La profecía autocumplida

Por: Ricardo Roa

Hay siete organismos que escanean todo el tiempo lo que Botnia hace y ninguno ha encontrado aún pruebas de que contamine, mal les pese a los ambientalistas de Gualeguaychú que anoche fracasaron en su intento de extender el corte a Colón

La monitorea Ecometrix, una agencia que trabaja para el Banco Mundial y redacta su tercer informe desde que la papelera arrancó, hace 14 meses. El primero fue en noviembre del 2007, al toque de que la pastera encendiera motores, y el otro en julio pasado. El seguimiento fue una condición del banco para financiar la planta.

Una ONG solventada por organismos internacionales, Green Cross, vigila en forma independiente si hay cambios en el aire y también entregó ya dos informes. Y la Dirección Nacional de Medio Ambiente del Uruguay montó una red de 35 centros de análisis para controlar en tiempo real mediciones en el agua, tierra y aire. Mandan a procesar a Canadá parte de los datos. Y publicaron ya 13 actas con sus trabajos.

Una porción de esos muestreos está a cargo del Laboratorio Tecnológico del Uruguay, que acordó parámetros y metodologías con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial argentino. Técnicos allá y en nuestra orilla hacen las mismas pruebas, aunque no llegaran a un convenio final para volcar los resultados en una única planilla.

Todo este material puede consultarse en Internet. Lo que sigue sin aparecer por ningún lado son las conclusiones de la facultad de Ciencias Exactas de la UBA, contratada junto a la universidad de La Plata por la secretaría de Medio Ambiente. Que no haya evidencias de contaminación debería ser un gran alivio. Pero los ambientalistas necesitan que la contaminación exista para seguir existiendo.

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