Una puerta para crecer que no borra el miedo al pasado

Por Hernán de Goñi

Para un organismo como el Banco Mundial, la aprobación del programa de asistencia plurianual no es un acto de improvisación. Es fruto de meses de discusión con las autoridades del país involucrado, y su horizonte suele exceder (como pasa en esta ocasión con la Argentina) el tiempo de vigencia del Gobierno que lo gestionó.

El directorio aprobó un plan que prevé otorgar u$s 3300 millones en el período 2010-2012. Para lo inmediato, habilitó un préstamo de rápido desembolso de u$s 450 millones (en realidad, es un nuevo destino para fondos ya aprobados) destinado a mejorar las redes de contención social. Es una forma de mostrar su sensibilidad para paliar los efectos de la crisis global. Pero su mirada, como lo hace cualquier banco que se preocupa por el repago de sus créditos, está puesta en el mediano plazo.

Y en esa perspectiva, lo que sobresale (como quedó explicitado en un documento elaborado en mayo pasado) son las dudas que genera un país con limitada capacidad de atraer el capital privado, acceso limitado al financiamiento externo y un marco de incertidumbre sobre la política económica que contribuye a desacelerar el crecimiento.

Es el temor, que muchos comparten, de que la Argentina otra vez se enrede en su pasado.

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