Las promesas no se cumplieron y los vecinos temen otro desastre

Las promesas no se cumplieron y los vecinos temen otro desastre
Mañana es el primer aniversario. Se entregaron menos del 20% de las viviendas prometidas. Hay denuncias contra el Gobierno municipal por el uso de los fondos.
A las 9 de la mañana del día 9 de febrero del año 2009, el miedo tomó por asalto el alma de los tartagalenses y se quedó a vivir allí. "Tenemos miedo de que un alud nos castigue de nuevo", le dice a Clarín Isabel, de enormes ojos y frescos 19 años que no se fue a vivir a otro lado "porque los tartagalenses somos así, parece que estamos acostumbrados al sufrimiento y la angustia", dispara desafiante. En realidad, pocas fueron las personas que abandonaron su lugar de nacimiento. Quienes residen en la ribera del río no quieren dejar sus casas. "¿A dónde vamos a ir? Esta casa nos costó el esfuerzo de muchos años. El Gobierno nos hizo una pared al costado, es lo único que recibimos de ayuda. Pero nosotros no nos vamos de aquí", dice Jorge Pecho, que habita la ribera sur del río junto a sus padres. "Con el alud perdí todo", manifiesta.

"No me voy de aquí por más que me den una fortuna. En este terreno nací hace 46 años y vi como mi padre trabajó toda una vida para hacer la casa que tanto esfuerzo nos costó", le dice a Clarín, todavía conmovido, el docente Orlando Carrizo. "Mi casa, de a poco, la estamos arreglando. Me construyeron un baño, una cocina y una galería. Al piso y al techo lo puse yo, de mi bolsillo, y despacito la estamos dejando como la casa que en algún momento fue", afirma.

La semana pasada, al entregar 44 casas, el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey dijo que la inversión en Tartagal es "la importante de la historia" para la ciudad. Sin embargo, hasta aquí se entregaron 130 viviendas, menos del 20% de las 747 que están programadas para beneficiar a un total de 4.100 personas. Los números oficiales dicen que la Nación invirtió en Tartagal 63.542.192,67 de pesos. Nuevas redes de cloacas, agua potable y gas natural se desparraman por la ciudad llevando estos elementos básicos a sectores donde nada había; pavimento de calles, cordones cunetas, alumbrado público, refacciones de escuelas y edificios públicos.

Erich Kayssner es dueño de un raro privilegio: su casa es la primera a la que entró el río aquella mañana, ya que vive unos 150 metros río arriba del puente sobre la avenida Packam, del lado de la ribera sur. "Todos los años el río llegaba hasta unos 20 metros de mi casa, pero el año pasado me la tapó toda con lodo, perdí todo lo que tenía", relata el hombre, dueño de un aserradero. "A mi me salvó la corrupción", y le cuesta decir esto, pero "es la verdad", exclama. "Con el alud proliferaron las empresas de todo tipo, y hubo sobrefacturación (vecinos denunciaron a Clarín que por la construcción de una pieza, un baño y una galería llegaron a facturar 29 mil pesos) y dinero que se perdió en el camino. Una de estas empresas lavó mi casa en 10 días y me la dejó habitable, si no estaría durmiendo en la calle", explica.

Así como el barro quitó cosas a unas 3 mil personas, benefició por otro lado a muchos, y el sector piquetero fue el que más "recaudó". Distintas agrupaciones armaron PYMES de la noche a la mañana y así ganaron licitaciones para construir o limpiar casas, y en muchas de ellas existen problemas de base, con techos que se caen o tanques de agua que se vienen abajo por lo mal construidas que están.

Los vecinos cargan culpas contra el gobierno municipal. El ex asesor del Concejo Deliberante local, Sergio Heredia, presentó ante el fiscal Pablo Cabot una denuncia, a la vez que solicitó la detención del intendente Sergio Leavy por considerarlo el jefe de una asociación ilícita que habría extraído fondos públicos para beneficio personal, según lo manifestó en declaraciones al canal local Video Tar.

La economía de Tartagal se fue acomodando al compás de los subsidios que entregó el Gobierno, que iban desde los mil hasta los 10 mil pesos, según el grado de daños sufrido por cada familia. "Muchos de los que recibieron subsidios invirtieron en autos, o en motos, menos en lo que realmente les hacía falta", denuncia Carlos, vendedor de una agencia de motos ubicada en la esquina Rivadavia y San Martín.

El tartagalense tiene una frase de cabecera: "El alud nos llevó todo, menos la esperanza". Un pueblo sufrido, que conjuga la tragedia con la fe. La plaza central de la ciudad está siendo refaccionada, y esto motivó que el corso fuera trasladado hacia la avenida 20 de Febrero, terminando su recorrido a unos 70 metros del río Tartagal. Hace un año, la zona era un caos de gritos y desolación. Hoy, murgas y comparsas intentan acallar aquellos ecos.

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