Provincia pobre; pobre provincia

Por PETROFF de la Redacción

La naturalidad con la que los candidatos y frentes desplegaron sus aparatos clientelares el pasado 13 de septiembre hace temer que Corrientes tendrá batallas intestinas por el poder por muchos años más. Me atrevo a decir que entre campañas y dádivas, los tres aspirantes a la Gobernación hubieran podido reponer el PAF que ellos mismos, por esas confrontaciones "a muerte" con la vista puesta en las elecciones, voltearon en 2008. Y falta todavía una segunda vuelta. ¿De qué dignidad y planes estratégicos hablaron el último viernes los postulantes al balotaje?

Se dirá que en una provincia tan estancada, económica y culturalmente, es imposible el proselitismo en otro nivel. Sin embargo, ni siquiera con ese dispendio de dineros ¿espurios? se lograron objetivos. Como si la gente le hubiera picado el boleto. Ya no se compran buzones así porque sí. En criollo, se recibió la limosna pero en el cuarto oscuro se actuó con autonomía.

Esto estaría marcando, si se quiere, una maduración del electorado. Por algo se empieza. Lo que es de esperar en un futuro ojalá no tan lejano, es que tampoco se acepten la doble moral, el enriquecimiento ilícito (esa nefasta complacencia para soportar que el que hace gárgaras algo traga) y el apriete para conservar el poder como algo ya inmanente a la política.

Mucho se dice acerca de lo histórico de que dos candidatos se hayan juntado en una jornada -loable iniciativa de una asociación civil- para exponer sus propuestas. La sorpresa ante este hecho nimio para una democracia real es proporcional a nuestra noción del sistema. No se puede obviar que dos dirigentes que dicen estar trabajando por el bienestar general no se miraron, uno estrechó su mano a cara de perro y ninguno tuvo la gallardía de aceptar que perder una contienda electoral no debe vivirse como una tragedia, sino como el juego mismo de esta forma de gobierno que abrazan todos los argentinos. Los enconos personales y su calidad de primos sería anecdótico si al menos hubieran dado estas demostraciones de cortesía que, como bien dice el refrán, no quitan lo valiente.

Temerle al debate es temerle a la democracia. U odiarla. Renegar de ella es, lisa y llanamente, odiar el veredicto de las urnas, el disenso y que algunas decisiones, pese a que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes, deben ser tomadas en base a lo que la sociedad reclama por distintas vías.

¿En qué punto del camino se volvió a extraviar el pueblo correntino que repite la personalización más obscena de dos proyectos políticos? ¿Y cuándo se escindieron esos proyectos que una vez fueron uno? ¿Fue Ricardo o fue Arturo el responsable de la bifurcación? La fragmentación del voto en los últimos comicios indican que cualquiera sea el derrotado en el sabio mecanismo del balotaje, tendrá detrás de suyo una porción del electorado que tiene tanto derecho como los "ganadores" a vivir en una provincia más justa. ¿O acaso habrá que esperar sólo la revancha como forma de disciplinar a los que optaron por una u otra variante en esta interna radical que dirimiremos todos los correntinos?

La política correntina ha vuelto a "bocariverizarse" de un modo inimaginable, y todos somos un poco responsables. Porque la forma de encolumnarse con el nuevo "jefe", en este caso, no es señal de que se imantan las voluntades por medio de la persuasión ni de consenso generalizado. Será, apenas, un serio indicio de lo arraigado que está el caudillismo en la sociedad. Y ese pensamiento subsidiario tan retrógrado de que un solo hombre puede curar todos nuestros males. Hundirnos o salvarnos. Qué insensatez.

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