Sin proyecto, pero con ganas

Las encuestas suplen a las ideas consensuadas en la política neuquina. La interna del MPN camina rumbo a la definición. Se deberá decidir si hay votación o acuerdo negociado. Los tiempos apremian, mientras tanto el sapagismo como el sobischismo tienen razones para ser optimistas.
En Argentina, cada vez que se habla del principio o del fin de un proyecto político, se miente un poco.

Es que, para empezar, generalmente no hay proyectos políticos. Hay, simplemente, una conjunción bastante precaria de deseos personales, ambiciones, conveniencias. No proyecto.

El proyecto necesita consenso social para ser. Es algo más que una idea, o conjunto de ideas: es la encarnación social de esas ideas, un estado superior porque encarna voluntad social, no solo individual.

Los políticos argentinos suelen resolver el tema con una encuesta, y últimamente, con una encuesta de imagen.

Así, ya sea para comenzar, continuar, o eventualmente dar por terminado un ciclo, se recurre a la famosa medición. “Tiene una buena imagen” suele ser la simple frase para encumbrar un candidato. “Mide mejor que fulano”, la frase usada para poner uno en lugar de otro en la lista.

Como para dar un ejemplo concreto, de estas cosas se está hablando en el MPN, el partido provincial neuquino que –como siempre desde 1963- gobierna la provincia.

El MPN debe decidir, en medio del verano recién comenzado, si va a internas para renovar la conducción partidaria. Un poco por imperio del propio proceso de los últimos años, otro poco por acciones concretas provocadas por sus protagonistas principales, la confrontación ha ubicado al actual gobernador, Jorge Sapag, y a quien lo antecedió en el cargo, Jorge Sobisch, como los dos polos de la eventual confrontación.

En el entorno del gobernador, se hace mención a las famosas encuestas para explicar el porqué de la decisión de salir a dar pelea a solo un año de la gestión, cuando el gobierno recién ha mostrado algunas de sus cartas, y los resultados todavía están por verse.

“Sapag saca mucha ventaja en las encuestas”, se ufanan ministros y funcionarios cercanos. “Tiene 60 por ciento de imagen positiva”, confirman.

Desde el otro lado, el sobischismo tiene razones también para el optimismo. “En pocos meses, salimos de perder cinco a cero a empatar el partido”, se comenta. “Lo hicimos definir a Sapag y a que lo ubique a Sobisch como principal contendiente”, sostienen.

Y contestan a las famosas encuestas: “una cosa es la imagen y otra la intención de voto dentro del partido”, afirman, recordando que la interna para cargos partidarios es cerrada, y por ende que votarán solo los afiliados del MPN.

Otros, prefieren recordar que ni Sapag ni Sobisch han lanzado formalmente sus candidaturas, y que –dicen- en la intimidad no reniegan de la posibilidad de una negociación reservada, que posibilite después una salida por consenso.

Entre quienes así piensan está el actual diputado nacional José Brillo, para quien no hay duda alguna de que una interna en esta coyuntura perjudicará al partido.

“Yo prefiero que se llegue a un acuerdo y que se posponga para que se maten todos los que quieran matarse en 2010, cuando no hay elecciones”, dice el Legislador nacional.

No es el único que piensa que una interna es altamente improbable ante un calendario electoral que presionará desde los primeros meses del año. “¿Cómo hacemos para enfrentar una elección en la capital, contra candidatos que miden bien, como Mansilla, por ejemplo?”, se preguntan.

Y sacan a relucir encuestas capitalinas, donde el intendente Martín Farizano y su secretario de Gobierno, Mariano Mansilla, muestran porcentajes que rondan el 30 por ciento de aceptación de parte del electorado.

Sin proyectos políticos, pero sí con mucha ambición y vocación por el poder de una provincia que –aunque su producción petrolera se cae a pedazos- sigue constituyendo una tentación para muchos, lo cierto es que la actividad política no se detendrá durante el verano. Es más, las vacaciones se anticiparon y hubo unanimidad política para tomarlas durante las fiestas, hasta quizá cumplir la primera quincena de enero. A partir de allí, se volverá al trabajo.

Todo esto, en un contexto nacional donde no conviene olvidar que los signos del fin del ciclo Kirchner son cada vez más evidentes, y que una oposición dividida entre ajenos y propios crece de manera incesante, y recorta el objetivo poder del matrimonio presidencial.

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