Una problemática subterránea: el consumo de agua

Un solo dato grafica la magnitud de la problemática: se calcula que una empresa como Curtarsa consume por día de agua la mitad de lo que utiliza la población de la ciudad de Luján. La extracción de las napas no está controlada por ninguna legislación. Y es un riesgo latente de contaminación.
Si la curtiembre tiene carencia en el tratamiento de sus residuos sólidos, el olor en Jáuregui dará la señal. Si sus desechos líquidos son incorrectos, el río Luján será la imagen. Pero hay un riesgo, más silencioso y más duradero, que está relacionado con la actividad de Curtarsa y que no siempre aparece a la hora de las exigencias: la utilización de millones de litros de agua potable subterránea sin ninguna clase de control.

Fernando Momo, doctor en Ciencias Biológicas e investigador docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento, alerta sobre la cuestión. "Lo primero que debemos recordar es que nuestro suministro de agua es a través de agua subterránea, una situación poco común en general. Tenemos la suerte de contar con un acuífero grande, de buen caudal, de muy buena calidad y se usa para suministrar agua potable".

"Hay una gran diferencia entre un acuífero y una fuente de aguas superficiales, como un río o un embalse, donde la tasa de renovación es muy alta. Un acuífero es un sedimento que tiene agua en lugar de aire y su tasa de renovación es bastante lenta. Ese proceso se da entre decenas y cientos de años, más cerca de los cientos", explicó Momo.

- ¿Qué significa, entonces, utilizar agua de napa?

- "Quiere decir que es un recurso interesante desde el punto de vista de la calidad y la cantidad, pero muy delicado. Cualquier acción que ponga en riesgo la calidad del acuífero tiene consecuencias que se prolongan mucho en el tiempo".

En ese contexto, Momo entiende que es prioritario "ver la regulación del uso del agua subterránea. Luján utiliza perforaciones al acuífero Puelchense para suministrar agua potable y muchos usuarios que no tenemos agua corriente usamos el mismo acuífero a nivel individual o familiar. Hay gente que usa el acuífero superior, el Pampeano, que no es de muy buena calidad pero es más accesible desde lo económico".

"Las industrias que en general utilizan gran cantidad de agua, incorporan un problema: la extracción la hacen en un punto único. Todo el volumen, muy grande para el caso de esta empresa que necesita miles de litros por día por cuero, aumenta el riesgo de contaminación".

El especialista indicó que "lo que hace la extracción es bajar el nivel y produce un cono de depresión alrededor del punto donde chupa el agua. Y la velocidad mediante la cual el agua pasa del acuífero superior, de calidad baja, al Puelchense, aumenta cuando aumenta la diferencia de alturas o de presión. Extraigo mucho en un punto y aumento lo que se absorbe del acuífero superior o se infiltra un tipo de agua que no tiene buena calidad".

Momo subrayó que todo lo relacionado con "extracción masiva de agua" debería estar regulado en dos aspectos. Por un lado, la forma de la extracción. "Que la perforación sea de buena calidad y si se puede hacer desde varios pozos, mejor. Eso hizo Brahma en su momento".

El otro aspecto, observar todo lo que pasa alrededor. "Cualquier perforación mal hecha en la zona de influencia del cono de depresión, que puede tener un radio de mil metros, aumenta el riesgo. De modo que se deben controlar todas las perforaciones que existen en los alrededores".

Momo aseguró que "en el caso de Jáuregui, la distancia desde la extracción de la curtiembre involucra a prácticamente todo el pueblo".

- ¿Cómo trabajar en la prevención de ese daño?

- "Uno debería tener constancia de que todas las perforaciones de la zona sean seguras. Suele ocurrir que queden perforaciones en desuso y su encamisado sea defectuoso, lo que aumenta el riesgo de contaminación del acuífero.

"Los problemas son dos. El uso común de un recurso limitado, porque el agua no es infinita. Y lo segundo, el riesgo de disminuir la calidad. En esto la regulación debe ser severa y periódica por parte de las autoridades".

- ¿Qué herramientas tienen las autoridades para controlar en este aspecto?

- "No hay legislación para controlar el uso de la cantidad de agua. Las empresas no pagan por ese costo ambiental y tampoco por el uso de ese recurso. Es un uso a discreción.

Puede haber problemas secundarios, como una baja en el nivel que impida a los hogares conseguir agua y las bombas no den abasto. Son daños colaterales. Pero desde lo estructural, hay que pensar en una regulación global del agua subterránea. Eso no existe en la provincia de Buenos Aires y tampoco en el país. Recién ahora se está tratando de organizar el uso de las aguas superficiales, como los permisos de vuelcos y demás. Pero con respecto al acuífero no hay algo equivalente".

- ¿Cuál es la zona de impacto ante la contaminación de un acuífero?

- "No se sabe demasiado al respecto. En estos tiempos hay gente que está trabajando en ese estudio, justo en este acuífero. Son acuíferos semi confinados. Tienen movimiento de agua horizontal, pero no totalmente libre. Tiene zonas relativamente aisladas de otras, por arcilla o sedimentos menos permeables. En general son problemas locales con radios de no más de un par de kilómetros. Pero en casi ningún lugar del mundo hay disponibilidad de agua como acá y por eso no hay antecedentes. No sabés dónde chequear información. Tenemos 300 mil millones de toneladas de agua sólo en este acuífero. Por eso hay que tratarlo con mucho cuidado".

Momo trazó una diferencia respecto de la contaminación por nutrientes u orgánica. "Lo más probable es que se difunda mucho pero se diluya rápido. Una contaminación por algo más persistente como los metales pesados, será muy local pero durará mucho y será más peligrosa".

- ¿Cómo supo de la problemática de Jáuregui?

- "Me enteré del tema de Jáuregui hace muchos años, por intermedio de un vecino que mandó a realizar análisis. Ahí aparecían metales pesados en el agua de consumo. Y los estudios posteriores son un problema, porque son todos sospechosos, pero nunca concluyentes. Eso ocurre porque los niveles de metales pesados son muy bajitos y las técnicas para detectarlo son muy sofisticadas. Y tienen mucho margen de error".

"Por eso –explicó Momo- nunca vi evidencia contundente que exista contaminación por metales pesados en el agua de beber. Y cada perforación es una historia distinta.

"De todos modos, vi datos que dan que pensar que podría haber algún problema con metales pesados. O por lo menos un riesgo. Y son cosas muy lentas de revertir. Por eso la lucha que se dio en Jáuregui por el tema del agua corriente fue importantísima como hecho para protección de la salud de la gente".

- El inicio de la organización vecinal se dio, justamente, por el reclamo de una red de agua potable.

"Sí. Cuando se analizó el sitio de extracción para los pozos de Jáuregui los análisis dieron muy bien. Y el consejo fue tener perforaciones alternativas, de modo que si uno detecta algún posible riesgo puede hacer un by pass.

"Eso es importante, porque si seguís sacando siempre del mismo lugar, el riesgo aumenta. Hoy podés analizar y obtener buenos resultados, pero si sacás como para una ciudad o una industria, el riesgo irá en aumento porque absorbés hacia un punto, generando un flujo. Si podés rotarlo, mejor. Y las industrias deberían hacer lo mismo. "Esa es la razón para que industrias cerveceras o de alimentos compren campos para tener perforaciones alternativas. Además, en la curtiembre no se necesita alta calidad de recursos, sino cantidad".

Momo recordó que en el año 2000 se hizo desde la UNLu un estudio de base, "adelantado para su momento. Y de ahí surgió una ordenanza de regulación de los perforistas. Es una norma adelantada para el país y, hasta donde conozco, también internacionalmente. Se regula la extracción particular del recurso. Lo que no hay es una ordenanza o ley para regular la extracción de las industrias. Los obligan a ciertos recaudos pero no hay control del manejo". "Una cosa es decir ‘usted no puede tirar más de tanto cromo en el efluente o no puede sacar más de tanta agua por día’. Ésa es una restricción y te sirve para ponerle una multa. Pero no se refiere al manejo: no es algo que a largo plazo determine cómo se usa el recurso. Es un problema que afecta a un montón de recursos, no sólo al agua. Y hay mucho por hacer desde la ejecución más que desde la legislación", detalló el doctor en Ciencias Biológicas. Muy gráfico, expresó: "Leyes hay como para hacer dulce. De hecho, algunas se contradicen y nadie tiene claro quién aplica qué".

Investigación periodística: Nicolás Grande – Horacio Papaleo.

Consumo comparado

- Una familia tipo consume entre 500 y 1.000 litros de agua por día. "Se calculan 1.000 litros para no errar, pero se suele utilizar menos. Son unos 200 litros por persona por día", reveló Momo.

- Una población de 100.000 habitantes consumiría unos 20 millones de litros por día.

- El acuífero puede dar 90.000 litros por hora.

- La curtiembre consume entre 700 y 1.000 litros por cuero, con una producción estimada de 6.500 cueros por día. En trazo grueso, se estima que el consumo equivale a la mitad de lo que utiliza la población urbana de Luján. "El acuífero lo dará, porque tiene capacidad para eso y mucho más. El problema es la consecuencia", dijo Momo.

Preocupación lejos de Jáuregui

A escasos metros de la ruta 192 y lindante con el basural municipal, la firma Curtarsa tiene cavas de depósito de sus barros industriales.

Momo contó que "hay datos sobre aumento de salinidad en las perforaciones domiciliarias. Y recuerdo que hace dos años, fomentistas del barrio San Pedro estaban preocupados por ese tema".

¿Qué datos transmiten sospecha? "El barro de las cavas tiene una gran cantidad de sal. Y eso es lo primero que difunde y no queda en los sedimentos. Al irse con el agua, si aumenta la salinidad hay sospecha de que se está colando agua de esos sedimentos a los acuíferos. Y no vendría del basural porque el 95% de sus desechos se verán en el río, no en el acuífero", dijo el investigador.

Momo subrayó que "la empresa, cuando puso las cavas, analizó la permeabilidad de los sedimentos y aseguraba que no permeaba nada. Pero cuando se veían las cifras o las cuentas, no es que no pasaba nada, sino que pasaba despacito. Y en diez o veinte años se podía notar. Habría que parar la oreja y controlar".

"En mi opinión, esos barros no tendrían que estar en esas cavas. Es un residuo peligroso y como tal debe estar en un sitio para ello. La empresa siempre dijo que era un almacenamiento temporario y lo dicen porque la ley les impide hacer ahí un almacenamiento definitivo. Hay tratamientos posibles, pero implican gasto de plata", dijo el docente consultado por este medio.

- ¿Es una opción válida colocar esos barros en hornos de ladrillos?

- "Yo no compraría esos ladrillos. Uno puede disponer un residuo con metales pesados en lo denominado una matriz sólida. Pero hay que asegurar la inmovilidad del metal. Hay que asegurar que el tóxico no se lave ni salga de ese espacio. Y se lo trata para lograr esa inmovilidad, es un proceso muy caro. Si la disposición final es en bloque o se hace un tratamiento con un horno, no se logra una solución. No se pueden vender ladrillos con esos barros porque uno lo pone en su casa y cuando salta humedad en la pared está rodeado de metal pesado".

"Un horno le bajaría el volumen de barros a la curtiembre, pero los concentra. Eso genera problemas como la generación de residuos sulfurosos con materia orgánica. Por eso el tema del olor. Tecnología para trabajar estos residuos hay mucha, pero es cara. Y nadie se hace cargo", dijo Momo.

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