos, que se prioriza, con la propuesta del actual presidente, el interés particular por sobre el interés general. Mencionan, en corrillos, casos de permisionarios, que no han pagado el canon y que, incluso, intentan ampliar sus negocios, aprovechando obras que paga el Estado.

Se califica a otro emprendimiento, como el traslado de bares y confiterías de Alem a la Escollera Norte, como "un gran negocio inmobiliario" aunque no descartan obras para la soñada Estación de Cruceros con las comodidades y servicios que las normas internacionales demandan. Y también proponen. Por ejemplo, la creación –varias veces postergada, según los voceros informales- de una Plazoleta Fiscal para concentrar los pagos de las contribuciones impositivas municipales, provinciales y municipales por las tarifas que se perciben por amarre, importaciones y exportaciones, almacenamiento y carga y descarga, entre otras.

Otros críticos a la nueva conformación del Consorcio, esgrimen cifras contundentes: la pesca, que genera empleo productivo, constituye el 97 por ciento del movimiento portuario en Mar del Plata. Para estos sectores, que reclaman estar en la mesa de decisiones de la que están a punto de ser reemplazados, el puerto está próximo a colapsar. La actual administración, dicen, debe facturar por servicios que son su responsabilidad y hoy no brinda. Mencionan el agua, la energía y la provisión de combustible. Esbozan como imprescindible un plan maestro que defina al Puerto como "una industria, la pesca, por excelencia". No reniegan de otras actividades ligadas a la recreación, pero creen que darle prioridad a lo que, en el objetivo primordial que es la producción y la generación de empleo, no la tiene, es hipotecar el futuro.

VOLUNTAD Y POLÍTICA

La planificación, es cierto, requiere su tiempo, en general muy diferente a los tiempos de los políticos en el poder. También necesita de la voluntad de legar y de la continuidad de la aplicación del legado. Proyectar, una palabra que nos entusiasma. Concretar, también una palabra, parece más mezquina a nuestros intereses. Si no concretamos lo que proyectamos nosotros mismos, su valor es menor.

El Puerto, inmerso en un nuevo conflicto, no necesita más crisis. Necesita saber cuál es su rol, ahora y en el futuro. La principal fuente de actividad económica de Mar del Plata, por impacto social inmediato, presenta un desafío. ¿Qué mejor que los propios actores lo discutan? Desafío que parece una utopía, porque esos mismos actores son humanos y tienen intereses ciertos. Sin embargo, en el futuro, los nombres quedarán grabados y ése será el mejor legado.

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