En los próximos dos años Rosario será sede de 15 eventos internacionales .

En el marco de una crisis internacional que por momentos ofrece más dudas que certezas, Rosario ya fue confirmada como sede de 15 eventos internacionales para los próximos dos años.
Congresos, ferias, megamuestras y hasta torneos deportivos que implican el arribo de un turismo específico caracterizado por gastar hasta tres veces más que el convencional durante nueve meses. Una actividad económica que crece al compás de los cambios culturales en un mundo cada vez más consumista y que en la ciudad implica una estructura de servicios que alberga a más de mil empresas de toda índole y cerca de 20 mil puestos de trabajo directos.

Fuentes del sector coinciden en señalar que la organización de eventos crece sostenidamente desde 2002. Si bien no hay aún estadísticas que lo demuestren, hay indicadores a simple vista como el desarrollo de inversiones en infraestructura a tal fin: si bien los grandes predios todavía son incipientes, ya es una realidad que el rubro hotelero prioriza cada día más en su oferta las salas para reuniones o convenciones.

Pero así como los predios y salones también sirven como ámbito para reuniones profesionales o de negocios, también lo son para celebraciones. Desde el catering hasta la pantalla de video, una convención de bioingenieros, la fiesta de fin de año de una empresa y un casamiento comparten una estructura de servicios y proveedores cuya organización se viene profesionalizando desde hace tiempo.

Este año Rosario será sede de al menos 25 eventos, entre ferias y convenciones tanto locales como nacionales e internacionales. Se calcula que cada uno implica la llegada de entre 700 y 1.200 turistas que estarán un promedio de tres días en la ciudad sin importar la estación del año. Se dice que como esos visitantes, llamados "turistas de negocios", suelen venir con muchos gastos pagos, su paso por la ciudad reporta más dividendos al comercio.

Se estima que un asistente a un evento nacional deja 200 dólares diarios, el doble que un turista de ocio. Esa cifra puede trepar hasta 450 dólares cuando la convocatoria es internacional. Ese dinero es el movimiento que implica para las empresas de servicios afectadas por esa estadía, así como para el comercio particular. Son apenas indicadores —recién ahora el sector está empezando a preparar estadísticas— de lo que implica la actividad caracterizada por vincular muchísimos rubros, desde la gastronomía hasta el espectáculo, el transporte y la hotelería.

Este movimiento hizo proliferar empresas de toda índole que trabajan en torno a los eventos. En la región ya son una veintena las que se dedican a la organización y coordinación, mientras que más de 1.200 proveen los servicios que van desde el canapé hasta la pantalla de video. Varias se fueron reconvirtiendo en los últimos 20 años, pero crecieron en la última década, y muchas son desprendimientos de otras.

Algunas son directamente hijas de esta prolífica actividad, como las que se encargan de sistematizar las acreditaciones y los accesos, o quienes se dedican al desarrollo de los stands, que en algunas muestras pueden llegar a costar hasta un millón de pesos. La comunicación como rubro está presente en servicios de relaciones públicas, publicidad, imagen corporativa, prensa, diseño gráfico y web y el comercio electrónico. La arquitectura aparece en la ambientación, cartelería, mobiliario y señalización. Y también hay muchos emprendedores que se encargan de las cuestiones delogística o técnica como puede ser sonido, iluminación y video, traducción e interpretación simultánea, traslados, catering, alquiler de sanitarios y hasta actividades turísticas.

"Las empresas se van profesionalizando al entrar a competir con otras nacionales e internacionales. Hay inversiones fabulosas en este campo y nada puede quedar librado a la improvisación", explicó Raúl Bianchi, dedicado al diseño de stands y actual presidente del Rosario Convention & Visitors Bureau.

Nuevos y viejos ritos. Pero no sólo del turismo de negocios se alimenta este sector, sino también de otras tendencias culturales que se manifiestan en una graduación de estudiantes secundarios o el casamiento de una vedette: las fiestas. "Después de la depresión del 2001 la gente empezó a festejar con más fuerza, como si la premisa fuera «lo que tengo me lo gasto». Así resurgieron las bodas y crecieron los festejos y reuniones empresariales, desde desayunos de trabajo hasta viajes de incentivo. Eso movilizó el espectro de servicios", opinó Gabriela Mahy, directora de la revista Azahar.

El por qué. La pregunta del millón ya parece haber sido formulada desde el propio sector: "¿Por qué explota la actividad de los eventos sociales si todo el mundo ha festejado desde siempre?", se pregunta retóricamente Blas Tizón, de la organizadora de fiestas y eventos Bet & Asociados. Y responde: "Este nicho se basa en nuevas profesiones, lo que en Estados Unidos se llama party planner, que no es otra cosa que un organizador de ritos. Con el tiempo, la convergencia de etnias y religiones confluye en una sumatoria de ritos que convierte a los eventos en maratones".

En ese combo se van agregando nuevas costumbres asociadas al consumo y a lo perceptivo que van complejizando los eventos, cuando una chica de 15 o un matrimonio pretende cumplir con los requisitos sociales de la era del zapping. "La tecnología incorpora cosas a la vida cotidiana y los eventos son una franja más de ese consumo. Ya no basta con la torta y el vestido, hace falta un profesional que maneje la complejidad de un evento", explicó Tizón, lejos de aquellos tiempos en los que el festejo se organizaba pidiéndole a una vecina el teléfono del salón donde había hecho el cumple de su hija mayor.

Comentá la nota