Un proyecto audaz y coraje para aplicarlo

Por: Rodolfo Terragno

HISTORIADOR, EX JEFE DE GABINETE Y EX SENADOR, AUTOR DE "LA ARGENTINA DEL SIGLO 21"

El Bicentenario no puede ser apenas una efemérides. Tiene que ser el inicio de un proyecto audaz; tan audaz como el de 1810.

Eso requiere, ante todo, coraje. Se lo necesita para desafiar intereses creados y prejuicios enraizados en la sociedad.

Los siguientes son cuatro puntos para un borrador del proyecto:

1 - No habrá equidad social sin impuestos justos y un Estado diferente. La inequidad es la madre de males infinitos, incluida la inseguridad. Está probada la correlación entre delito e injusta distribución del ingreso.

La Argentina tiene, según el índice GINI, una brecha muy amplia entre ricos y pobres. Es posible reducirla por acción del Estado, que en las sociedades más equitativas se lleva -sobre todo con ese fin- entre 40 y 50 por ciento del PIB. En la Argentina, el Estado toma sólo 23; pero el problema no se reduce a que sus recursos sean escasos.

El Estado cobra, más que impuestos, "peajes" (IVA, cheque, retenciones), que deben pagar -por igual- el pobre y el multimillonario. No tiene, además, transparencia. Su productividad es muy baja. Despilfarra. No devuelve lo que percibe en bienes y servicios de calidad. Para tener un país más justo, se requeriría mayor ingreso fiscal; pero con otro régimen tributario y una completa refacción del Estado.

2 - Premios a la inversión, la innovación y las exportaciones. La equidad debe alcanzarse sin desalentar la inversión.

En el campeonato mundial de la justicia social, la medalla de oro se la llevan los países nórdicos, que aplicaron el socialismo democrático; la de plata es para los de Europa septentrional, modelados por el comunismo; y la de bronce para Alemania, Francia y Gran Bretaña, que siguieron el "capitalismo con rostro humano" de la socialdemocracia o la democracia cristiana.

Todos esos países son industrializados. Se ocuparon tanto de lograr el equilibrio social como de fomentar la inversión. La Argentina demanda un sistema tributario que grave fuertemente las ganancias no reinvertidas y la renta financiera (hoy exenta), pero otorgue premios fiscales a la innovación, el valor agregado y las exportaciones.

3 - No permitir que la economía sea paralizada por el "ecologismo salvaje". La ecología hace grandes contribuciones a la Humanidad. Ha puesto fin al "capitalismo salvaje", que atentaba contra el medio ambiente y la salud humana.

Como subproducto, apareció un "ecologismo salvaje". Es el que no se limita a exigir que el Estado regule, controle y neutralice los efectos nocivos de la industria petrolera, la minería, la energía nuclear, la química, la hidroelectricidad, la ingeniería genética o las autopistas. Semejante ecologismo a ultranza pretende prohibirlo todo. Si se aceptara su dogma, la Argentina quedaría condenada al atraso y la miseria.

4 - La educación tendrá que basarse en el esfuerzo y la exigencia. Hoy el sistema educativo exhibe: exigencia moderada, disciplina lábil, docentes mal pagos y paso automático de la enseñanza media a la universidad.

No debe ser muy bueno el sistema porque la OCDE -que evalúa a alumnos de 15 años a través de pruebas de lenguaje, matemáticas y ciencias- tiene ubicada a la Argentina en el 52° lugar, dentro de una lista de 57 naciones. Finlandia -el país tiene la mejor educación del mundo- ofrece ideas a imitar. La gratuidad es absoluta, pero no hay complacencia ni promoción automática. La escuela es exigente, con los docentes y con los alumnos. Esto últimos no tienen acceso garantido a la educación superior: llegan (masivamente) gracias a la excelente formación que reciben en los nivele previos.

La Argentina tiene que invertir más (mucho más) en educación; pero no en la que hoy tiene. Necesita una enseñanza más sistemática y rigurosa.

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