El proyecto K y el sueño de la TV propia

El municipio tendría su propia radio y canal de TV, en sociedad con otras comunas. La trastienda de la polémica por el Tribunal de Cuentas: cómo el intendente se saboteó a sí mismo. Los modelos informativos y las incógnitas del proyecto oficial para la prensa.
Carlos Selva es un hombre con suerte. Dicen que hace pocos días, en una reunión con sus funcionarios, anunció que el municipio, en sociedad con otros tres de la zona, tendrá su propio canal de TV, y tal vez una radio. Este proyecto, íntimamente ligado con la nueva Ley de Medios, aún está verde, pero es previsible que tendrá un fuerte impulso a lo largo del próximo año, cuando se decidirá la suerte del proyecto K.

Los medios son claramente la obsesión de este gobierno en este tramo de su mandato. Es lógico: la política se ha vuelto muy mediática. Atrás quedaron las épocas de la militancia cuerpo a cuerpo y la caminata por los barrios. Ahora son los medios la vidriera de las carreras políticas.

En este contexto, se empeña la administración Selva en enojarse contra los medios locales, cuando son más dóciles que una mascota. Publican prácticamente todo lo que los vecinos acercan, y absolutamente todo lo que emite la oficina de prensa municipal. Y cuando cometen algún error, están sus dueños para atender personalmente a quien golpee la puerta. ¿Algún parecido con las arrogantes y omnipoderosas corporaciones que Kirchner combate?

►La suerte del intendente

Lo dicho: Selva es un hombre con suerte, pero a veces se olvida. Le tocó lidiar con los medios locales después del 2001: débiles, fragmentados, con periodistas galgueando en bicicleta, y por lo tanto fácilmente influenciables. El resultado es una prensa mucho menos crítica que en épocas pasadas, que sin embargo no hace feliz al jefe del Ejecutivo. Son visibles las relaciones tirantes que tiene esporádicamente con diferentes medios, la falta de gimnasia para cultivar las relaciones públicas en un marco de respeto.

¿Cuánto se puede publicar de negativo sobre la gestión de gobierno para que los funcionarios estén contentos? Respuesta: NADA. Atrás quedaron los tiempos de Julio Gioscio, que respondía con buen humor ante una denuncia y decía: "Me pongo contento cuando los diarios me critican, porque la gente me cree a mí".

Veamos un ejemplo reciente. El tema de la multa que el Tribunal de Cuentas le impuso a la gestión, y que fue anulada luego de una apelación, suscita resentimientos y acusaciones contra la prensa. ¿Por qué tanta polvareda por una noticia técnica? Tal vez porque la noticia tuvo mucho impacto. (Y fue por un simple motivo: la gente suele alegrarse ante la desgracia ajena, y si las víctimas son políticos, mucho mejor. ¿Por qué será?)

Hace pocos días el Ejecutivo convocó a una conferencia de prensa para aclarar todas las "falsedades" que se dijeron sobre el tema. Lo que no se abordó es que el único error de fondo digno de mención (se dijo que la multa fue pagada, cuando en realidad fue apelada y finalmente dejada sin efecto) pudo haber sido corregido fácilmente por el propio intendente antes de que la noticia se publicara.

►La regla de oro de la objetividad

El Nuevo Cronista aplica, desde hace varios meses, la Regla de Oro de la objetividad. Esto es: ninguna denuncia se publica sin antes consultar a todas las partes afectadas. Esto es un gran progreso por sobre el antiguo concepto del derecho a réplica, ya que implica que todas las partes se expresan en la historia al mismo tiempo. No es lo mismo que los afectados por una denuncia salgan a desmentir en una edición posterior, a que intervengan en la primera entrega sobre el tema, modificando sustancialmente la primera visión que los lectores reciben.

Este procedimiento fue estrictamente respetado en este caso. El intendente Selva fue consultado ANTES de la publicación de la primera noticia. ¿No es eso ir a las fuentes? Sin embargo, no quiso hablar. "No –dijo secamente- no tengo nada que decir". ¿Por qué se negó a formular aclaraciones sobre el tema?

La táctica del Ejecutivo parece ser evitar dar declaraciones sobre temas candentes, para después agarrarse de pequeños errores y descalificar la labor del periodismo. Es obvio que las noticias NUNCA son EXACTAS ni COMPLETAS. Son un reporte de situación, una instantánea sobre el terreno, un fragmento de información necesariamente breve y falible. Siempre hay información que falta, y errores grandes o pequeños. Es la naturaleza del género. Si se desea información más calificada, hay que consumir enciclopedias, no periódicos.

Lo importante, en materia de noticias, es la buena fe. Por eso la legislación de casi todo mundo sólo castiga la real malicia, es decir, cuando se desinforma adrede para dañar a alguien.

El papel de los funcionarios en la conferencia de prensa fue al menos controversial. En lugar de lecciones de periodismo, una postura más adecuada hubiera sido dar lecciones de contabilidad, y explicar claramente a qué se debió la sanción, y por qué se logró revertirla. Explicarle al ciudadano cómo funcionan las instituciones. No tiene sentido rezongar porque el tema afectó supuestamente la reputación de alguien: nadie estuvo acusado de meter la mano en la lata. Solamente se narró un episodio de contralor republicano. Quienes no deseen quedar expuestos en situaciones embarazosas, que no participen de la función pública.

Si se hubiera de aplicar el criterio de noticiabilidad que los municipales sugieren, no sería posible publicar ninguna noticia sobre condenas judiciales de primera instancia, porque si luego de la apelación la sentencia se revierte, la noticia se volvería "falsa".

►Medios, información y propaganda

Volvemos a los medios municipales. La pregunta que inmediatamente surge es: ¿Cuáles serán los criterios informativos que se aplicarán en la radio y TV estatales? ¿El modelo de la TV pública de la BBC inglesa, plural, profesional y crítico, volcado sobre la cultura y los temas que los medios comerciales desdeñan? ¿O el modelo perimido del viejo aparato de comunicación soviético, cerrado y monocorde?

Se equivoca el gobierno si cree que contribuirá a la transparencia informativa si construye usinas propagadoras de monótonos y repetitivos panegíricos al mandamás de turno. El periodismo oficialista no es periodismo: es propaganda. No tiene el mismo valor ni la misma influencia sobre la opinión pública.

Los contenidos serán, como siempre, una cuestión de poder. Uno de los problemas de la Ley de Medios es que no está claro en quién se depositará el poder que el Gobierno intenta quitarle a los monopolios. ¿En el gobierno central? ¿En los municipios? ¿En Moyano?

Tampoco se sabe cómo se financiará el sistema. El canal municipal, por caso ¿Recibirá subsidios, habrá un presupuesto del gobierno central, o habrá que solventarlo con recursos propios? ¿Saldrán a buscar avisos?

La noticia de un canal oficial en Mercedes es una buena noticia. Lo preocupante es que se produzca en un marco de tironeos y conflictos con la prensa local, motorizados por la incomprensión del gobierno de las lógicas de la profesión. No debe ser un proyecto para la revancha, sino para el crecimiento cultural de la comunidad. En el camino, habrá que cultivar la prudencia, el respeto y la tolerancia mutua. No es mucho pedir, caballeros.

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