Propietarios de Impresín denunciaron abuso de poder de la intendenta

Días atrás, por la ciudad circularon panfletos condenando a Aída Ayala por no haber cumplido su promesa de campaña electoral diciendo que asumiría como diputada provincial y que no sería una "candidata testimonial". Y como en la imprenta Impresín se habrían editado los volantes, "casualmente" esa fuente de trabajo fue cerrada por una aparatosa inspección municipal.
Como ahora la intendenta confirmó las versiones de hace cinco meses, que ya anticipaban que no asumiría su banca, varios sectores aprovecharon para escracharla políticamente.

"Esto fue un abuso de poder muy claro, para castigarnos pero sobre todo para advertir a todos que a Aída Ayala no se la puede criticar, que no se puede hablar mal de ella, aunque se lo haga en términos políticos. Es la misma concepción de la dictadura", denunciaron los propietarios de Impresín, en una conferencia de prensa realizada en la Casa de la Memoria, acompañados de representantes de partidos políticos y organizaciones sociales.

La clausura se ejecutó tomando como excusa que la imprenta no tenía colgada y a la vista la constancia de habilitación del local comercial. "A la habilitación la tenemos, pero tras una refacción edilicia se perdió el papel que estaba colgado. Eso es todo, pero fue suficiente para un operativo desproporcionado en el que hubo patotas y vehículos sin patente", denunciaron Osvaldo Uferer y Hugo Morresi, de Impresín.

Prohibido cuestionar

El operativo se realizó cerca de las 9 de la mañana del viernes. "Me hizo acordar a los allanamientos de la época de la dictadura en esa misma casa, donde ahora estaba mi madre, de 85 años. Fue la misma metodología, donde llegaron inspectores y funcionarios, apoyados por una patota radical, en vehículos sin patente", contó Morresi.

El municipio puso una dedicación muy especial en el procedimiento, del que participaron el coordinador general de los inspectores, la jefa de inspecciones y varios de los agentes municipales a su cargo. Algunos de éstos, según los directivos de la imprenta, admitieron en confidencia que la orden era cerrar el local por el motivo que fuese. Como vieron que la habilitación no estaba colgada a la vista, procedieron a la clausura.

"Es la primera vez en catorce años que nos pasa algo así. Ya hubo inspecciones antes, pero al mostrar los papeles en regla todo quedaba solucionado. Ahora, sin embargo, en lugar de aplicar una multa, procedieron al cierre", explicaron Uferer y Morresi, que no dudaron en considerar que el operativo buscó ser "un mensaje de intimidación, para que todos vean de lo que son capaces con quienes se atrevan a cuestionar a Aída Ayala".

Entre los punteros radicales que desde la calle apoyaban el operativo estaba el personaje conocido como "Tortuga", el mismo que años atrás, en una convención radical de Rosario, exhibió el célebre afiche con la foto de Angel Rozas y la leyenda "Gracias, Dios". Durante todo el día, hubo por lo menos diez personas vigilando la imprenta desde la vereda.

Amenazas de muerte

En paralelo, los responsables de Impresín recibieron amenazas telefónicas de muerte. Ahora, analizan la posibilidad de presentar un recurso de amparo para hacer valer su derecho a trabajar y tener la posibilidad de mantener la fuente de empleo.

En la Casa de Memoria, los imprenteros recibieron el apoyo de organizaciones políticas y sociales y de la agrupación Hijos, ya que se le reconoce a Impresín haber colaborado con ellos en momentos difíciles.

También se expresó en respaldo del emprendimiento la Asociación de Ex Presos Políticos de la Dictadura, que asoció lo ocurrido al origen político de Ayala, que militó en Acción Chaqueña y era una de las figuras mimadas del coronel José Ruiz Palacios, ex mano derecha de Albano Harguindeguy durante el régimen militar iniciado en 1976.

Comentá la nota