UNA PROPUESTA DE TURISMO RURAL El Concejo Deliberante declaró patrimonio histórico la pulpería del paraje La Pastora

En un punto específico del viejo camino a Azul, a unos 35 kilómetros de Tandil, se encuentra el Complejo Pulpería La Pastora, un antiguo edificio recuperado que cuenta con más de cien años y que supo ser, además, un local de ramos generales para los habitantes del pequeño pueblo que lleva el mismo nombre.

En un punto específico del viejo camino a Azul, a unos 35 kilómetros de Tandil, se encuentra el Complejo Pulpería La Pastora, un antiguo edificio recuperado que cuenta con más de cien años y que supo ser, además, un local de ramos generales para los habitantes del pequeño pueblo que lleva el mismo nombre.

El lugar fue inaugurado el 16 de agosto de 2008 y en septiembre se abrieron las puertas al público para ofrecerle una propuesta enmarcada en una tendencia llamada “turismo rural”, en la que la idea es pasar un día de campo, ir a la pileta, andar a caballo, ver los animales que andan sueltos por el predio, entre otras actividades.

Con casi 8 hectáreas de predio, el complejo brinda a todos los que se acerquen, la posibilidad de disfrutar de un almuerzo con un asado al asador, lechón, chivitos, o corderos y una merienda. Por otro lado, el edificio fue recuperado, pero conservando sus paredes, puertas y ventanas originales.

Para llegar hay dos caminos alternativos. Uno es por la ruta que ingresa a la Base Aérea que es 5 kilómetros más cortos, 33 kilómetros en total. Y, por el otro lado, por Ruta Nacional 226 son 38. Por los dos hay tramos de tierra, la diferencia es que, por la primera alternativa hay 9 kilómetros más sin asfalto.

El lugar

Al predio de La Pastora “lo compré hace tres años”, contó su dueño, Rodolfo Mario Ledo, gracias a una de esas comisiones que iba cobrando en forma continua de su actividad comercial (ver aparte).

Cansado de ir los fines de semana a los shopping y lugares siempre “de prestado” de Capital Federal, decidió ponerse a la búsqueda de un lugar que le permitiera ir los sábados y domingos, pero la tarea no fue fácil ya que, los inmuebles que encontraba estaban muy rotos o destruidos, por la zona de Ingeniero Maschwitz, Pilar, lugares en los que hay un cierto contexto rural, “pero nada me gustó”.

Cierto día leyó un aviso en un diario “por causalidad”, como prefiere definirlo, en el que decía que una “ex pulpería, cerca de Tandil” estaba a la venta. Llamó al teléfono que figuraba en la publicidad, le dieron algunos datos de la localización, pidió fotos y, pese a que se veía deteriorado, viajó a la ciudad para ver la construcción personalmente.

Allí se encontró con una edificación cuyas primeras impresiones chocaron contra un lugar “abandonado, totalmente destruido, era un desastre, pasto crecido, los techos caídos”. Había que tener “muy buena imaginación para ver lo distinto”, manifestó mientras esgrimía una sonrisa.

Luego de acomodar una serie de detalles referidos a cuestiones de papeles, finalmente, “el 15 de diciembre de 2005 lo compré”. Al respecto, explicó que, una de las cosas que está en auge, es el turismo rural, “en un pueblo chiquito y totalmente distinto a lo que había visto en mi recorrida de querer comprar algo”.

El proceso de

restauración

“Mi idea siempre fue restaurarlo”, respondió ante la pregunta sobre la conservación de la antigua pulpería en el pequeño poblado de La Pastora. Tal es el caso de las paredes y aberturas que fueron conservadas tal cual estaban cuando adquirió el predio, ubicado en la localidad más pequeña del partido, cuya única estación de ferrocarril “fue demolida en el ’65 ó ‘66”.

Un punto que es importante resaltar es que, en la última sesión del 29 de diciembre, el Concejo Deliberante, por unanimidad, declaró al antiguo edificio monumento y patrimonio histórico de la ciudad.

Retomando con la vieja estructura edilicia, Ledo profundizó sobre las refacciones y dijo que “las paredes y las aberturas son las originales”, por otro lado, los pisos y los techos no, porque “estaban todos podridos. El cielorraso era de pinotea que estaba prácticamente toda podrida, la tirantería también era de esa madera, que estaba muy mal”.

Los pisos, en general, estaban podridos, sobre todo, un sector que era el techo de un sótano, “donde se guardaban las bebidas o se secaban los salamines”. Esa parte fue reparada, incluso, ese sótano “ahora es bodega y el techo es de vidrio. Una cosa que a la gente le gusta mucho, algunos sacan fotos de abajo para arriba”.*

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