La profecía autocumplida, el peor pronóstico

Por Hernán de Goñi

No era un secreto para nadie que el escenario económico del segundo semestre iba a ser más duro que el vivido en la primera mitad del año. La pregunta del millón es si el adelantamiento de las elecciones, una decisión que cosechó un fuerte rechazo en la dirigencia opositora pero que dividió aguas entre analistas y empresarios, puede ayudar a crear un contexto menos crítico.

El primer problema para que los economistas cumplan su tarea, que es proyectar las variables que guían la actividad productiva, es que la repentina jugada del matrimonio Kirchner crea una dinámica económica que promete cambiar día a día. Quienes perciben hoy que el oficialismo tiene chances de salirse con la suya y lograr un respaldo aceptable en los comicios del 28 de junio pueden esperar que después de esa fecha Cristina se decida a avanzar con medidas políticamente incorrectas (un ajuste significativo de la paridad cambiaria o retomar la relación con el FMI, por citar aquellas con las que más se especula) que también sirvan para corregir problemas fiscales o productivos. Pero si el anticipo electoral no logra atravesar la instancia legislativa, o si el kirchnerismo resulta derrotado en las urnas, lo que puede suceder en la economía, lo que vendrá, puede ser mucho más drástico.

Empresarios, ahorristas e inversores están ya están tomando decisiones sobre el escenario que hoy consideran más probable. Si el Gobierno cree que un gesto de audacia política es suficiente para saltear la crisis y no contribuye a crear expectativas racionales, empujará a los agentes económicos a prevenirse para lo peor. Cuando improvisar es la regla, la desconfianza se vuelve ley. De esa profecía es muy difícil volver.

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