¿Es de un progresista comprar dólares?

Por Marcos Aguinis

Desde el punto de vista legal no es delito comprar dólares, ni siquiera en la Argentina "progresista" de estos años. Tampoco es un delito adquirir tierras en el Sur que no valen casi nada y que poco después, en un abrir y cerrar de ojos, saltan a las nubes. Es asimismo impecable gozar de un enriquecimiento asombroso mientras se ejercen las más altas funciones de gobierno. También es fantástico machacar un discurso antiimperialista mientras se adquiere la moneda de ese imperio, lo cual al imperio le cae muy bien.

Absurdo, lo sabemos.

El absurdo, no obstante, ha sido jerarquizado por Tertuliano como un recurso para creer sin cuestionar. Aceptar tranquiliza. La mente humana tiene límites. Debemos reconocer que ciertos asuntos son indescifrables y entonces corresponde dedicarnos a otra cosa. Aunque sea por el momento. Pero Tertuliano se refería a temas religiosos, y el absurdo que nos lastima no es religioso, sino que invade la dolida cotidianidad de los argentinos. Para ser franco, no me parece justo creer sin cuestionar y hacernos los idiotas mientras se burlan de nosotros.

Porque aquí, me parece, no hay absurdo. No. Hay una flagrante contradicción entre lo que se hace y lo que se predica. Absurdo sería que Néstor Kirchner, esposo de la Presidenta, jefe del Partido Justicialista y autor de las principales decisiones gubernamentales, no estuviera informado sobre aspectos sensibles antes de que ellos sean puestos en conocimiento de la población. Ese señor tiene una ventaja indiscutible. Nadie tiene derecho a impugnar su ventaja, claro, porque está soldada a su posición. Pero él mismo puede ?y debe? someterla a un límite. Todos los seres humanos vivimos restringiéndonos. No existen condenas para muchos actos y muchos actos logran esquivar la condena. Pero la civilización se basa en una suerte de pacto mediante el cual ciertas cosas no se hacen.

Por ejemplo, comprar 2 millones de dólares en un momento de crisis e incertidumbre, aprovechándose de la información que se posee. Constituye un insulto a quienes se dice proteger y defender. Es una confesión de la minúscula confianza que el ex presidente tiene en nuestro país, nuestra moneda y nuestra propia administración. Es un decir a los gritos: "¡Me salvo yo! Y ustedes? ¡que tengan suerte!".

Además, se trata de una suma que ofende a la pobreza que "dicen" (sólo dicen) erradicar: ¡2 millones de dólares! No dos pesos, ni veinte, ni doscientos. ¿Iba a usar esa cifra para una mejor distribución del ingreso? ¿Para castigar al imperio americano? ¿Para fortificar nuestra nación? Claro, 2 millones no es mucho, dirán sus genuflexos. Ni siquiera para este matrimonio presidencial. Pero es una muestra de la convicción que ese matrimonio tiene sobre la escasa inteligencia de los argentinos. Claro que sí. Su fabuloso enriquecimiento no indigna a todos. Y quienes defienden a Néstor y Cristina, ni siquiera querrán tener en cuenta la historia de los 2 millones ni otras historias. Se conformarán con insistir en que actuaron dentro de la legalidad. Total, una mancha más al tigre no hace diferencia.

Por suerte para los K, la Justicia no será rigurosa y es probable que el asunto se olvide, como acostumbramos los argentinos a olvidar, envueltos en abrigadas racionalizaciones. Sin embargo, esto tiene un lado bueno, porque contribuirá a que la Presidenta siga en su sitio hasta finalizar su mandato constitucional en diciembre de 2011. Debe finalizar ahí, no antes, para el bien de nuestras instituciones tan erosionadas. Pero los sumisos de este matrimonio codicioso y falaz deben exigirle que tenga más cuidado. Que no siga realizando actividades destituyentes.

Comentá la nota