Un puente demasiado lejos

Por: Ricardo Kirschbaum

Néstor Kirchner está siempre obsesionado con la política: arma escenarios, los imagina, se pregunta qué harán sus enemigos y cuánto de lealtad le resta a sus amigos o aliados. Desconfía. No se permite un descanso: su vida ha sido un cálculo, una especulación y un riesgo

No es que sea un gran estratega, que deslumbre por sus construcciones intelectuales. Pero es astuto y pragmático hasta la crueldad. Estos atributos deben ser comparados con el nivel de sus adversarios. Y saca ventajas. No es un hombre que se pueda subestimar como para dejar pasar la oportunidad que le dejó picando Macri, quién hizo la movida de desdoblar las elecciones para el 28 de junio. Kirchner ya lo tenía pensado: no podía tolerar que tras la derrota en Catamarca, llegase el desastre electoral en la Ciudad, con un electorado mayoritariamente adverso a la Casa Rosada.

Esa oportunidad servida por Macri la aprovechó para sorprender con una movida que conmovió a una oposición en tránsito hacia octubre.

A Kirchner no le importó cambiar drásticamente reglas de juego institucionales y que, otra vez, esa conducta de la incertidumbre sea la constante de la política argentina. Lo principal para el ex presidente fue: 1) Evitar una mayor dispersión del peronismo y una fuga hacia el PJ disidente, básicamente en la provincia de Buenos Aires pero también en otros distritos donde se asoman rebeldías; 2) Sorprender a la oposición y restarle tiempos a la posibilidad de alianzas, como la que intenta Duhalde con la UCR en la provincia de Buenos Aires, además de forzar el enfrentamiento del macrismo con Carrió en la Capital, algo que la líder de la Coalición Cívica habría evitado con el desdoblamiento de Macri. Las posibilidades de Gabriela Michetti sobre Carrió son ciertas pero también hay una grave duda si es que Lilita le sale a disputar el distrito a cara de perro; 3) Acentuar las fricciones entre los ¿socios? de la tríada Macri-De Narváez-Solá. Macri no tuvo otro camino que aceptar el adelantamiento, De Narváez saltó de alegría y Solá quedó desconsolado. El ex gobernador no se bajará ni romperá la coalición. No quiere darle ese gusto a Kirchner: solo ese rencor lo mantiene allí; 4) Los efectos de la crisis mundial se van a sentir con dureza en el segundo semestre. Octubre era un puente demasiado lejos para el kirchnerismo.

Este anticipo tiene claros riesgos para el Gobierno. Por ejemplo, que las elecciones le salgan peor de lo que muestran hoy las encuestas. Estará en disputa la fuerza legislativa de Kirchner. El síndrome del pato rengo aterra al matrimonio: la pérdida de poder obligaría a otra política, sin pensar en salidas más drásticas, como la que propuso Kirchner luego del voto de Cobos. Una posible repetición de ese exabrupto quizá haya sido lo que llevó a Macri a buscar asegurar la Ciudad, mientras él se preparaba para lanzar su candidatura presidencial.

Del sufrimiento institucional, además de la inseguridad jurídica, ni hablar: todo es un cálculo político coyuntural. No avergüenza a Kirchner una contradicción tan flagrante entre la decisión y el discurso exculpatorio por la derrota en Catamarca.

Kirchner hace lo que recomendó Nicolás Maquiavelo: "No debe pues un príncipe ser fiel a su promesa cuando esa fidelidad le perjudica y han desaparecido las causas que le hicieron prometerla".

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