En la provincia se denuncian unos 130 casos de abuso por año

El número de casos duplica los que se denunciaban hace una década. El 80% son abusos intrafamiliares, cometido por un allegado a la víctima.
La justicia provincial recibe por año unos 130 denuncias por abuso sexual, promedio que se mantuvo durante los últimos tres años, según consignaron fuentes tribunalicias y la Dirección de Política Criminal de la Nación.

Las denuncias corresponden a todo el territorio provincial y representan más del 100% de las que se radicaban hace una década.

Las mismas fuentes indicaron que al menos 8 de cada 10 casos de abuso sexual son intrafamiliares, es decir, cometidos por el padre, padrastro, guardador o allegado a la familia de la víctima. En Catamarca son muy pocos los episodios en los que víctima y victimario son extraños.

A las estremecedoras cifras reveladas hay que agregar que, históricamente, sólo un tercio de los casos reales son llevados a la justicia. La mayoría de ellos no trascienden los muros de la intimidad por vergüenza o, en la mayoría de los casos, por dependencia económica del grupo familiar con el victimario.

Sin embargo, en los últimos años la difusión pública de casos actuó como un disparador de conciencia, incluso en zonas rurales, donde el incesto es casi una costumbre muy arraigada, abonada por la ignorancia.

Muros adentro

En días pasados El Ancasti informó sobre un caso tan estremecedor como frecuente: el de una niña de entre 5 y 7 años de edad que fue obligada en varias oportunidades a mantener sexo oral por parte del concubino de su madre.

El caso llegó inicialmente a la justicia por una denuncia de la madre de la menor, aunque posteriormente la mujer se presentó formalmente para retirar la acusación. En esa instancia, la Justicia de Menores dispuso que la menor sea entregada a su padre biológico, que posteriormente ratificó la denuncia original.

El caso se vuelve más estremecedor cuando se conoce la forma en que la niña rompió sus temores y narró lo que le sucedía. Con frecuencia huía de su casa en el barrio Eva Perón y, tras cruzar toda la ciudad, se refugiaba en la vivienda de su abuela, en el barrio Santa Marta, al sur de la ciudad. Justamente su madre se enteró de lo que le sucedía a la niña cuando le preguntó por qué huía de su casa: para evitar seguir siendo abusada por su padrastro.

Se trata de un caso testigo del tipo de abusos que, lamentablemente, se reproducen con mayor frecuencia.

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