Proyecto que incorpora jóvenes con discapacidad al mundo laboral

(General Pico) - A través de la Fundación "De tu mano" se busca incorporar al mundo laboral a personas con capacidades diferentes. Cinco de ellas ya trabajan en distintos rubros. Con el aporte del organismo internacional se compraron herramientas.
Vanina Pellegrino arregla libros, lleva registros y realiza tareas administrativas simples en la biblioteca de la Escuela 12. Stefanía Fernández y Cristina Fogel son repositoras en un supermercado donde, además, etiquetan la mercadería. Cristian Pereyra y Teresa Pizarro colaboran en un comercio de venta a granel. Los cinco jóvenes con discapacidad se han incorporado al mundo laboral de General Pico con el seguimiento de los docentes de la Fundación "De tu mano". Tres veces por semana asisten a su compromiso laboral y dos días lo ocupan en la parte terapéutica. Las docentes, Belkis Carreño y Natasha Vitale son las responsables de supervisar las labores.

"Es fundamental la tarea de contención que se realiza a través de las pasantías en los comercios y es conmovedor ver cómo les cambia la vida a ellos y su familia", dice Adriana Alvarez directora de la institución, creada en 2006. La entidad viene desarrollando un proyecto que fue seleccionado por el Banco Mundial como un ejemplo de solidaridad y de auxilio social.

Durante el año anterior, siete instituciones de Argentina fueron elegidas bajo la consigna "Los jóvenes hacemos la diferencia". Una de ellas fue "De tu mano", que a través del proyecto intenta abordar la carencia de espacios de contención para los jóvenes con discapacidad, que egresan con la edad de 18 años de las escuelas especiales de General Pico. Se considera imprescindible que puedan obtener un lugar en la sociedad, "como actores y transformadores".

El Banco Mundial aportó cinco mil dólares que fueron destinados a la compra de herramientas para los diversos talleres de formación que se dictan en la fundación. Alvarez destacó el seguimiento y el compromiso del organismo internacional a través de sus representantes en el país.

"Los chicos con discapacidad una vez que termina la etapa en las escuelas, quedan sin rumbo, casi a la deriva. Por eso es fundamental la contención posterior y el trabajo en conjunto con la familia", explica Adriana, mientras hace hincapié en la necesidad de que la comunidad incorpore los derechos de las personas con discapacidad a la vida cotidiana.

Brazos solidarios.

En la fundación son 24 los jóvenes que asisten a diario. En su mayoría de General Pico, pero también de otras localidades, como Intendente Alvear, Dorila, Realicó y Caleufú. Detrás de ellos hay una larga lista de espera de otros chicos que esperan un lugar, algunos de ellos derivados por determinada patología.

Alvarez define el trabajo del equipo interdisciplinario como "silencioso". Allí confluyen profesores de educación física, sicólogos, kinesiólogos, fonoaudiologas, asistentes sociales, cinco docentes y hasta una profesora en juegos teatrales. Todos en busca de un objetivo solidario y social.

Los jóvenes, a través de las capacitaciones que reciben, luego vuelcan sus conocimientos a distintas entidades: Han realizado trabajos en escuelas y jardines de infantes. "La respuesta de la comunidad educativa fue excelente", dice Alvarez al definir el intercambio institucional.

No sólo los establecimientos educacionales se mostraron abiertos. En el relevamiento realizado en la actividad privada fueron muchos los empleadores que manifestaron la voluntad de incorporar jóvenes con discapacidad al trabajo. De manera llamativa, el estado fue el más reticente a la incorporación y cerró las puertas al proyecto.

La profesional explica que la fundación ha recibido otros aportes de organismos o entidades internacionales y recuerda que para financiar el trabajo solidario que día a día construyen realizan desde rifas hasta peñas. A veces, los brazos de la solidaridad suelen extenderse en todas las direcciones, más allá de cualquier barrera.

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