Puede volver el viento de cola, pero la Argentina tiene que dejar de volar bajo

Por Hernán De Goñi

Los representantes de los países del Grupo de los 20 tienen en claro cómo deben actuar para moldear expectativas. En la reunión que culminó el sábado en Londres se esforzaron por alejar las dudas que estas últimas semanas hicieron tambalear a los mercados financieros y tenían en vilo a los inversores: los planes de estímulo que aplicaron sobre sus respectivas economías seguirán en pie durante 2010.

Eso garantizará que el flujo de fondos públicos (la promesa inicial fue de u$s 5 billones, con los aportes al FMI incluidos) continuará dándole aire a la actividad global, y de esa forma se achicará el temor a un ciclo en forma de W, presagio impulsado por el respetado Nouriel Roubini.

El repunte es un buen dato para la Argentina: si el mundo consolida el actual proceso de recuperación y deja atrás la recesión (algunos países ya lo han hecho en el segundo trimestre del año), eso implicará que la tendencia alcista que tuvieron los precios de los commodities tendrás más chances de mantenerse. El Departamento de Agricultura de EE.UU. estima que la producción local de soja podrá ascender a 51 millones de toneladas, lejos de las 32 que se levantaron este año. Ese 60% tendrá un impacto significativo tanto en la economía real como en la recaudación del sector público, que también dependerá del tipo de cambio que tenga el país dentro de ocho meses.

Hay otro dato de la coyuntura reciente que tuvo poco eco en los análisis. De los u$s 4600 millones que se exteriorizaron en el blanqueo de capitales, la AFIP indicó que cerca de 95% se destinarán a proyectos de inversión, básicamente inmobiliarios. Como para tener una idea, esa cifra se aproxima al actual stock de créditos hipotecarios que hay otorgados en el sistema financiero, que es de $ 17.500 millones. Si bien los tiempos en los que esos recursos se aplicarán a obras edilicias depende también de la demanda de los inversores privados, es un monto para no pasar por alto.

La pregunta que se hacen ahora tanto los empresarios como los economistas, es cómo se enlazarán estos dos procesos. Hay un 2010 más benigno por delante, que sin duda creará condiciones objetivas más positivas para la Argentina. Pero nadie se anima a pronosticar aún cómo concluirá el 2009. A la normalización financiera que comenzó en el mes de julio, le siguieron indicios de una recuperación incipiente. Hubo datos positivos sobre producción industrial, patentamiento de autos, escrituración de casas y venta en shoppings y supermercados. Aunque algunos todavía muestran variaciones negativas, la desaceleración de las tasas de caída marca que ya se tocó fondo. ¿Y el rebote?

En su último informe, la Fundación Mediterránea advierte que todavía existe hay un riesgo cierto de que el repunte se produzca en forma de L, dada la "elevada incertidumbre" presente en el país. La institución hizo un seguimiento de dos indicadores de actividad y de la recaudación de dos impuestos deflactada por la inflación de San Luis (que aún utiliza el método anterior de medición del Indec). Lo primero que comprobó es que los recursos fiscales acompañaron el nivel de actividad hasta octubre de 2008 y se cayeron en consonancia con lo marcado por los analistas privados. Hoy si bien hay una curva alcista, otros analistas subrayan que tributos que también son un reflejo de la economía siguen flojos en agosto, como ser el impuesto al cheque y el que grava la venta de combustibles.

La perspectiva más optimista es que el tercer trimestre asegure al menos una estabilización de estas tendencias, como para permitir una modesta reactivación en el cuarto. Ahora falta ver qué forma adopta la expectativa oficial para esta etapa a plasmarse en el proyecto de Presupuesto 2010, que el Congreso comenzará a analizar formalmente el próximo 15 de septiembre.

Esta ley transparentará cuántos recursos espera recibir el Estado de los privados, y en consecuencia cuánto gasto podrá financiar y cuánto deberá reducir. Si no opta por recortar, es probable que se vuelva más dependiente de la emisión de deuda nueva, para lo cual el acuerdo con el Fondo y los gestos para bajar el riesgo país se volverán inexorables. Hasta ahora muchas palabras. La economía está empezando a demandar más hechos.

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