No se puede hacer política sin dinero

Lo que viene parece ser un escenario en que la recesión económica y la caída en la coparticipación ponen en peligro el giro normal de los flujos de las cajas municipales.

A pesar de ser la capital del primer estado argentino, La Plata no escapa a la cruda realidad que atraviesan los municipios bonaerenses. A lo que se agrega el enfriamiento de la relación entre el bruerismo y el matrimonio Kirchner, lo que parece estar relacionado con la lentitud en el giro de fondos, tanto para programas sociales como para el inicio de grandes obras comprometidas en la última campaña electoral, como la apertura de la avenida 52 o la terminal ferroautomotor.

El sonoro ajuste que proyecta el texto de la ordenanza Fiscal Impositiva da a entender que se está perdiendo la capacidad que supo tener el municipio para solventar sus gastos operativos a partir de recursos propios, es decir, con menor incidencia de la coparticipación provincial. Algo se está desacomodando desde los ingresos, los gastos, o desde ambos.

Cuestión de números

Estamos en tiempos de obligatoria remisión del presupuesto de gastos y recursos, por el que se regirá la administración el próximo año. No escapa a los observadores avezados que tanto la ordenanza fiscal como la propuesta de modificaciones al Código de Planeamiento Urbano están vinculadas a este hecho primordial.

Para ser más precisos, el proyecto original de la ordenanza Fiscal Impositiva planteaba atar el ajuste de las tasas por Servicios Urbanos Municipales (SUM) al ajuste del impuesto inmobiliario provincial, con potestad exclusiva para el intendente de fijarle un tope. Una "tasa verde" sobre la que grabaría la recaudación de residuos secos -¿ser ecológicos también tendrá su precio?-, modificaciones en porcentajes y formas de cobro de la tasa por seguridad e higiene, y hasta cambios en timbrados menores, como por ejemplo el costo de obtener o renovar una licencia de conductor.

Ante un proyecto que parecía pergeñado por el sheriff de Nottingham -el implacable recaudador de impuestos del Príncipe Juan, contra quienes se rebela Robin Hood- la oposición no perdió tiempo. El fuego graneado se hizo sentir desde la Coalición Cívica y Unión-Pro, ya que la oportunidad era imperdible: verdaderamente una pelota picando frente al arco.

Mientras tanto el oficialismo remaba en el Concejo Deliberante el apoyo de los aliados circunstanciales, algunos de los cuales parecen volverse cada día más aliados y menos circunstanciales. La reunión de la Comisión de Hacienda realizada el jueves pasado, en la que funcionarios de Economía informaron sobre el proyecto, sirvió para que el oficialismo limara algunas aristas extremadamente controvertidas del proyecto original, como la "tasa verde" y la potestad del intendente de limitar los aumentos en la tasa SUM.

¿Concesiones a la oposición?

A pesar de que estos cambios fueron presentados como concesiones a la oposición, tanto el concejal Oscar Negrelli -del flamante partido Coalición Cívica-ARI- como José Ramón Arteaga, de Unión-PRO, ratificaron la férrea oposición de sus respectivos bloques al proyecto, ya que no modifica los aspectos sustanciales de lo que califican como un "impuestazo". En los corrillos surgió el nombre del concejal Carlos Melzi como quien había sellado un acuerdo con el oficialismo por este tema luego de las modificaciones, lo que se confirmó ayer. Así acrecentó el distanciamiento con su mentor, el ultrakirchnerista Carlos Castagneto, que cada vez pierde más peso en la política platense.

De ser aprobados por la asamblea de mayores contribuyentes, los aumentos en las tasas por alumbrado, barrido y limpieza rondarán el 30%, sobre una base imponible de 230.000 contribuyentes, ya que el monto de esta tasa pasaría a estar atado a las modificaciones en la valuación fiscal de las viviendas que realice el estado provincial. La tasa de Seguridad e Higiene tendrá aumentos del 20% en promedio. De estos contribuyentes, 10.000 son pequeños comercios.

Llama poderosamente la atención que el Ejecutivo municipal arriesgue malquistarse el humor de la amplia clase media local, conformada por empleados públicos, pequeños comerciantes y profesionales, cuando fue justamente ese sector al que intentó seducir los meses previos a las elecciones del pasado 28 de junio. El próximo año será decisivo para cualquier pretensión de proyectarse en el tiempo para la gestión de Pablo Bruera. Y de las dificultades que se le pueden presentar a partir de la sequía presupuestaria y los conflictos de un justicialismo que, tanto a nivel nacional como bonaerense, está en pleno proceso de debate. Al fin y al cabo, el intendente de nuestra ciudad aún es el titular del PJ platense.

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