Proyecto sorpresa para el Indec.

Por Maximiliano Montenegro.

El Gobierno proyecta una ley de autonomía del organismo. Boudou y Redrado apuestan por encarrilar la política económica.

El Gobierno guarda una carta sorpresa para después de las elecciones. Más allá del resultado de los comicios, el Poder Ejecutivo enviará al Congreso un proyecto de ley de autonomía del INDEC. Así, buscará neutralizar las críticas que desde todos los sectores se alzan contra la intervención del organismo y anticiparse a los proyectos que la oposición presentaría a partir de diciembre, cuando haya otra composición de fuerzas políticas en el Parlamento.

Dos de los economistas más escuchados en estos días por Néstor Kirchner son los que impulsan el proyecto oficial: el titular de la ANSES, Amado Boudou, y el presidente del Banco Central, Martín Redrado. El primero, además, es candidato a reemplazar en un futuro no muy lejano a Carlos Fernández, actual ministro de Economía testimonial.

La propuesta de la dupla Boudou- Redrado apunta a alejar del INDEC a Guillermo Moreno, cuyas manos mágicas no sólo dibujan los índices de inflación sino también de actividad económica, producción, pobreza, indigencia, consumo energético, etc. La idea es llamar a concurso para cubrir vacantes en todas las áreas críticas del INDEC –desde la dirección hasta los principales departamentos estadísticos–, con jurados de académicos de reconocida trayectoria e independizar al organismo de la órbita del Ministerio de Economía, como ente autárquico con control parlamentario. En la visión oficial, reconstruir la medición de inflación no tendría en el futuro demasiado costo político, porque de hecho la inflación real se viene desacelerando en los últimos meses, como consecuencia de la recesión.

En cambio, podría reportar beneficios importantes. Primero, permitiría al Gobierno aprovechar la mejora en el clima financiero y volver a conseguir fondos en el mercado internacional, para refinanciar parte de los vencimientos de la deuda. "Es ridículo que por una ventanilla paguemos 2.250 millones de intereses del Boden 2012, cuando por otro lado los inversores creen que hacemos un default encubierto porque se les miente con la inflación", comentó un funcionario a este diario.

Una reforma del INDEC también allanaría el camino de negociación con los organismos internacionales de crédito. No sólo el FMI, con el cual los funcionarios del área económica dicen que se debe mantener la puerta abierta siempre que ofrezca fondos baratos sin condicionamientos. También allanaría las negociaciones con el Banco Mundial y el BID, organismos que el Gobierno espera que en los próximos años accedan a refinanciar todos los compromisos asumidos por el país, que hasta el año pasado realizó cancelaciones netas de deuda. Más allá de las cuestiones financieras, los economistas funcionarios también creen que reconstruir el INDEC serviría para ponerle en el futuro un piso a la recesión. Mientras prevalezca la desconfianza generalizada en las estadísticas oficiales no será posible indentificar un punto de quiebre en la tendencia recesiva, por más esfuerzos que haga Cristina por recitar las cifras que le acerca Moreno. Aunque no está definido, la intención oficial es que la reforma no implique revisar las series estadísticas de los últimos dos años. En ese caso el costo político sería demasiado alto: significaría reconocer que todos los indicadores sociales (pobreza, indigencia, distribución del ingreso) empeoran desde mediados de 2007.

RAYITOS DE SOL. Después del huracán que arrasó con Wall Street, los vientos que soplan en el mercado internacional son inesperadamente favorables para la Argentina. La soja rozó esta semana los u$s 450 la tonelada, cuando en diciembre se temía que se derrumbara por debajo de los 300 dólares. El real se aprecia, cuando a fines del año pasado se devaluaba sin freno: ayer, el dólar en Brasil cerró a 1,96 reales, lejos del máximo de 2,51 reales que llegó a tocar el 8 de diciembre. El dólar y el peso se devalúan frente al euro en niveles récord, lo cual mejora la competitividad de la producción local frente a Europa. Mientras que los bonos de la deuda repuntaron, porque mejora el ánimo en el casino global y hay fondos que vuelven a apostar algunas fichas a títulos públicos a precios de default de un país que está lejos de la cesación de pagos.

Por su parte, más allá del ruido de la campaña electoral y de los exabruptos de Néstor Kirchner, el Gobierno envía señales de que aspira a cuidar la estabilidad financiera. El adelanto del pago del cupón de intereses del Boden 2012 –el vencimiento más pesado del año, u$s 2250 millones– a aquellos acreedores que no estén dispuestos a esperar hasta el 3 de agosto es una buena jugada en ese sentido. Quienes desconfíen de la voluntad de pago oficial tras los comicios podrán cobrar por anticipado con un "pequeño descuento" de entre 3 y 5 por ciento. Si, en cambio, la adhesión es baja –como se espera–, será una manera de mostrar que el fantasma del default ya no asusta tanto a los inversores, que consideran demasiado costoso ceder esos porcentajes en un bono que se cancelará dentro de dos meses. Ahora bien, que el viento despeje algunos nubarrones y asomen algunos rayitos de sol no significa que la tormenta haya quedado definitivamente atrás. La economía real sigue sumergida. Se desconoce hasta qué punto, porque los datos del INDEC son truchos. Pero hay indicios. En lo que va del año, ya hay 80 mil puestos de trabajo que se mantienen en el sector privado formal gracias a los subsidios del Ministerio de Trabajo. Mientras que desde mediados del año pasado se otorgaron 40 mil subsidios más por desempleo. No se sabe qué ocurrió en el sector informal de la economía (el 40% de los ocupados está en negro), pero se cree que las cosas fueron bastante peor. Y tampoco se conoce demasiado qué sucede en el universo de las pymes, que, como dice Hugo Moyano, casi no participan de los acuerdos de sostenimiento de empleo a cambio de subsidios salariales que ofrece el Ministerio de Carlos Tomada. Las ventas de autos volvieron a desplomarse en mayo (-29,5% respecto de igual mes de 2008), en tanto fracasó el plan de estímulo al consumo mediante créditos blandos con fondos de la ANSES lanzado en diciembre.

La recaudación tributaria creció en mayo 12,5%, dos o tres puntos por debajo de la inflación real. Pero, descontando el ingreso de los aportes previsionales que antes iban a las AFJP y el retaceo en las devoluciones de IVA, la mejora es de sólo 7,8%, la mitad de la inflación. En los primeros cinco meses del año la recaudación tributaria total aumentó 14,9%, la mitad de la suba del gasto público en el mismo período. Una señal de que el superávit fiscal se achica velozmente y de que habría que conseguir fuentes de financiamiento externo si no se quiere seguir echando mano a las reservas del Banco Central para pagar vencimientos de deuda.

DOLARIZACIÓN. La fuga hacia el dólar, aunque a un ritmo algo menor, continúa. En 2008 huyeron por la cuenta financiera más de u$s 21 mil millones, todo el superávit de dólares que había ingresado por la ventanilla del comercio, el turismo y otros servicios. Durante este año, el superávit comercial se amplía, por el derrumbe de las importaciones –mayor a la caída de las exportaciones– debido a la recesión. Pero ocurriría algo similar: buena parte de los "dólares comerciales" volverían a escapar de la economía local.

El proceso de dolarización también se observa en las cuentas bancarias: las colocaciones en dólares representan ya el 20% del total de depósitos, cuando hace menos de dos años eran inferiores al 10%. Dicho proceso resta grados de libertad a la política económica para acelerar la salida de la recesión. Por lo pronto, les fija un piso a las tasas de interés, porque si quedaran muy rezagadas frente a la expectativa de devaluación se potenciaría la dolarización. Y acota la capacidad prestable del sistema bancario, cuya fortaleza radica en la regla de que los créditos destinados al mercado interno deben ser en pesos, fondeados por depósitos en pesos.

A diferencia de un año o seis meses atrás, hoy el traspaso al dólar ya no puede explicarse por el atraso cambiario. Como se dijo, la suba gradual del tipo de cambio en el mercado local –más de 20% en el último año–, junto con la apreciación del real en Brasil en el último semestre y el repunte de la cotización de la soja, vuelven a colocar a la Argentina en la carrera de la competitividad. Pero si la dolarización no cesa, es evidente que la desconfianza en la moneda local persiste.

Seguramente, un plan de reconstrucción del INDEC, después de la demolición perpetrada por Moreno, no será suficiente –por sí solo– para recuperar la confianza perdida en el peso. Sin embargo, tal vez sea una manera de empezar a transitar el camino.

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