El proyecto, la pelea, la mística

El proyecto, la pelea, la mística
Por Raúl Dellatorre

Fue un discurso con varios destinatarios a la vez. En su exposición de ayer, Cristina Fernández de Kirchner jugó una carta fuerte, de cara a la sociedad, respecto del compromiso presidencial con la justicia social, con un modelo de desarrollo económico inclusivo y una distribución más igualitaria. Pocas veces, si hubo alguna, lo había expresado en forma tan enfática.

Hacia las entidades rurales, de las que se esperaba el lanzamiento de un cese de actividades en la misma tarde de ayer, dedicó frases que mezclaron un llamado a la responsabilidad con una dura condena a actitudes avaras de “los que más tienen”. Hacia las fuerzas políticas y sociales que acompañan al Gobierno, a funcionarios y militantes, les refrescó que lo que está en juego, lo que se defiende, es un modelo político y social que expresa banderas históricas por las que han luchado por lo menos dos generaciones. En ese marco se expusieron las medidas que fortalecerán los programas sociales, con más fondos y mayor alcance. Pero esta vez, la sensación que dejó el acto en los jardines de Olivos es que el marco y los mensajes superaron, por su trascendencia, a los anuncios.

Las expectativas estaban puestas en las repercusiones y el grado de satisfacción que pudieran alcanzar el conjunto de medidas apuntadas a agricultores familiares, microemprendimientos y pequeñas explotaciones agropecuarias. Productores y campesinos en la categoría de bajos ingresos, pero no en la franja de población rural pobre o indigente. Desde la especulación previa, un alto grado de aceptación podría haber supuesto “un quiebre” en el apoyo rural a las medidas que la Mesa de Enlace iba a anunciar –se descontaba– por la tarde. El acto de Olivos resultó otra cosa, obligando a cambiar las premisas.

La respuesta de la Mesa de Enlace, dejando en suspenso la medida de fuerza a la espera de una convocatoria al diálogo, difícilmente pueda estar motivada en los microcréditos o medidas de inclusión como el monotributo social, anunciados ayer. El clima político en el que se desarrolló el acto, la invocación a la situación de emergencia en Tartagal y un reclamo a la solidaridad con “ese otro rincón de la Patria”, víctima de una tragedia que “siempre destruye las casas de los pobres”, en palabras de la Presidenta, debe haber llevado a la dirigencia rural a una lectura distinta. Y no hay que descartar, aunque desde ambos lados lo nieguen, la existencia de contactos previos y puentes lanzados en busca de un acercamiento.

Fuentes cercanas al oficialismo confiesan que Carlos Cheppi, secretario de Agricultura y Ganadería, trabaja desde hace una semana en un conjunto de políticas que podrían establecer líneas de coincidencia con las entidades de la Mesa de Enlace. Lechería, ganadería, comercialización de trigo y maíz son temas en el que fuentes oficiales admiten, en privado, que hacen falta soluciones sobre todo para el pequeño productor. Se han implementado medidas para cada uno de estos subsectores, como las compensaciones por vía de la Oncca, pero en las más de las veces al pequeño productor no le llegan. Un ejemplo: si se fijó un precio base o piso para la leche y el gobierno nacional destinó ya 3700 millones de pesos en compensaciones (en total para diferentes sectores, desde la puesta en vigencia del régimen), no tiene sentido que haya decenas de tambos chicos que cierren por falta de rentabilidad porque no les llega el subsidio.

Las autoridades del área, al menos, creen que otras medidas como el subsidio al engorde de novillos o la liberación con mayor frecuencia de las exportaciones de maíz y trigo mejorarían el clima con el sector rural y podría facilitar un diálogo que todavía parece lejano. Eso sí: de suspensión de las retenciones a la soja, ni hablar.

Aunque a través del Ministerio de Desarrollo Social, los anuncios de ayer pueden ser un ejemplo de un cambio de orientación en las políticas sociales del Gobierno buscando mayor efectividad: la focalización de las medidas, apuntando a la vía más directa de llegada a quien se elige como beneficiario. Ayer, Alicia Kirchner pudo hacer gala de buena gestión, por cifras de ejecución presupuestaria, por cantidad de beneficiarios y por multiplicación de los recursos aplicados en favor de los sectores más necesitados para hacer viable su actividad productiva. La sola mención de una cifra de 400 mil trabajadores, entre agricultura familiar y cooperativas, da dimensión social al fenómeno.

Desde el área de Economía, algunas de las políticas vinculadas al sector agroalimentario no podrían demostrar igual eficiencia. Ni los subsidios ni las políticas de contención de precios (entre los muchos acuerdos habidos) han conseguido llegar a los beneficiarios como se había propuesto, aunque las cifras macroeconómicas exhiban grandes logros. Focalizar políticas supone la búsqueda directa del beneficiario, no por derivación.

Ayer, la Presidenta dio señales en tal sentido, cuando destacó que “la economía no es la ciencia de los números, es ciencia social”: solucionar los problemas de la gente. No es una obviedad: no todos piensan lo mismo. Durante años, la política económica se disfrazó de ciencia exacta para no alterar el statu quo, para que quienes más tenían más pudieran seguir acumulando. Ayer, el discurso de Cristina Kirchner apuntó a rescatar los valores de un proyecto político que representa un modelo de país, un ideal histórico, las banderas del campo popular.

Habrá quienes descrean de la voluntad de un gobierno que embandera la lucha contra la pobreza como prioridad, pero por otro lado la niega en las cifras del Indec. Pero ayer la Presidenta sintetizó en un solo acto varias experiencias recientes y el aprendizaje adquirido en 14 meses al frente del Ejecutivo, superando esas contradicciones. Culminó, en lo que va de una semana, una visita trascendente a Madrid, por lo que implica la alianza con el país que más inversiones volcó a la Argentina en los últimos años, con el que más relaciones de sangre se tiene y por lo que, en proyección, puede representar llegar con un planteo compartido a la reunión del Grupo de los 20 (2 de abril en Londres). Caminó sobre el barro y las ruinas de Tartagal, rodeada de pibes envueltos en la bandera argentina que, habiendo perdido todo, en vez de reclamar le agradecían. Y ayer convocó a recuperar la mística y el compromiso con un proyecto que necesita que crean en él, pero también espacio de gobernabilidad, transformando “enemigos” en adversarios sentados a una mesa de negociación. Los más veteranos que estaban ayer en los jardines de Olivos así lo comprendieron: terminaron cantando la marcha peronista.

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