Dos protagonistas inesperadas, en medio de una sesión tumultuosa

Dos protagonistas inesperadas, en medio de una sesión tumultuosa
Una, estuvo en las negociaciones y apuró el debate. La otra lo condujo, a pesar de la tensión.
"Resulta afirmativo. Queda aprobado". Eran las 22.39. La que hablaba era Pinky. Esta vez, aparecía en todos los televisores por un pirueta del destino. La famosa locutora de los 60 es ahora la diputada de mayor edad del Congreso. Y, por eso, presidió una sesión histórica: la que empezó a marcar un antes y un después. La curva descendente del kirchnerismo.

Habían pasado poco más de tres y horas y media desde que otra mujer, la diputada Graciela Camaño ingresó al recinto. Sus colegas la empezaron a aplaudir. Pocos sabían lo que pasaba. Camaño había estado en las negociaciones previas y ya sabía que Néstor Kirchner, una vez más, había llevado las cosas al límite: hizo dejar la silla de la Presidencia de la Cámara vacía. También las bancas de su bloque. Una vez más, la institucionalidad en vilo. Una vez más, el borde.

Camaño empezó a marchar entre las bancas con pasos cortos pero rápidos. Ocupó la silla vacía de la Presidencia y sorpresivamente dio por iniciada la sesión "en mi condición de presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales". Lo dijo con tono duro.

Minutos después, Pinky ocupaba su lugar e invitaba a Camaño a izar la bandera. Ahora, los aplausos que acompañaron el ingreso de Camaño al recinto mutaron en insultos: eran las barras kirchneristas que habían copado las bandejas. Eso sí: con invitación. La diputada -que no hace tanto le dio un portazo en la cara al kirchnerismo- se acercó al mástil. El insulto que se escuchó más nítido fue un anacrónico "vendepatria". Desde el oficialismo ya se había hecho correr la voz, tal vez para meter miedo de antemano: no iban a dejar hablar a la locutora-diputada. Imperturbable, Pinky pidió silencio. Dijo que se estaba ante un acto solemne. Y logró el silencio. En realidad, mucho no improvisaba: había practicado en su casa con algunos diputados, entre ellos, Patricia Bullrich. Así, fue sobrellevando un sesión tumultuosa que incluyó gritos, papelitos, cantos ("Patria sí, colonia", fue el que más se escuchó, mientras Kirchner se dedicaba a lanzar besos al auditorio). También, le mostró la fusta a varios de sus colegas: "Diputado, cuando usted habló, yo pedí silencio..." amonestó en un momento. Escuchó imperturbable el extraño discurso de la chaqueña Sandra Mendoza, ex esposa del gobernador Jorge Capitanich, pleno de imputaciones contra una sesión que arrancó a los tumbos y de la mano de Lidia Satragno y Graciela Camaño pudo llegar a su fin.

Atrás, lejos, muy lejos en el tiempo quedaron aquella joven peronista que se recibió de maestra en los 70 y abrió una boutique en San Martín. Atrás, también, quedó aquella locutora, la de "El pueblo quiere saber" ese programa que conducía Pinky con Lucho Avilés y al que alguna vez fue hasta el propio José Ignacio Rucci. Es probable que aquella maestra peronista haya estado frente a la pantalla viendo a Rucci en su boutique de San Martín. Pero ayer, Pinky y Camaño estuvieron frente a frente. Y esta vez, las dos, fueron protagonistas inesperadas.

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