Privatistas o estatistas, una polémica que desnudó el vacío de ideas

Privatistas o estatistas, una polémica que desnudó el vacío de ideas
El afán privatizador de Macri le vino como anillo al dedo a los K para pegar a Unión-PRO con los 90. Como si nada, De Narváez pasó de apoyar a Mauricio a asemejarse a Solanas. Carrió no quiso quedarse fuera de la pelea y las encuestas.
A poco más de 24 horas de la veda electoral, la campaña parece cerrarse como comenzó: llena de eslóganes y vacía de ideas. Se levantan apuestas sobre el apocalipsis sí o apocalipsis no apenas despunte el 29, se hacen chistes en y sobre Gran Cuñado, se habla de política como de un River-Boca y, lo que es peor, sobran los problemas de vestuario y algunos se cambian de camiseta. Lo único que pareció cortarse de esta lógica fue la polémica, que no es lo mismo que debate, sobre el rol que debe tener el Estado. Aunque, al ritmo del rating, terminó en mero fuego de artificio que puso de un lado del ring a los privatistas y del otro, a los estatistas.

El debate de los principales candidatos por la Ciudad: Michetti, Heller, Solanas y Prat Gay, parecía, en la previa, un escape a la vacuidad de los cruces que se habían dado hasta el momento. Sin embargo, murió en algunas chispas. El fuego lo prendió Mauricio Macri un día después. El jefe de Gobierno porteño se colgó el cartel de "figura estelar" de la contienda cuando confesó, sin querer queriendo, que si fuera electo Presidente -en el 2011, obvio- privatizaría Aerolíneas Argentinas, las jubilaciones y hasta AySA.

Con esas declaraciones, Mauricio, que es Macri, le puso el babero al kirchnerismo, que durante toda la campaña comió pegando a Unión-PRO con el menemismo, el neoliberalismo, los '90 o, simplemente, el pasado. La cucarda varió según el funcionario o candidato que estuviera detrás del atril.

"Quieren volver al neoliberalismo de los '90", gritó Néstor en cada rincón del conurbano. Y ahí, en la pantalla del televisor de los hogares con acceso a la televisión con cable, Mauricio parecía darle la razón. "A confesión de parte, relevo de pruebas", se limitó a decir, entonces, el líder del PJ.

No es difícil imaginar a Gabriela Michetti y a Francisco De Narváez tomándose la cabeza en ese mismo momento. "¡Cómo va a decir eso!", habrán pensado.

Sincericidio en estado puro, las declaraciones de Macri lograron lo que ni el propio Kirchner había podido conseguir: los gobernadores -buena parte de ellos, peronistas- rompieron su silencio y salieron al cruce del hijo de Franco. Eso sí: que no se lea como un apoyo a Kirchner, al que no se le arrimaron ni para una foto proselista.

Sin embargo, y a pesar de los reclamos de los gremios aeronáuticos, De Narváez salió a darle apoyo a su socio. "Estoy totalmente en concordancia con lo que dijo Mauricio de que la reestatización de Aerolíneas Argentinas es un enorme error. La concepción de estatizar que tiene el kirchnerismo esconde el objetivo de beneficiar siempre a los amigos del poder", sostuvo.

Hasta Carlos Heller, que tuvo un poco más de voz que Felipe Solá en la recta final, tuvo la chance de hacer leña de Macri: "Quiere privatizar todo, no sólo Aerolíneas, las AFJP, su proyecto es volver a los '90. Con Macri nos vamos a alejar de América del Sur y vamos a mirar a Estados Unidos", aseguró.

El Acuerdo Cívico y Social, con Elisa Carrió a la cabeza, se dio cuenta que estaba fuera de discusión y denunció "un pacto oculto" entre los dos PJ. "El 28 es lo mismo votar a De Narváez o a Kirchner", aseguró Gerardo Morales. Privatistas o estatistas, todos se juntan el 29, fue el grito panradical para evitar seguir cayendo en las sospechadas encuestas.

Para la fuerza que tiene a Prat Gay y Stolbizer como principales candidatos en Ciudad y Provincia, la intención del oficialismo y el PROperonismo era, es confrontar entre sí -colgándose del Estado- para polarizar la elección entre los dos justicialismos. Y casi que lo lograron, no dicen los panradicales, si no fuera por la creciente predicamento de Pino Solanas en Capital, que amenaza con dejar a Carrió sin banca en Diputados.

Mientras tanto, el sincericidio de Macri podría ser aceptable -compartible o no, eso es otra cosa- si no fuera por el volantazo de último momento que dio De Narváez. Este miércoles, el candidato PRO de la Provincia se vistió de estatista, dijo que su modelo político es el de Lula Da Silva y disparó: "Habría que estatizar las empresas que brindar servicios públicos: YPF, Edenor, Edesur y Metrogas".

El vuelco de De Narváez provocó estupor y risas. Elisa Carrió dijo: "Hoy nació otro Chávez que quiere estatizar todo". Y pidió que "la Nación entera reflexione si queremos ser un país como el Chile de (Michelle) Bachelet, el Uruguay del Frente Amplio, Brasil de Lula o la Venezuela de Chávez".

Daniel Scioli apeló a la famosa promesa menemista, devenida chicana kirchnerista: "Sólo falta que prometan un salariazo -dijo-. Como se dan cuenta el rechazo que tuvo la ola privatizadora que estaban impulsando, ahora salen a decir que hay que estatizar todo. Son manotazos, es 'a ver cómo quedamos mejor''"

En medio de los desbandes de sus compañeros quedó Gabriela Michetti, quien -sonrisa en cara, cuándo no- dijo estar "sorprendida": "Esa discusión no es central, se ha puesto como un tema central de la campaña el tema de privatización y estatización, además ligando esto con los modelos liberales de los '90 versus el kirchnerismo", advirtió.

Ni estatista, ni privatista, tan solo gabrielista, Michetti cintureó la polémica y dijo que, a su entender, "es una discusión fantasiosa y superficial que fuerza las cosas". ¿Habrá reparado, Michetti, en que fue su ex jefe quien echó leña a esa polémica?

A menos de 48 horas de la veda electoral, la discusión es la misma que hace meses. Un modelo, otro modelo, el apocalipsis sí, el apocalipsis now y ninguna plataforma más allá de las que utilizan, día a día, para saltar al vacío de sus discursos.

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