Propuesta turística para recorrer la historia de Tucumán

Esta necrópolis de estilo francés es la más antigua en Tucumán. Constituye un verdadero Patrimonio Histórico ya que alberga los restos de diferentes personalidades locales.
A sólo diez cuadras de plaza Independencia, y en una zona transitada por miles de tucumanos diariamente, se encuentra, el más antiguo monumento funerario de la ciudad, el Cementerio del Oeste. Si bien sus paredones son conocidos por los transeúntes y por aquellos que visitan el Parque Avellaneda, situado al frente, muchos desconocen el verdadero Patrimonio Histórico que resguardan sus muros.

En este Cementerio, inaugurado en el año 1872, en cuyas tierras fueran donadas por el gobernador José María Silva, se encuentran los restos de las figuras más destacadas de la provincia, gobernadores, industriales azucareros, comerciantes, inmigrantes y artistas destacados. Esta necrópolis, también conocida como el "Cementerio de los ricos", constituye un verdadero viaje hacia el pasado histórico, contando con un importante legado de relatos que enmarcan la vida y la muerte de personajes legendarios de la ciudad.

En su interior descansan los restos de 23 gobernadores entre los que se destacan Próspero Mena, Federico Helguera, Ernesto Padilla, Juan Terán, José Silva, Wenceslao Posse, José Frías Silva y Celestino Gelsi. También se pueden observar los monumentos de diferentes personalidades como la de los médicos Raúl Colombres y Alberto Soldati, Zenón Santillán (intendente), Alfredo Guzmán (industrial azucarero), Benjamín Matienzo (teniente), Lola Mora (Escultora), Brígido Terán ( ), Leocadio Paz (industrial), Alberto García Hamilton (periodista), entre otros.

El predio del Cementerio aloja 2997 tumbas distribuidas en sepulturas, mausoleos, panteones y capillas. Pero lo que más llama la atención de los visitantes es la cantidad de monumentos erigidos en el lugar, que le dan un toque de distinción artística a este paseo por la eternidad. Sobresalen: "Ariel, el caído y la tierra que lo recoge en sus brazas" de Fioravanti, estatua en bronce pedida por el presidente Alvear para el médico Raúl Colombres, la estatua "El dolor" del escultor Francisco Cafferata dedicada a Ignacio Colombres, y la imponente obra a Lucas Córdoba. De esta forma, al caminar por los pasillos del lugar, el recién llegado se convierte en espectador de las expresiones de arte, y a la vez, protagonista de una historia que aún no tiene fin. Es por eso, que en el año 2006, el Cementerio fue declarado Patrimonio Cultural de la provincia.

"Hasta hace unos años, muchos monumentos estaban en total abandono, ahora estamos tratando de rescatarlos revalorizando el legado histórico y arquitectónico del Cementerio", expresó

En consonancia con este objetivo, se implementó un recorrido por el lugar, para que estudiantes de escuelas secundarias de la provincia, aprendan un poco más sobre los personajes históricos de Tucumán. La encargada de este "viaje hacia atrás", Silvia Llave, ofrece una visita guiada donde cuenta los sucesos y anécdotas más interesantes de estos personajes históricos. Así, el visitante conoce a Alberto Correa, topógrafo que realizó el primer mapa de la provincia, a Federico Helguera, dos veces gobernador, quien donaba su sueldo para fundar escuelas; a Wenceslao Posse que revolucionó la actividad azucarera; a Nicanor Posse, deportista que trae la primera avioneta a la provincia, a Zalvigni, coronel de Napoleón Bonaparte y amigo de Belgrano, a Glodomir Hileret, fundador del Ingenio Santa Lucía, donde nació la conocida leyenda del perro familiar, entre otros personajes legendarios.

Historias que se cruzan con la ficción

En el Cementerio circula una gran cantidad de historias extraordinarias que se comparten con los visitantes en el recorrido por los monumentos

La Antígona tucumana

Fortunata García tiene su lugar en la historia de la provincia. Marco Avellaneda, fue un joven político, a los 25 años era ya presidente de la Sala de Representantes de Tucumán en 1833. Luego del asesinato del gobernador Alejandro Heredia, su protector inmediato en 1838, la Legislatura que presidía Avellaneda se pronunció contra Rosas. Tiempo después el bando rosista tomó prisionero a Avellaneda y lo entregó a Oribe, quien dispuso su ejecución, degollándolo y exponiendo su cabeza clavada en una pica en Plaza Independencia en forma de escarmiento por oponerse al rosismo. Sin embargo, aquí es donde aparece Fortunata García, quien roba la cabeza de Avellaneda para darle cristiana sepultura. Los restos de este personaje singular, que nos recuerda a la Antígona de Sófocles, se encuentran en el cementerio, esperando contar su propia historia.

Romeo y Julieta

Esta historia se desarrolla en la provincia cuando estaba gobernada por la familia Aráoz. Dicen que el caudillo le tomó cariño a Javier López, quien tiempo después, tras un largo viaje por Europa, decide derrocar a Aráoz. Así comienza la contienda entre la familia López y Aráoz. Cada encuentro entre de ambas desencadenaba en una verdadera tragedia. El odio vivió entre las partes hasta que, con el paso del tiempo, Javier López y Lucía Aráoz se enamoraron perdidamente y consumaron el matrimonio para terminar con el largo enfrentamiento. Este relato se conoce en el cementerio como la historia de Montesco y Capuleto. Los restos de Lucía, conocida como "la rubia de la patria", yacen en el lugar.

Robin Hood criollo

Bazán Frías fue el Robin Hood de la provincia. Él le robaba a los ricos y se lo entregaba a los pobres. Pero en su travesía, también cometía algunos crímenes, por lo cual era buscado por la policía. Una noche, perseguido por las autoridades policiales, se escondió en el Cementerio. Se dice que en ese momento le aparecieron las almas de los muertos y él les pidió perdón por los crímenes cometidos. Sin embargo, fue baleado por la policía y murió en el lugar. El personal del Cementerio cuenta que la gente sigue acercándose al paredón de calle Mendoza donde murió Frías, para pedirle favores y prenderle una vela, aunque su cuerpo fue trasladado al Cementerio del Norte.

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