El "protocolo" de la Iglesia evitará que Cristina se cruce con Cobos

Gracias a un minué ceremonial, la Presidenta tampoco compartirá el palco con Bergoglio.
La organización de la misa que se oficiará mañana en Luján al cumplirse 30 años de la intervención del recordado Papa Juan Pablo II en el conflicto con Chile por el canal de Beagle llevó a la Iglesia a ejercitar toda su astucia protocolar para no quedar atrapada en la pelea entre el matrimonio presidencial y el vicepresidente Julio Cobos.

Pero, a la vez, los obispos intentan no renunciar al carácter plural e integrador de la ceremonia que el Episcopado quiere imprimirle. Ni tampoco sobreactuar la mejora en el vínculo, cuanto menos formal, entre la presidenta Cristina Kirchner y el jefe del Episcopado, cardenal Jorge Bergoglio.

Tras la confirmación, hace dos semanas, de la presencia de la presidenta Cristina Kirchner, el anuncio de que Cobos también será de la partida, obligó a la Iglesia a extremar la prudencia. Sobre todo, después de que en los últimos días Néstor Kirchner renovó sus duras críticas al vicepresidente que tuvo un "voto no positivo" contra las retenciones móviles al campo.

Por lo pronto, el Episcopado -ante una consulta de Clarín- dijo formalmente que la ubicación de las autoridades en el templo correrá por cuenta del protocolo presidencial. Es que la irritación del kirchnerismo con Cobos es tal que llegó a decirse que se había acordado con el Episcopado ubicarlo lejos posible de la mandataria.

"Lo único que quedó claro es que la presidenta estará delante de todos, como corresponde al protocolo", dijo una fuente eclesiástica. Y agregó: "Lo demás debe resolverlo el protocolo presidencial, pero suponemos que se hará de acuerdo a la jerarquía de los mandatarios y funcionarios".

Aunque no lo dijo, debe suponerse que el vice debe estar en segundo lugar. Pero, para que no se interprete que la Iglesia quiere incomodar al kirchnerismo, el Episcopado se contactó esta semana con el titular alterno del Senado, José Pampuro, y el presidente de la cámara de Diputados, Eduardo Fellner, para invitarlos especialmente.

En medios eclesiásticos, se aclaró que las invitaciones cursadas por el Episcopado siguieron el criterio de abarcar a las principales autoridades de los tres poderes, más los gobernadores y el jefe de Gobierno porteño.

Como también, se invitó a las entidades empresariales y sindicales que vienen debatiendo propuestas de políticas de Estado con la Pastoral Social. Entre ellos, se cuentan la UIA. CAME, la CGT, la CTA e, incluso, las cuatro entidades del campo, cuya presencia constituirá otra presencia molesta para el oficialismo. Se cree que no serán pocos los dirigentes del agro que asistirán.

Ya se sabe que Bergoglio -que presidirá la misa- cederá la homilía al presidente de la Pastoral Social, Jorge Casaretto, llevando tranquilidad al kirchnerismo, siempre temeroso de los sermones del cardenal.

Pero Bergoglio parece no querer exagerar la cercanía con Cristina que le permitirá la ceremonia. Por eso, no compartirá con ella la tarima levantada en las escalinatas de la basílica, de cara a plaza, desde donde hablará Cristina al término del oficio. Estará acompañada sólo por el Nuncio Apostólico, Adriano Bernardini, y el arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani.

Desde el punto de vista religioso, es un contrasentido que oficialistas y opositores compartan una misa sin, por lo menos, un gesto a favor de deponer rencores.

Por eso, el vocero del Episcopado, padre Jorge Oesterheld, acaba de decir a los periodistas: "En toda eucaristía, Dios nos llama a vivir como hermanos reconciliados y cada vez que la celebramos lo hacemos con la esperanza de que sea realidad".

¿Una utopía?

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