Provocar la reflexión

El cúmulo de situaciones que durante los últimos días nos han atravesado a los habitantes de Ushuaia nos demuestra que va siendo tiempo de comenzar a plantearnos un nuevo paradigma como sociedad.
Días atrás, en mesa de amigos intercambiábamos ideas respecto de la concepción que cada uno de nosotros, como habitante de esta ciudad, tiene respecto de la forma en que deberíamos funcionar como sociedad. Ese por momentos apasionado debate me presentó una imagen que, por repetida, perdió todo impacto y que precisamente es el hecho de quedarnos en el "qué habría que hacer" sin efectivamente hacer nada. Cuántas veces hemos sido o bien protagonistas o bien espectadores de eventos en los que nuestros gobernantes a pesar del desbordante caudal de buenas intenciones que suelen plasmarse en documentos, que previa ratificación del correspondiente poder legislativo encienden las esperanzas de haber encontrado el principio de solución a tal o cual problema, sólo quedan en eso, en buenas intenciones que suelen quedarse en nada.

Es así como el golpe de efecto que la realidad inexorablemente cada tanto nos propina, nos pone en caja y provoca la reflexión, en serio.

Hasta hace unos días el potencial problema del suministro de agua potable en Ushuaia era "ninguneado". Claro, bastó que la situación fuera superada por la realidad y que bastos sectores de la ciudad dejaran de contar con el vital elemento durante días para que el tema adquiriera relevancia superlativa y los responsables gubernamentales pusieran barbas en remojo y comenzaran a moverse para ver de dónde se obtienen las fuentes de financiamiento para desarrollar la solución pertinente, la que dicho en términos de oportunidad y conveniencia obviamente no será todo lo eficaz que podría haber sido si el tema se hubiese desarrollado conforme una real y efectiva planificación.

Hasta hace unos días el tema del "puente del Pipo" que presentaba un potencial riesgo de transformarse en un dolor de cabeza ya que es el único nexo entre los barrios ubicados al sur de la ciudad y ésta, era "ninguneado". Claro, bastó que la situación fuera superada por la realidad para que las autoridades municipales pusieran barbas en remojo y se abocaran a encontrar la forma de dotar tal vía de conexión con la infraestructura adecuada, esa misma que a pesar de los discursos políticos de ocasión lleva bastante más de una década de desatención, y que dicho en términos de oportunidad y conveniencia obviamente no será todo lo eficaz que podría haber sido si el tema se hubiese desarrollado conforme una real y efectiva planificación.

En fin, como decía al principio creo que este tipo de situaciones debe servirnos para provocar reflexión. En realidad estoy seguro de que coincidiremos en que no será necesario que la caca nos tape para acordarnos de que otro tema que está siendo "ninguneado" es precisamente el de la colapsada red cloacal de la ciudad.

Sería lamentable y hablaría muy mal de nosotros como sociedad si en un futuro no muy lejano debamos consolarnos, ante un nuevo golpe de realidad, con un lastimero "no hagan olas".

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