Provincias, divididas entre las que pueden pagar sueldos y las que no

¿Y vos cómo podés ayudarnos?, dice Randazzo a los gobernadores.
Por M. Montenegro. Unos meses atrás, antes de las elecciones del 28 de junio, fui a la Casa Rosada a entrevistarme con un ministro del Gabinete nacional con el fin de chequear cierta información. En la antesala del despacho ministerial me encontré con la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, quien ya llevaba media hora esperando que se abriera la puerta. Ingresé a la entrevista sólo algunos minutos más tarde de lo pautado, y cuando salí, hora y pico después, la gobernadora todavía aguardaba, con paciencia zen.

Esa imagen me recordó cuando, a mediados de los noventa, gobernadores de provincias "chicas" –menos La Rioja, obviamente– hacían banco para ser recibidos por los funcionarios de tercera línea que en aquel entonces monitoreaban las cuentas provinciales. Sólo a veces, para amenizar la eterna espera, un asistente del funcionario nacional les ofrecía café o gaseosa. Mientras, gobernador –y asesores– se entretenían leyendo alguna revista, como quien pidió turno con un médico desbordado de pacientes.

El caso del radical Ricardo Colombi –el gobernador electo de Corrientes que a pocas semanas de asumir se abrazó con Néstor Kirchner, ejercitó una pirueta en el aire y respaldó la candidatura de Néstor o Cristina para el 2011– reconoce una larga tradición.

Con la billetera flaca, los gobernadores no se distinguen por su afiliación partidaria. La raya se traza entre los que pueden pagar los sueldos y los que requieren del auxilio de la Nación para cumplir con sus empleados a fin de mes. "Cuando la guita no alcanza para los salarios públicos, no hay diferencia política o ideológica que valga", suele decir, con pragmática resignación, un mandatario provincial.

"¿Y vos qué podés hacer por nosotros?", es la pregunta habitual del ministro del Interior, Florencio Randazzo, cuando un gobernador lo llama con la esperanza de que le arrojen un salvavidas. Julio De Vido, Aníbal Fernández y hasta el titular de la ANSES también colectan solicitudes. Ahí recién se inicia la negociación. La última palabra siempre es de Kirchner.

Carlos Corach y Domingo Cavallo fueron pioneros en el arte de "negociar" con gobernadores mendicantes. Con los llamados Pactos Fiscales, se transfirió el gasto en salud y educación a las jurisdicciones provinciales, sin los correspondientes recursos. También se condicionó el endeudamiento provincial a la autorización de la Nación, sellando la dependencia de las administraciones del interior. Desde entonces, las provincias destinan más de la mitad del gasto al pago de salarios, y una porción cada vez mayor de las obras públicas se construye sólo gracias a las transferencias desde Nación.

El actual secretario de Hacienda kirchnerista, Juan Carlos Pezoa, conoce bien el asunto. Ex hombre de confianza de Cavallo (oriundo de San Francisco al igual que el Mingo), durante la primera etapa del menemismo fue clave en la aplicación de la estrategia de la zanahoria y el garrote desde la Subsecretaría de Relaciones Económicas con las Provincias. Hoy la firma de Pezoa es imprescindible para destrabar fondos de obras públicas o "transferencias no automáticas" a los gobiernos del interior. No es difícil imaginar por qué este cordobés todoterreno es uno de los funcionarios que más comunicaciones de Olivos atiende por día.

Dependencia. Desde 2003, la dependencia del gobierno central se potenció. La administración K apostó a la recaudación de ingresos no coparticipables (seguridad social) o que se coparticipan en una mínima fracción (retenciones, Impuesto al Cheque). Mientras que, por las "reformas" de los noventa, los ingresos propios cubren una porción menor del gasto público provincial.

Según el blog "Finanzas Públicas", un primer grupo de provincias (Formosa, Catamarca, La Rioja, Jujuy, Chaco, Santiago del Estero) apenas costean alrededor del 10% de sus gastos con recursos propios. Un segundo grupo (Chubut, Entre Ríos, San Luis, La Pampa, Río Negro, Tucumán) cubren alrededor del 20 por ciento. En tanto, un tercer pelotón (Córdoba, Mendoza, Santa Fe) llega a solventar entre el 25 y 30% con recaudación propia. En el caso de la provincia de Buenos Aires, se eleva al 40%. La excepción es la Ciudad de Buenos Aires, que financia más del 75% del gasto con tributos locales.

FMI K. Cada tres meses, las administraciones provinciales cursan a la Secretaria de Hacienda unas planillas con el "esquema ahorro e inversión" de sus cuentas. Es un requisito del Programa de Asistencia Financiera (PAF), con el que la Nación refinancia todos los años el 80% de los vencimientos de capital de los ex préstamos garantizados, que en los noventa las provincias contrajeron con bancos privados. Tras la devaluación esa deuda fue asumida por el Estado nacional, que se transformó en el mayor acreedor de los estados provinciales.

La administración K se convirtió así en una especie de FMI para los gobernadores. Repasemos las cifras que monitorea el Fondo Monetario provincial, con sede en la Secretaria de Hacienda del Ministerio de Economía. Tal vez sirvan para interpretar las actitudes recientes de algunos dirigentes políticos. Con información actualizada al 13 de noviembre último, los técnicos de Pezoa proyectan los siguientes números para el cierre de 2009:

Buenos Aires. El resultado financiero de la provincia (después del pago de intereses de la deuda) muestra un déficit con un piso de 6.150 millones de pesos. Es un rojo que equivale al 12% del total de ingresos (de origen local y coparticipados) de la provincia. Y a tres meses de la nómina salarial. El bache se cubriría con préstamos por 4.950 millones de Nación. Y un aumento de la "deuda flotante" (se posterga el pago de servicios con proveedores) por más de $ 2.000 millones. Si Scioli lograra colocar nuevos títulos públicos propios antes de fin de año, entonces la asistencia desde Nación sería menor. Pero si la Rosada le soltara la mano, el optimismo innato del gobernador no alcanzaría para abonar los sueldos y el medio aguinaldo de diciembre.

Córdoba. La provincia muestra un déficit financiero, como mínimo, de unos $ 700 millones. Y este año también barrerá bajo la alfombra más deuda flotante con proveedores. Las señales de rebeldía de Juan Schiaretti se atenuaron con el correr de los meses, a medida que se acerca fin de año. Es lógico. Depende de la refinanciación de deudas de la Nación.

Corrientes. El año cerraría con un déficit financiero de $ 44 millones. Pero agrandará la deuda flotante por 216 millones de pesos. Es un monto equivalente a un mes y medio de pago de salarios. La clave de la relación con la Nación pasa por dos vías. Por un lado, si la Secretaría de Hacienda autorizara la transferencia de fondos para obras públicas previstos en el Presupuesto 2010, la provincia sería muy beneficiada: recibiría 540 millones en obras construidas por la Nación y otro tanto de recursos para obras dirigidas por la gobernación. Por otro lado, como la mayoría de las provincias chicas, sólo el 10% del gasto provincial se financia con recursos propios. Si a Kirchner se le ocurriera demorar las transferencias de la coparticipación, Ricardo Colombi no llegaría a fin de mes.

Chaco. Concluiría el año con un déficit financiero de más de 300 millones de pesos. Como la mayoría de las administraciones, elevará la deuda flotante en otros $ 300 millones. Y depende, obviamente, del programa de asistencia financiera. Pero el gran incentivo de Jorge Capitanich para continuar pegado al matrimonio presidencial son las promesas incluidas en el Presupuesto 2010, Según figura en la famosa "planilla de la felicidad" (un anexo con el listado de proyectos de infraestructura en todo el territorio nacional), Chaco acapararía transferencias de capital para construir obras por $ 981 millones, un monto comparable con lo que recibirían provincias grandes como Córdoba y Santa Fe.

Chubut y Salta. Ambas provincias están en el selecto club que finalizará el año con superávit. Tampoco incrementarán la deuda flotante, postergando pagos, como forma de financiamiento. Esos números tal vez explican por qué el gobernador Mario Das Neves se lanzó a enfrentar a Kirchner tras la elección de junio. Mientras, Juan Manuel Urtubey empezó a enviar sorpresivas señales de alejamiento del redil oficialista. Sin embargo, Das Neves sufre por estos días el congelamiento de transferencias de capital para costear obras comprometidas con la provincia. Y el mismo riesgo corre Urtubey: si pretende tomar distancia de la Rosada, deberá abstenerse de cortar cintitas en los próximos dos años.

Santa Fe. según las cuentas del Ministerio de Economía, la provincia mostraría un déficit financiero de 790 millones de pesos. Se financiaría con la liquidación de ahorros propios, créditos de organismos internacionales e incremento de la deuda flotante. Por ahora, Hermes Binner lograría eludir la Kirchner-dependencia.

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