Los próceres nunca mueren

Los próceres nunca mueren
San Martín caía 2-1, como ante Argentinos, y otra vez salvó un punto en el minuto 48. Quinteros, el héroe.
Otra vez, inmortal. Otra vez lo dejaron tirado, sangrando, en el suelo, pero otra vez se paró, blandió su espada, se salvó. Ante Argentinos, una fecha atrás, había sido Ibáñez con un agónico zapatazo en el área grande. Y ayer fue Quinteros, también con un agónico zapatazo en el área grande, los dos gritos en el tercer minuto de descuento. Los dos, para un 2-2. Los dos, para salvar la ropa. Más respeto para los próceres, que nunca mueren. San Martín sufrirá, agonizará, pero jamás le cantan el final.

El local terminó el partido con cuatro delanteros, Vega, Urbano, Ibáñez y Herrera, señal de que en Tucumán manda la urgencia, la necesidad, todo lo contrario de cómo Tigre había empezado el encuentro. El equipo de Cagna, también necesitado, no arrancó como solía hacerlo, atacando, proponiendo, sino que se cuidó, previsor. La iniciativa, así las cosas, fue de San Martín, que pese a La Paglia (flojito) salió con sus habituales armas: orden, toque por abajo, avance paciente. Así llegó, por ejemplo, a poner mano a mano al Leche con Islas, que venció en el primer round pero no en el segundo, cuando festejó Perugini. Era justo, inesperado pero justo, hasta que apareció Luna.

Porque aquí estaríamos hablando solamente de Luna si Quinteros no hubiera aparecido en el final. El Chino metió, a los ocho minutos del 1-0, un zapatazo terrible, y al Santo lo ganó la desesperación. Y lo mismo en el arranque del segundo tiempo: Lazzaro salió del área (al Matador le costaba muchísimo llegar, de frente, con pelota dominada), tiró un muy buen centro y el cabezazo de Luna fue, todavía, mejor. Cagna se encontraba con un 2-1 que no cerraba demasiado, y entonces, claro, lo quiso cerrar: Villegas y Rusculleda adentro, para tener, dominar, seducir definitivamente a la pelota. Para asegurar la primera victoria del Clausura.

Sin embargo, el temor del visitante pudo más. Roldán le respondió con más delanteros, hambre, y el local lo acorraló a Tigre con el mérito de las ganas, la necesidad, lo que urge sí o sí: puntos para gambetear el descenso, la Promoción. Centros, empuje, victorias en las segundas jugadas, y una certeza: San Martín tuvo siempre la paciencia que Tigre tanto erigió, y San Martín supo siempre que los partidos duran hasta el final. Pregúntenle a Vivas, a Argentinos. Pregúntenle a Cagna, al Matador.

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