"Pudimos reducir las tensiones"

"Pudimos reducir las tensiones"
En diálogo con Página/12, Giorgi comentó los pasos que se dieron para tratar de optimizar la relación comercial luego de los roces del año pasado y adelantó la postura oficial que llevará al encuentro bilateral del próximo viernes.
Brasil representa un dinamizador fundamental de la industria argentina. Sin embargo, la interacción entre ambas economías genera tensiones que se agudizaron con la crisis internacional y las medidas que tomaron ambos gobiernos para preservar a sus sectores más sensibles frente al aumento de las importaciones provenientes del país vecino. En diálogo con Página/12, la ministra de Industria y Turismo, Débora Giorgi, analizó los pasos que se han venido dando para tratar de optimizar la relación comercial luego de esos roces y adelantó la postura oficial que llevará al encuentro bilateral del próximo viernes.

–La principal causa del déficit comercial con Brasil es el intercambio de manufacturas. ¿Cuál es su lectura sobre este tema y en qué nivel de prioridades está la intención de revertir esta situación?

–En 2008 tuvimos un déficit bilateral de más de 4700 millones de dólares, que trepó a 7200 millones en el intercambio de manufacturas. Este año, producto de la situación internacional y la desaceleración en el crecimiento, pero también por los acuerdos bilaterales entre sectores, el déficit se redujo a 728 millones, aunque a nivel industrial superó los 2700 millones. Esta situación es la contracara de la necesidad de reequilibrar las estructuras industriales. El objetivo es hacer una industria más fuerte y más integrada entre ambos países. Cuando esto se logre, el déficit, que es la manifestación de esta situación, va a tender hacia el equilibrio.

–¿Qué avances concretos hubo para lograr este objetivo?

–Se avanzó en la integración entre empresas argentinas y brasileñas en madera y muebles, autopartes y en la provisión de servicios y bienes de capital para la industria de petróleo y gas en Brasil. Se está trabajando en lo que es una integración real. Otra muestra de ello es la fuerte recuperación de la industria automotriz tanto acá como en Brasil y cómo este sector se ha mostrado integrado tanto en la complementación de modelos como en las políticas de incentivo a ambos lados de la frontera.

–Sin embargo, hubo una serie de tensiones comerciales que dificultaron la relación. ¿En qué estado se encuentra el vínculo en la actualidad?

–Es cierto, pero otro logro importante fue haber reducido las tensiones comerciales que se produjeron a partir de los últimos meses de 2009. A partir de las reuniones entre ministros que surgieron luego de la cumbre presidencial de noviembre, se debían encontrar las medidas de solución para disminuir estas tensiones. A lo largo de todo este tiempo y a partir de tener un contacto bilateral más fluido, los Estados junto a los empresarios lograron pulir y optimizar un conjunto de mecanismos. Desde el lado argentino se eliminaron algunos residuos de conflicto que existían y ahora se está en cumplimiento de los 60 días en la emisión de las licencias. De la misma forma, en productos perecederos Brasil está otorgando las licencias en 5 y 7 días máximos y en no perecederos está en 35 y 55 días.

–¿Ha habido reclamos puntuales que se presentarán en el próximo encuentro a los funcionarios brasileños?

–Hay algunos sectores exportadores que siguen teniendo problemas. Es el caso de films para envasamiento de la industria alimentaria, ya que no les están liberando las licencias. Algo similar sucede con aerosoles.

–¿Y qué planteos recibieron de los brasileños?

–La situación ha mejorado, estamos en menos de 60 días para la entrega de las licencias y por ello no hemos tenido reclamos relevantes.

–Además del sistema de licencias, en 2009 se llevaron adelante una serie de reuniones sectoriales entre privados para celebrar acuerdos de autolimitación comercial. ¿Qué rol cumplirán este año?

–Los acuerdos no solamente van a permitir la preservación del empleo y el desarrollo de una industria fuerte, sino que son la herramienta para lograr una integración y complementariedad con Brasil. Es imprescindible para el desarrollo de nuestra política industrial el reconocimiento de parte de Brasil de que hay algunos sectores que necesitan tener acuerdos entre privados monitoreados por los Estados. Acuerdos que tengan plazo de tiempo, uno o dos años por ejemplo, donde haya compromiso de realizar inversiones y de integrarse con Brasil.

–¿La contracara del sistema de acuerdos no es el incumplimiento de parte de Brasil, que se produjo en ciertos momentos de 2009?

–En algunos sectores los acuerdos no terminaron de funcionar ya que hubo incumplimientos, como en baterías, embragues y frenos. Pero es una cuestión de trabajo y de lograr que el acuerdo sea visto con un compromiso de inversión, monitoreado por parte del Estado. Como una oportunidad de integración. Además, hubo otros que sí funcionaron de forma satisfactoria.

–¿Cuáles funcionaron bien?

–En sectores como calzados o en lácteos, en particular leche en polvo, que funciona correctamente a partir de noviembre. Han generado trabajo, inversiones de empresas brasileñas aquí y pudimos complementar modelos. Además, se estuvo trabajando en la integración de cadenas de valor, como en madera y muebles, autopartes y todo este gran proyecto con la industria de petróleo y gas. Hay sectores donde la necesidad de acuerdos es la herramienta fundamental para eliminar la asimetría. Pero además, es la forma de una real integración y complementarierdad, ya que hay compromisos de inversión y de hecho muchas inversiones brasileñas comenzaron de esta forma.

–Para aquellos sectores que no se manejen con acuerdos, ¿qué mecanismos se exploran para preservar la relación comercial bilateral?

–Hay sectores que no necesitan acuerdos, sino la aplicación de licencias como monitoreo, que estarán en menos de 60 días. Entre estos están, por ejemplo, sectores de la confección, bienes de metalmecánica o algunas maquinarias agrícolas. En otros sectores estamos trabajando en licencias de muy rápida entrega, con ciertas flexibilizaciones, como en un conjunto de insumos textiles. Después hay otros donde se viene realizando una gradual eliminación de licencias, porque respondían a la coyuntura de crisis. El desafío es poder acordar con Brasil la política del manejo de las licencias no automáticas.

–En la medida en que estos mecanismos continuarán en 2010, en una coyuntura más favorable que la del año pasado, ¿implica que tienen un carácter estructural y no sólo como una respuesta de defensa frente al contexto adverso?

–Las licencias y los acuerdos sectoriales empezaron antes de la crisis global, pero lo cierto es que en 2009 la situación se agravó para algunas ramas. Sin embargo, hay sectores que comercian con Brasil en los que hay desequilibrios en las cadenas de valor, lo que hace necesario estos acuerdos entre privados monitoreados por el Estado. Tiene que ver con la voluntad de integrarnos a Brasil.

–¿Qué papel cumplió la demanda brasileña en la recuperación del último trimestre en la Argentina?

–Cumplió un rol importante, porque uno de los sectores que más está traccionando la recuperación es el sector automotor y la cadena autopartista, donde la participación brasileña es muy alta. Cabe recordar que a principios de 2009 la producción anual estimada era de 300 mil autos. Sin embargo, terminamos produciendo 550 mil autos, y para 2010 la proyección es entre 700 y 720 mil unidades. Brasil es, por lejos, el primer destino de estas exportaciones, aunque nuestro mercado también es atendido por la industria brasileña, tanto en vehículos como en autopartes.

–¿Qué otras señales de recuperación visualiza?

–Sólo para mencionar dos ejemplos. Un sector que tiene fuertes perspectivas de crecimiento es el agrícola, debido a la mejora en los precios y el clima, con rindes excepciones tanto en trigo como en maíz y soja. Esto genera un importante movimiento de material de carga, provisión de servicios y maquinaria agrícola, entre otros. A su vez, la construcción vuelve a tener una evolución positiva. Y ya no solamente a través de la inversión pública, que fue un pilar para enfrentar la crisis, sino que empieza a haber señales concretas de mejora en la construcción privada, tanto residencial como industrial.

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