El problema de los Kirchner va más allá de Redrado

Por: Fernando Laborda.

A estas alturas es seguro que Martín Redrado está pensando en una salida que lo deje a resguardo de los continuos ataques de esa máquina de picar carne que es el gobierno kirchnerista, mucho más que en cumplir su sueño prácticamente imposible de llegar a septiembre y convertirse en el primer presidente del Banco Central que cumpla un período completo desde 1945.

El titular del BCRA, independientemente de los vaivenes que deparó en la Justicia su intento de remoción, siempre sostuvo que la cuestión debía resolverse políticamente, con la intervención del Congreso. Pero desde el miércoles pasado su situación se ha tornado endeble. Ese día legisladores del radicalismo admitieron que Redrado podía ser la moneda de cambio en una negociación con el oficialismo y señalaron que su presencia al frente de la entidad monetaria era insostenible .

Algunos dirigentes de la UCR fueron más allá y aseguraron que podían defender la institucionalidad, pero jamás a un hombre que nunca dijo nada sobre la manipulación de las estadísticas sobre inflación por el Indec ni alzó su voz cuando el G obierno removió al titular de la Comisión Nacional de Valores.

A Redrado le preocupa que no se deteriore su buena imagen en el mundo financiero internacional. Tal vez por eso no faltan entre sus allegados quienes estiman que, más temprano que tarde, dará el paso al costado por el que tanto ruega el kirchnerismo, aun cuando en la Justicia habría todavía un largo proceso por delante.

La última frase del presidente del BCRA e_SEnD Ellos creen que me matan, yo creo que se suicidan e_SEnD sonó como parte de la ceremonia del adiós.

Pero le deja un mensaje más profundo al Gobierno. Los problemas distan de terminarse con el eventual alejamiento de Redrado.

Es que el decreto 2010/09, por el cual la presidenta Cristina Kirchner creó el Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad también parece herido de muerte. Al firmarlo, la primera mandataria dejó sentado que las reservas del BCRA no son de esta entidad, sino del Tesoro nacional, y que éste puede emplearlas para pagar deudas públicas. Poco después, distintos dirigentes y funcionarios del oficialismo dieron a entender que las mismas reservas podían tener incluso otros fines y sostuvieron que el presidente del BCRA no podía tener nunca más poder que la titular del Poder Ejecutivo. No hicieron así otra cosa que nutrir de argumentos a los llamados fondos buitre para poder embargar las reservas depositadas en el exterior.

En lugar de hacerse cargo de sus propios errores, el Gobierno buscó chivos expiatorios y lanzó una de sus acostumbradas denuncias sobre conspiraciones que no existen. A la cabeza del complot, ubicó al vicepresidente Julio Cobos.

El primer susto llegó a comienzos de esta semana, con la decisión del juez norteamericano Thomas Griesa de trabar una cuenta del BCRA de 1.700.000 dólares. El monto resultó exiguo, pero el mensaje a las autoridades argentinas y a los mercados no fue menor. Tras el acuerdo alcanzado anteayer en Nueva York, Redrado y Amado Boudou participaron de una patética competencia por salir primeros en la TV para anunciar el levantamiento del embargo.

Representantes de la UCR en el Congreso le ofrecieron al oficialismo la posibilidad de una negociación, que pasaba por apoyar la salida de Redrado a cambio de que el Poder Ejecutivo convocase a sesiones extraordinarias a la brevedad y habilitara el debate de un proyecto alternativo que salvara el objetivo original del Fondo del Bicentenario: otorgarles garantías ciertas a los acreedores para asegurar el éxito del canje de deuda.

Pero la palabra negociar no figura en el mapa genético de los Kirchner. Al menos ésa fue la conclusión a la que arribaron los legisladores del oficialismo que le transmitieron la propuesta radical a la primera mandataria.

Ninguno descarta completamente que se abra una vía para acordar una iniciativa legislativa que ofrezca más certidumbre que el polémico decreto 2010, antes de que éste corra la misma suerte que la fatídica resolución 125, que rebeló al campo dos años atrás. Pero todavía no ha llegado ese momento.

¿Cuál podría ser una alternativa al decreto 2010 que preserve al país de posibles embargos de las reservas del BCRA?

Una propuesta en la que trabajan economistas del radicalismo propicia que el Fondo del Bicentenario para garantizar el pago de las obligaciones del Estado se constituya no con reservas, sino con las utilidades obtenidas por el BCRA, derivadas de las diferencias de cotización de los títulos públicos en cartera, de las diferencias de cambio y de las ganancias por operaciones de futuro. Durante 2009, todo eso derivó en un aumento patrimonial del banco equivalente a algo más de 5000 millones de dólares.

La materialización de esta propuesta sólo requeriría una decisión del directorio del Banco Central, que le permitiría al Tesoro disponer de los recursos que garanticen los pagos de la deuda.

Otro economista, como el ex presidente del BCRA Rodolfo Rossi, sostiene que el proyectado Fondo del Bicentenario podría conformarse con las utilidades de la entidad, que estima en unos 2500 millones de dólares e_SEnDdescuenta la revalorización de títulos públicos, por no considerarla una ganancia hasta que no se efectivicee_SEnD, más 2676 millones de dólares de aumento de adelantos transitorios que el BCRA podría hacerle al Estado, teniendo en cuenta que por la Carta Orgánica, el banco puede otorgarle hasta el 10 por ciento de los ingresos fiscales de los últimos 12 meses.

Las dudas surgen cuando se advierte que el gobierno kirchnerista, en realidad, no está preocupado por darles garantías a los acreedores, sino por el financiamiento del aumento del gasto público. Y no pocos analistas económicos sostienen que, aun cuando el Estado reciba los proyectados 6569 millones de dólares de reservas, existiría una necesidad de financiamiento adicional.

En cualquier caso, la solución a este entuerto devenido en crisis institucional sólo puede ser política. La negativa oficial a convocar a sesiones extraordinarias del Congreso es un punto débil del oficialismo que hasta dirigentes del oficialismo advierten. Si la propia Presidenta se mostró el 9 de Julio convencida de la necesidad de un diálogo político y social amplio, ¿cómo podrá justificar ahora que el Poder Legislativo no sea llamado para tratar un tema fundamental en el que la Constitución le otorga facultades como el arreglo del pago de la deuda interior y exterior de la Nación?

Es sólo una contradicción más de Cristina Kirchner. Como cuando en junio de 2002, siendo senadora por Santa Cruz, pidió al gobierno de Eduardo Duhalde y al BCRA que se abstuvieran de utilizar reservas para pagarles a organismos internacionales. En ese texto, definía al Banco Central como un "organismo descentralizado con total independencia de toda subordinación al Poder Ejecutivo".

Curiosamente, ese mismo mes, se producía la renuncia de Mario Blejer a la presidencia del BCRA. En el texto de su dimisión, señalaba que la autonomía de esa entidad "hace a la esencia misma de la autoridad monetaria", que se debía "fortalecer la independencia de la institución" y no "someterla a presiones interesadas". No es casual que la eventual designación de Blejer sea hoy motivo de discusión en el matrimonio presidencial, aunque hasta estas horas sigue siendo el principal candidato a reemplazar a Redrado.

Comentá la nota