"Propuse una reducción gradual de la inflación, nada de shocks".

Uno de los economistas heterodoxos más reconocidos del país le aconsejó medidas inmediatas para recuperar la credibilidad en las estadísticas del Indec. También le sugirió impulsar una política de reactivación con un objetivo de inflación. El ministro Boudou le dijo que volverá a llamarlo.
El economista Roberto Frenkel considera que el principal desafío del gobierno es la falta de credibilidad derivada de la manipulación de las estadísticas del Indec. El martes pasado, el investigador del Cedes y director de Iniciativa para la Transparencia Financiera (ITF) se reunió a solas con el ministro de Economía, Amado Boudou. Durante aproximadamente dos horas Frenkel le presentó su visión de la situación económica."La mayor parte del tiempo hablé yo, tratando de hacer sugerencias", comentó, fiel a su estilo, en diálogo con Página/12. Frenkel, uno de los economistas heterodoxos más reconocidos del país, estima que el escenario macroeconómico es "bastante manejable" y le recomendó a Boudou realizar una serie de modificaciones en el relevamiento de precios y el conjunto de estadísticas que elabora el organismo oficial. También le propuso que lleve adelante un plan macroeconómico integral para reactivar la economía. "Cuando terminaba el encuentro le pregunté explícitamente si él creía que iba a poder llevar adelante todo esto y su respuesta fue: lo voy a intentar", apuntó.

–¿Qué cambios en el Indec le aconsejó al ministro Boudou?

–Yo preparé un conjunto de sugerencias directas y rápidas para volver a producir una estadística confiable. Con respecto al IPC le sugerí tomar en el mercado los precios de los productos que componen la canasta de bienes, y no precios acordados o de lista. Como la canasta del nuevo índice es bastante amplia la inflación no debería diferir mucho de lo que reflejan los índices del sector privado en la medida que hay una inflación embutida común. Así se percibiría un cambio. Segundo, que vuelvan a publicar la lista de precios medios de un conjunto de productos importantes como tomate, huevos, leche, aceite, para que la gente pueda ver que el precio al que compra es parecido. En tercer lugar, que se hagan públicas las sustituciones de productos estacionales, que expliquen cómo se hace. Tienen que transparentar.

–¿La forma de recuperar la credibilidad es que los números del Indec coincidan con los de las consultoras privadas?

–No, lo que digo es que desde que el Indec releva una inflación muy inferior aparecieron varios índices con distinta metodología y composición que más o menos dan parecido, no exactamente pero en orden de magnitud similar. No puede existir una diferencia sistemática tan grande en un escenario con una inflación embutida común. Es imposible. Sólo puede ocurrir si no se registran los precios de mercado o se cambian todo el tiempo los bienes. Si sucede eso, deberían especificarlo.

–¿Las sugerencias sólo apuntaron al IPC?

–Le planteé que hay que reabrir el acceso a las bases de la Encuesta Permanente de Hogares: los registros de las respuestas individuales. Así cada uno puede hacer sus propios cálculos de empleo y desempleo. Esto es público en todos lados. También hay que corregir las estimaciones provisionales de los estimadores de actividad económica, industrial e inversión que desde el segundo trimestre están sobreestimados. Boudou me dijo que necesita tres meses pero yo sostuve que tiene que mostrar resultados antes.

–¿Qué gana el Gobierno realizando estos cambios?

–Si bien va a mostrar que la economía entró en recesión, al Gobierno le va a permitir hacer política económica sobre bases reales. La principal víctima de la distorsión estadística es el Gobierno porque es el principal usuario. El ministro coincidió que no es momento de palabras, que hay que actuar. Y lo más importante es volver a producir una estadística confiable como condición necesaria para comenzar a hacer política económica.

–¿Cuál fue la respuesta de Boudou a sus sugerencias?

–Me manifestó repetidas veces que él era la autoridad a cargo del Instituto y que por lo tanto las sugerencias que le hacía podían ser instrumentadas directamente por él.

–Además de las sugerencias para el Indec, ¿le recomendó alguna orientación para la política macroeconómica?

–Si a partir de los cambios se recupera credibilidad, entonces estamos en condiciones de reformular la política macroeconómica. Estaríamos reconociendo que hay una inflación que bajar, por lo tanto el programa debe centrarse en la baja de la inflación. Yo propuse una reducción gradual de la inflación, nada de shocks, mediante el establecimiento de un objetivo de inflación de la política macroeconómica; no una meta de inflación del Banco Central. Ahora la inflación está en el 14 por ciento, según fuentes privadas, y el objetivo debería rondar el 10 por ciento para el año que sigue al lanzamiento del programa macroeconómico.

–¿Por qué hay que poner el eje en controlar la inflación si incluso las distintas estimaciones privadas reconocen que se desaceleró?

–Hay que distinguir una política antiinflacionaria ahora del control de la inflación hace dos años. En ese momento los aumentos de precios estaban presionados por una demanda que estaba sobrecalentada; hoy tenemos una situación de estanflación: inflación con caída de la demanda. Hay inercia inflacionaria, la economía ajusta los precios mirando el pasado y esto ha quedado relativamente autonomizado del nivel de actividad. Se realiza una indexación informal de la economía. Hay que combatir la inflación y reactivar la economía.

–¿Cómo se reactiva la economía?

–La idea es ordenar una política de reactivación con un objetivo de inflación. Es importante llevar adelante una política de ingreso, coordinar la política de precios y salarios, y la cambiaria, con esa meta del Gobierno bajando la inflación. Todo esto tiene que venir acompañado de una programación fiscal que muestre las metas de gasto, de recaudación, consistentes con la hipótesis de actividad e inflación que el Gobierno va a procurar como objetivo. La política de reactivación va a depender de los recursos financieros que tengamos. Primero hay que recuperar la credibilidad y la inversión. Después hay que ver qué se puede hacer con la política fiscal. De hecho, ya hay algunas políticas que contribuyen como el Repro (programa del Ministerio de Trabajo que abona parte del salario de trabajadores de empresas en crisis). Pero estamos muy limitados por la falta de financiamiento.

–¿Coincide con las declaraciones del ministro, que busca volver a los mercados tradicionales de crédito?

–Normalizar los mercados financieros es una idea obvia. No hay ninguna razón para que el país amortice todos los vencimientos. Eso es extraordinariamente exigente. Hoy la situación no es para nada dramática: mantenemos el superávit primario aunque con un pequeño déficit global. Pero hay que recuperar la credibilidad para volver a acceder al financiamiento. El principal obstáculo para no tener un informe normal del FMI es el Indec. Podríamos normalizar la situación con el Fondo y acceder a una línea de crédito flexible sin condicionalidad. Estamos con una mejor situación fiscal, una situación externa relativa espectacular. El problema es que no tenemos acceso a financiamiento y estamos forzados a pagar todos los vencimientos en un contexto donde hace falta política fiscal expansiva y se hace difícil sin financiamiento.

–¿Pero el Fondo sigue recomendando las mismas políticas de ajuste en muchos países?

–En el pasado teníamos déficit de cuenta corriente y fiscal. Y el financiamiento del Fondo era el último recurso. Nada que ver con la situación actual. El Fondo continúa teniendo problemas y recomendando algunas políticas contractivas. Pero el G20, del que somos miembros, designó a ese organismo como principal instrumento financiero para combatir la crisis. El Gobierno lo aceptó. Tenemos una situación que no es apretada con dos problemas: aislamiento completo del financiamiento internacional y una fuga mensual de 2 mil millones de dólares basada exclusivamente en incertidumbre porque tenemos una situación fiscal relativamente manejable. Estas dos características tienen que ver con la incertidumbre que generó el propio Gobierno. Todo es posible: relanzar la política macro, frenar la fuga y recuperar la credibilidad.

–¿El ministro lo va a seguir consultando como a Mario Blejer?

–Cuando me estaba yendo me dijo que quería que nos volviéramos a ver. Eso depende de su disposición a volver a llamarme y de lo que se haga. El ministro no manifestó ninguna polémica sobre ninguno de los puntos. Yo infiero que no hubo discrepancias importantes. Yo le pregunté explícitamente si él creía que iba a poder llevar adelante todo esto y me dijo: "Lo voy a intentar".

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