El problema en el Estado no es gastar poco, sino usar bien la plata

Si no usar el presupuesto que se tiene es signo de ineficiencia y fue una de las razones por las que el Gobierno despidió a Romina Picolotti, más de un funcionario ya debería estar armando sus valijas. Por lo opuesto, habría otro con vida eterna asegurada: el ministro de Planificación.

A la ex secretaria de Medio Ambiente se le reprocha, entre otras cosas, que este año sólo hubiese gastado el 42% de los fondos que se le asignaron, lo cual equivale a decir que trabajó poco. Pero si es por eso, las mismas planillas del Ministerio de Economía que ahora se ventilan revelan que en 2007 Picolotti había utilizado el 43% de su presupuesto: para el caso, ya entonces era comprobable su falta de eficacia.

Por la misma ruta se llega a Beatriz Nofal, la directora de la agencia estatal de inversiones. Tiene una partida de 143 millones de pesos y apenas usó 8 millones, casi todo en sueldos. Eso no representa ni de cerca el 42% de Picolotti: es, simplemente, 5,6%. ¿Le habrá tocado la hora, cuando además se sabe que no es santo de la devoción de la flamante ministra de la Producción, Débora Giorgi?

Igual que la ex secretaria de Medio Ambiente, Nofal fue aupada al Gobierno por Alberto Fernández, caído definitivamente en desgracia en el regulado ambiente K. A propósito del ex jefe de Gabinete: ¿se le estará haciendo pagar, también, su acercamiento a ciertos sectores del peronismo no kirchnerista o el diálogo que mantiene con algunos de ellos?

Por lo demás, lo que le cabe a Picolotti y a Nofal también le cuadra al encargado del fomento de las pequeñas y medianas empresas en el Ministerio de Economía. Tan sólo empleó 17 millones de los 235 millones que se le asignaron, o sea, un modestísimo 7,2%.

Es posible asimilar el uso de los recursos al desempeño de los funcionarios, así como gastarse todo y más no equivale a eficiencia, ni menos representa una virtud.

A menudo, el juego de cada uno depende de que haya un espacio de intercambio, de la cercanía al poder o de la existencia misma de políticas. Y eso es mucho más notorio en sistemas ultraverticalistas, cuando no hay interlocutores intermedios validados y es posible aproximarse al núcleo de las decisiones sólo si lo convocan. Unos cuantos ex ministros kirchneristas podrían dar fe, si se atreviesen.

En un gobierno que sistemáticamente pondera a las pymes como fuentes vitales de empleo y ahora las incluye en los últimos anuncios, resulta contradictorio que apenas se hayan gastados 17 millones en el fomento del sector. O faltaron planes de verdad o los fondos fueron variable de ajuste fiscal: la plata estaba en el Presupuesto de 2008.

Cualquiera de todas estas explicaciones, así como que se le preste poca atención, valen también para el caso de Nofal. Se supone que la agencia fue creada, y eligieron una especialista, para buscar oportunidades de inversión en un país donde escasean. Otra vez, ausencia de políticas. A menos que se pretenda que el polémico blanqueo de capitales es una política.

Pero si hay un lugar donde la plata corre mucho y se gasta mucho, ese es el Ministerio de Planificación. Julio De Vido arrancó el año con un presupuesto de $ 23.236 millones: ahora dispone de $ 35.181 millones, un 50% más. Ninguna novedad, al fin, pues lo mismo sucedió en 2007 y casi todo el tiempo en la era kirchnerista.

Un caso idéntico, aunque de menor cuantía relativa, es la ONCCA de Ricardo Echegaray, otro pingüino de la primera hora. La oficina encargada de distribuir fondos a empresas agroindustriales para subsidiar alimentos básicos empezó con casi $ 1.000 millones, pero ya acumuló una cartera de $ 3.813 millones.

Jugadores de un mismo equipo, De Vido y Echegaray son siempre favoritos en los decretos de necesidad y urgencia presidenciales y los superpoderes. Eso está claro. Más controvertida resulta, en cambio, la manera como usan los fondos públicos o la capacidad de gestión que se le cuestiona a otros.

En el propio espacio de De Vido hay 794 millones para la integración energética del norte del país, se supone un lugar necesitado de inversiones, pero ni siquiera se llegaron a gastar 70 millones. Y de los 588 millones del plan "Más escuelas", empleó 388 millones: nada menos que para eso hay una montaña de dinero sin utilizar.

En cambio, circula como tren bala en obras de Vialidad Nacional para Santa Cruz. Inicialmente, la provincia de los Kirchner tenía contemplados 245 millones: De Vido ya puso allí 795 millones, siete veces más que en Tucumán, más incluso que en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba sumadas. Pertenecer da privilegios, pero tanto gasto junto en un solo lugar despierta sospechas: puede haber mucha inversión y, además, bien paga.

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