Prosumidores: del panel solar al negocio de la energía inteligente

Prosumidores: del panel solar al negocio de la energía inteligente

La ley de Generación Distribuida de Energía Renovable permite a cualquier mendocino producir su propia energía en casa e, incluso inyectar el sobrante a la red con el consecuente beneficio económico en lo individual y ambiental en lo social. La ecuación financiera, sin embargo, retrasa el futuro.

Hoy, la legislación vigente permite a los mendocinos no solo generar la energía que consumen en su hogar a través de paneles solares, sino además inyectarla a la red para venderla en un movimiento de doble impacto positivo: pagar menos en su factura y ayudar al cuidado del medioambiente. 

Sin embargo en la provincia hay en la actualidad solo unos 100 usuarios generadores -conocidos como “prosumidores” (productores + consumidores)- sobre un universo de más de 435.000 usuarios del servicio eléctrico a través de 11 distribuidoras. 

En la provincia hay hoy solo 100 "prosumidores" sobre un universo de 630.000 potenciales.

El panorama podría (y debería) cambiar radicalmente de cara al futuro, en sintonía con la tendencia en el primer mundo, según el ingeniero Carlos Bertagno, quien desde hace más de cuatro décadas trabaja en temas relacionados a la generación energética. Para el especialista el desafío pasar por la sustentabilidad, esto es, “ver cómo la sociedad y el ser humano pueden producir su propia cuota de energía”, en línea con lo que se plantea en el denominado Acuerdo de París. Bertagno explica que esto abarca diversos aspectos vinculados a lo tecnológico, lo social, lo económico y lo ambiental. 

La primera pata avanza rápido a partir del estímulo del mercado a nuevos desarrollo para mejorar las prestaciones de los paneles y un punto vital: el litio como elemento clave en la generación de sistemas de almacenamiento para que energías instantáneas como la solar puedan acumularse para su uso en el momento necesario.

La autogeneración de energía y la inyección de los excedentes a la red genera un doble impacto positivo en lo económico y lo ambiental.

Sin embargo hoy, al menos en Argentina, es la ecuación económica la más difícil de cerrar, ya que la amortización de los sistemas solares domiciliarios demanda no menos de 15 años. “Los valores que se manejan son todavía importantes”, admite el ingeniero Raúl Faura, gerente técnico de Regulación del Ente Provincial de Regulación Eléctrica (EPRE). “De todos modos han bajado”, asegura, ya que “hace dos años el vatio instalado costaba unos 3 dólares y hoy está en torno a los 2 dólares”, detalla. Esto ha hecho que los tiempos de amortización hayan bajado de 25 años a 15 o menos, siempre dependiendo del consumo que tenga el usuario.

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Respecto a la capacidad de las redes actuales para incorporar esta “energía hogareña”, Faura asegura que el sistema tiene todavía lugar de sobra y que recién cuando la inyección ciudadana supere el 20% del total (es decir, más de 120.000 “prosumidores”) habría que actualizar la tecnología. De todos modos el EPRE ya trabaja en la reglamentación de la normativa legal y avanza hacia las denominadas “redes inteligentes”, que permiten, como su nombre lo indica, un manejo más eficiente del sistema eléctrico “híbrido” entre la energía “tradicional” y la autogenerada.

Además de la modalidad individual, la normativa permite la generación colectiva. “Se incorpora la figura del usuario generador colectivo, esto es, que un conjunto de usuarios puede instalar un sistema de generación solar para todos ellos siguiendo la misma lógica”, detalla el ingeniero del Epre. A esto se suma también al figura del “comercializador”, que permite las transacciones de venta entre prosumidores individuales o colectivos.

El medioambiente como industria

Más allá del valor que implica el uso de energías limpias, la multiplicación de “prosumidores” promovería el desarrollo de toda una industria asociada en la provincia, lo que aportaría a diversificar la matriz productiva, según lo señala el ingeniero Bertagno. El consultor considera que esto implicaría la demanda de mano de obra básica y calificada, innovación, ingeniería, metalmecánica y más. “No tiene sentido salir a comprar todo afuera cuando se puede desarrollar una industria local a partir de las capacidades de Mendoza”, dice, aunque aclara que la apuesta no debería ser a los paneles -“alemanes, estadounidenses y chinos tienen modelos impresionantes”- sino a las estructuras portantes o las baterías, por ejemplo. “Con el litio argentino podemos montar fábricas de baterías”, grafica.

Mientras tanto, con los aspectos técnicos y legales cubiertos, serán los propios usuarios quienes deberán dar impulso a la “revolución renovable” en Mendoza.

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