Promesas de Alarcón para el agro

La secretaria de Integración Nacional distribuye subsidios y créditos entre sus productores allegados
Los primeros pasos de María del Carmen Alarcón como secretaria de Integración Nacional ya causaron malestar en el campo. Algunos productores, en su mayoría autoconvocados, fueron citados al despacho de la funcionaria para dar a conocer sus problemas concretos. Según pudo saber LA NACION, los productores se fueron de la reunión con Alarcón con la promesa de recibir ayuda directa.

Forrajes y granos para alimentar al ganado, acceso a créditos blandos para financiar la próxima campaña o compensaciones fueron algunas de las ofertas. Esta estrategia trajo a la memoria de muchos representantes del sector agropecuario la arbitraria distribución de maíz que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, hizo en el sur de la provincia de Buenos Aires. Gesto que el ruralismo calificó de "clientelista".

Alarcón, recientemente reconciliada con el kirchnerismo tras enfrentarse hace cinco años con el oficialismo justamente por sus diferencias respecto de la política agropecuaria, dijo que el objetivo de los encuentros con productores es "conocer los problemas del día a día". "El productor viene a decirme cuáles son los asuntos que le resolvieron y nosotros le decimos por qué ventanilla lo tiene que canalizar. Somos un vehículo rápido", especificó.

Sin embargo, hubo quienes dijeron que recibían promesas más generosas que un simple asesoramiento. Por ejemplo, Germán Grande, un productor del Movimiento de Autoconvocados de Irala, partido de Bragado, que ya visitó dos veces el despacho de la flamante secretaria. "Quedé en comprar los rollos y los granos y después tengo que pasarles la factura y ellos se van a hacer cargo", contó. Con esa compra, Grande podría alimentar a las 50 vacas que tiene y que se le están muriendo por falta de pasto.

Pampa Sur, el puente

Grande consiguió entrevistarse personalmente con Alarcón gracias a que tiene la suerte de ser amigo de Fabián Sánchez, un colaborador de Pampa Sur, el sector político de Alarcón. Con la misma invitación fue Roberto Salvay, productor autoconvocado de Junín. Salvay trabaja 80 hectáreas que comparte con su padre. Aunque no está endeudado, no tiene cómo financiar la próxima campaña. "Van a hablar con los gerentes de los bancos" para eliminar las trabas burocráticas, dijo Salvay, que está enojado con las entidades ruralistas, a las que responsabiliza de centrar el reclamo sólo en las retenciones a la soja. "El año pasado daba la vida por la Comisión de Enlace", afirmó.

De todos modos, éste no es el sentir de todo el movimiento de productores autoconvocados. "La única autoridad que reconocemos es la de la Comisión de Enlace", dijo a LA NACION una productora sin filiación gremial de la Cuenca del Salado. Ella también fue citada a la oficina de Alarcón, pero no fue. "No queremos subsidios, queremos que nos dejen trabajar tranquilos -se quejó-. A mí me dijeron: «Concretamente, ¿qué necesitás: rollos, créditos, compensaciones? Cualquier cosa que necesites, no dudes en llamarnos."

Otro autoconvocado de La Pampa, que se negó a participar de la reunión con Alarcón a la que fue invitado la semana pasada, dijo: "Ellos tienen que negociar con la Comisión de Enlace". El hombre, que prefirió no identificarse, está dolido con Alarcón: "Hace 20 días, en una asamblea, nos incitó a seguir dando pelea. Por lo general contactaron a los que eran autoconvocados, pero de Pampa Sur".

Desde 2006, después de haber renunciado a la Comisión de Agricultura, en Diputados, luego del cierre de exportaciones de carne ordenado por el entonces presidente Néstor Kirchner, Alarcón alzó la bandera de la defensa del campo y participó activamente de las protestas contra las retenciones móviles el año pasado. Tras su acercamiento al Gobierno, que trajo reproches tanto de las entidades agropecuarias como de productores autoconvocados, Alarcón tiene que volver a tender lazos con el sector, pero la forma en que lo está ejecutando está dando que hablar.

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