En el PJ prometen que rodarán cabezas

En el PJ prometen que rodarán cabezas
Quieren desbancar a las principales autoridades de la Cámara de Diputados bonaerense por las críticas contra Kirchner, Scioli y Balestrini lanzadas durante un encuentro de legisladores en Pinamar. Los antecedentes de la feroz interna de la provincia.
La difusión, esta semana, de un almuerzo de diputados bonaerenses donde se criticó a los popes del PJ desató una feroz guerra interna, que hace prever un verano aún más caliente que la sensación térmica de ayer. La salida del presidente del bloque del Frente para la Victoria, Raúl Pérez, ya tiene fecha y las esquirlas buscan herir también al presidente de la Cámara y anfitrión del encuentro, Horacio González. En la comilona, que se hizo en una casona de Pinamar, 22 de los 37 legisladores oficialistas, después de un opíparo asado, y mientras iban a los postres, se desviaron del temario formal de la reunión (pelea por comisiones y proyectos varios) para criticar que el manejo del partido en manos de Néstor Kirchner "nos lleva a un precipicio", Daniel Scioli "no gobierna" y Alberto Balestrini "es autoritario". En rigor, muchos de los calificativos fueron más duros e hirientes y enseguida llegaron a los oídos de los aludidos, que prometieron "cobrarse" la afrenta. No sólo estaban molestos por las críticas, sino especialmente por la difusión a través de los medios.

Néstor, por caso, cree que el diputado platense Raúl Pérez es el autor de las filtraciones y que, para conseguir que fueran amplificadas por la tapa del archienemigo Clarín, tuvo la interesada ayuda del intendente de Tigre, Sergio Massa. Ya le hizo saber a sus hombres que no puede presidir el bloque del Frente para la Victoria alguien que trabaja para "el enemigo".

Daniel Scioli, que está en Europa, delegó las negociaciones en su hombre de confianza, Alberto Pérez, que estaba visiblemente molesto con el caso. Las dos palabras que más se le escucharon esta semana fueron: "traidores" e "ingratos". No lo nombró, pero acusó en un comunicado de prensa a Massa por la movida.

El tercero de los hombres aludidos, presidente del peronismo bonaerense y titular del Senado, Alberto Balestrini, intentó frenar, hasta la última hora de ayer, que la sangre llegara al río. Trató, a costa de miles de pulsos telefónicos y hectolitros de café y agua mineral, de calmar a los más enojados, que planteaban una reunión urgente de los diputados para hacer caer a Pérez, además de asustar a González. Le ofrecieron para la jugada el apoyo de la mayoría de los intendentes de la tercera sección electoral, de los legisladores de los movimientos sociales, la mayoría de los del interior y de alguno de la primera sección, donde es fuerte el grupo disidente, además de La Plata.

Balestrini, de habitual bajo perfil, ya había sufrido el embate del grupo cuando González, con el apoyo de Massa y el intendente de La Plata, Pablo Bruera, se propuso para presidir el congreso partidario, desoyendo el pedido de Kirchner de ungir a José María Díaz Bancalari. Pero el vicegobernador prefiere esperar. Les dijo a todos que remover ahora a Pérez o a González es "darles pasto a las fieras". Pero en su entorno dicen que está a punto de perder la paciencia. Que tuvo varios cruces con González que pueden, incluso, obstaculizar la gobernabilidad de la provincia. Recuerdan, por ejemplo, la negativa de Balestrini a aumentar el número de legisladores que reclamaba González, o un aumento del presupuesto.

También le achacan una maniobra que le dio la autonomía a Lezama, sin acuerdo previo, entre otras cosas. Y desde el lado de González dicen que Balestrini fue quien mantuvo con puño de hierro la reforma política que impulsaron algunos intendentes, que González, a pedido de Kirchner, modificó. La paz, que en realidad es preparativo para la guerra, se romperá en marzo.

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