Un puente ignorado y condenado al fracaso

De estructura metálica, pintado de blanco y plateado, con enrejado de alambre para impedir que arrojen objetos contundentes a los vehículos, pero poco utilizado por los vecinos.
A punto de quedar inaugurado de manera oficial, la mayoría de los habitantes de Los Gallitos que durante casi tres años reclamaron un puente peatonal siguen cruzando la ruta de manera imprudente.

Después de innumerables pedidos ante las autoridades pertinentes y de cortes de ruta, cuando el reclamo parecía quedar en el olvido, casi tres años después la concesionaria Univía colocó en los primeros días de 2009 un puente peatonal que cruza la ruta 5 a la altura de calle Ramón L. Falcón.

Aunque no está oficialmente habilitado y resta aún terminar el sector de dársenas, casi nadie se toma el trabajo de subir los 32 escalones, descender otros tantos y perderse 50 segundos -en promedio- para cruzar de forma segura la peligrosa carretera. Por el contrario, la mayoría prefiere seguir arriesgando la vida y sortear de manera imprudente la ruta en menos de 6 segundos, ya sea en bicicleta o caminando.

En Los Gallitos nació la demanda de contar con un puente peatonal. Había razones de sobra: la mayoría de las víctimas mortales de accidentes viales fueron peatones o ciclistas que vivían en este barrio.

Finalmente, la instalación de un puente metálico, peatonal y con empinadas escalinatas, terminó por resultar poco práctico. La gente no cambió de costumbre y el puente está de adorno.

EL CIVISMO pudo comprobarlo durante toda una mañana. En el tiempo que un equipo periodístico permaneció en el lugar, absolutamente nadie cruzó por el puente. Tal vez, una de las razones obedece a que el lugar elegido para su colocación no es el más transitado por los vecinos, quienes en su mayoría van o vienen entre Los Gallitos y el barrio Sarmiento por otras calles.

En el tiempo que este medio fue testigo, pudo observar que los cruces más utilizados son Pascual Simone y Los 33 Orientales. Por Ramón L. Falcón apenas pasaron dos mujeres y en bicicleta, otro motivo más que suficiente y comprensible para no cruzar por el flamante puente.

A diferencia de otros puentes peatonales que poseen rampas poco pronunciadas, la treintena de escalones hace que sea imposible su utilización por personas en sillas de ruedas o con dificultades motrices. También desalienta a las personas mayores, o a quienes llevan a bebés en brazos y a todo aquel que se desplace en bicicleta, a no ser que sea un súper atleta.

“El puente es una porquería. Yo no lo voy a usar y acá no lo va a usar nadie. Está re desubicado”, opinó una joven madre que acababa de cruzar ruta 5 en bicicleta y llevando a su hijo.

Desde su punto de vista, por más que coloquen puentes en otros cruces, la gente seguirá cruzando la ruta a pie. Irresponsabilidad, comodidad o ambas cosas, las muertes en este tramo de la ruta 5 terminaron siendo un pretexto para salir a protestar. “Yo voy al Juan XXIII y prefiero cruzar la ruta así antes que ir por el puente. Los vecinos pedimos y hasta yo vine, pero dije que el día que lo pongan nadie lo iba a usar y así pasó. Algunos tienen autos, otros motos, otros bicicletas, por eso no lo usa nadie. Los vecinos dicen que fue una pérdida de tiempo. El otro día una mamá con cinco chicos cruzó por el puente pero para jugar. La señora con dos chicos fue por el puente y otros tres lo hicieron por abajo. Y eso que era la mamá de un pibe que murió acá y pedía el puente. Acá hay que saber cruzar la ruta”, dijo antes de seguir camino.

En cambio, otra vecina que también se desplazaba en bicicleta y accedió a hablar con este medio, piensa que cuando comience la época de clases, el puente será utilizado. “El puente a mí me parece bien porque hubo muchos accidentes. Yo paso por acá pero tengo que esperar que pasen los autos. Todavía no pasé por el puente ni vi a nadie que lo haga porque nadie anda caminando, a lo mejor porque había un cartel que decía ‘No pasar’ y porque hasta ayer (por el lunes) había gente trabajando”.

Algunos pedidos y pocos logros

En el primer semestre de 2006 tuvieron lugar varios cortes de ruta. Varios domingos a la tarde -momento en que se producía el regreso a Buenos Aires y al Conurbano de turistas provenientes del oeste de la provincia- fueron caóticos ante el bloqueo de la ruta 5 por parte de vecinos de los barrios Los Gallitos y en menor medida del Sarmiento, Luna y El Trébol.

Por entonces, pedían:

- Control policial permanente para que los vehículos transiten a baja velocidad.

- Lomadas de banquina a banquina.

- Construcción de un puente peatonal.

- Colocación de un semáforo para que suplante al poco efectivo alertador lumínico que hay en el ingreso a la fábrica textil.

- Lomas de burro cada 100 metros entre Pascual Simone y Juan de la Cruz Casas.

Casi tres años después, Univía puso un puente poco práctico. Pocos vecinos piensan utilizarlo.

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